El Serengueti y los elefantes

 

        Un buen amigo, visitante de este blog, ha puesto sobre el tapete la forma práctica y personal de salir de dudas sobre el dichoso azar y la formación de las firmas de "Simón" en el Nuevo Testamento (NT). Él aportó lo que recordaba. Lo mismo voy a hacer yo. Y si alguien encuentra que estoy equivocado y me corrige, aceptaré gustoso mi equívoco y me pasaré a lo que me demuestren que es correcto, abjurando de mis errores.

        Tomemos las cinco primeras líneas de un Evangelio, por ejemplo de Mateo 3, que tiene firmas por versículo que arrancan precisamente en Mateo 3,1. Debe haber una S o bien una N en la primera línea. Y una vocal adecuada en la segunda. Y una letra M en la tercera, etc. ¿Ocurrirá así? Hay dos formas de comprobarlo: En la práctica o con la teoría de probabilidades. O con ambas.

        Probabilidad de que en un lugar aleatorio de un texto del NT aparezca una letra dada. Desde luego que en ese lugar hay una letra. ¿Cuál? ¿La que tenga más probabilidades? No forzosamente. ¿Lloverá el día 15 de Febrero? Es más fácil que sí lo haga que lo contrario, en Pamplona. Pero no puede asegurarse. Probabilidad es casos favorables dividido entre casos posibles y nunca puede ser mayor que uno.

        Con la hipótesis de mi amigo, las 25 letras de un alfabeto todas igualmente frecuentes, la probabilidad de una será 1/25. Como puede estar en cualquiera de seis columnas, habrá que multiplicar por seis y dará 6/25 = 0´24

Como la letra S se puede formar con 3 letras, la probabilidad de cualquiera de las tres será tres veces la de una, esto es, S = 0´72.

Probabilidad de la I: 6x 1/25. I = 0,24.

Como hay dos letras que dan el sonido I, la probabilidad de cualquiera de las dos será el doble.

Probabilidad de ambas, la suma: I = 0,48.

Lo mismo vale par la O, que se puede encontrar como letra O o como letra Omega. Luego: O = 0,48.

Para la N: probabilidad, 1/15 por 6. N = 0,24.

Y ahora queda la M. Su probabilidad es 6/25. M = 0´24.

Una estimación que no es la solución correcta sería la que sigue.

Si la letra M decimos que corremos las demás de forma que la encontremos, probabilidad de la M = 1.

Luego la probabilidad de hallar SIMON sería, en esta hipótesis, colocando la casilla de modo que contenga una letra M,

0´72 x 0,48 x 1 x 0,48 x 0,24 = 0,0398,

que podríamos redondear, siempre en contra, al 4%.

Esta sería la probabilidad de hallar una firma que pusiera SIMON, al derecho, en los 5 versículos primeros del capítulo primero de un Evangelio, en la hipótesis mencionada. Hay que sumarle la probabilidad de que ponga NOMIS, que es lo mismo a efectos de firma hallada. De modo que la probabilidad sería, en estos supuestos, del 8%.

Esto querría decir, que si tomamos la línea primera - para ver si hay una firma en las cinco primeros versículos - y luego la sexta, para los cinco siguientes, y luego la décimo primera, y luego la décimo sexta, y luego la vigésimo primera y así 100 líneas, encontraríamos una firma identificable como de SIMON hija del azar en ocho casos. En los otros 92 casos no aparecerá firma en el grupo de cinco líneas analizado.

Pero éste no es el método correcto, porque en la tercera línea puede haber más de una letra M. Y cada una de ellas ofrece posibilidades de que le acompañen las adecuadas para formar una firma al derecho o al revés. De manera que habrá que mover esa casilla, con sus probabilidades, igual que la movió Eusebio para colocar sus firmas. ¿A qué profundidad coloca Eusebio, o el azar, las firmas? Para poder hallar eso estoy aportando capítulos enteros de firmas de Simón. Habrá que tomar el mayor número de firmas que se pueda y hacer una estadística de a qué profundidad está la letra M en las firmas de rejilla de 6 columnas. En los artículos de la serie "Buscando firmas" hay ya una considerable cantidad de firmas de SIMON del tipo de las 6 columnas. Algo se podrá hacer ... ¿Cuántas letras M aparecerán en una línea de esa profundidad? ¿Desde el inicio del versículo o desde el final? Hay que averiguarlo.

Un detalle importante, los números que se han barajado en el ejemplo original de mi amigo son irreales, todas las letras en griego no son igual de probables o frecuentes. ¿Cómo aproximarse tanto como se quiera a la solución? Cómprese uno un Nuevo Testamento Trilingüe. Cójanse N capítulos de Mateo, que sean centrales. Otros tantos de Marcos y de Lucas y de Juan y con santa paciencia obténgase la frecuencia de cada letra, haciendo palotes en una cuadrícula con las 24 letras del alfabeto griego que están en el libro, página 58, clave alfa-numérica, o en cualquier diccionario de Griego. Cuantos más capítulos se desmiguen, más preciso será el cálculo posterior. Y a sustituir las probabilidades iguales de la fórmula esbozada con las probabilidades de aparición de las letras que entran en Simón.

Yo mantengo que hallar probabilidades de firmas al azar en el conjunto de miles de versículos del NT es algo menos directo, porque lo que se han descubierto no son firmas al azar, sino una firma en los cinco primeros versículos de Mateo X. Luego otra en los cinco versículos que van del 6 al 10, luego otra a continuación del 11 al 15, etc.

Ah!, nos falta hablar de la probabilidad de la firma de la fórmula 1-2-n-2-1. Pero eso queda para otro día.

No se olvide que hay que buscar la probabilidad de una cadena de firmas, que es lo descubierto. No otra cosa. Que nadie trate de demostrar que Simón es hijo del azar diciéndome que en un radio de 100 kilómetros la probabilidad de encontrar un elefante en el Serengueti es enorme. Que no cuela.

Fernando Conde Torrens es autor de "Simón, opera magna", "El Grupo de Jerusalén", "La Salud" y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En www.sofiaoriginals.com expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano.