Ser feliz

            

            Estos artículos tienen como objetivo definir el Camino. Los escribí para algún suplemento o revista. El caminante puede descubrir en ellos la prehistoria de las reglas, su período de gestación, cuáles fueron las primeras. La comprensión total de lo que aquí se dice se da cuando uno ha adelantado bastante en el Camino.

            Es un hecho que todos deseamos ser felices. Y es también un hecho que las más de las veces no somos felices. Las causas de este desajuste pueden ser dos: O bien es imposible alcanzar la Felicidad de modo permanente o bien el problema consiste en que no acertamos con el camino. La experiencia de lograr la Felicidad en ocasiones parece indicar que la realidad se orienta hacia la causa segunda: Desconocemos el camino hacia la Felicidad. Y cuando nos topamos con ella somos incapaces de averiguar qué hemos hecho para lograr tan afortunado encuentro.

            Pues bien, nuestro osado intento a lo largo de los doce artículos que siguen va a ser analizar en qué consiste la Felicidad y resaltar las condiciones bajo las que se produce el encuentro. Mantenemos que la Felicidad permanente es humanamente alcanzable. Basta con reunir ciertas condiciones. Estas condiciones no son objetivamente difíciles. Estas condiciones afectan al aspirante a la Felicidad. Son condiciones subjetivas. Y, por ello, alcanzables.

            Pero antes de comenzar con las condiciones convendrá plantear el esquema del proceso a completar, pues de un proceso se trata. Debemos ponernos de acuerdo sobre la meta a conquistar: Habrá que hablar un poco de la Felicidad. Tendremos que ser conscientes del punto de partida, nuestra situación actual. Y habrá que comprender cuál sea la línea que une inicio y meta y cómo recorrerla.

            Pero de nada valdrán todas esas lecciones si las mismas no se llevan a la práctica. La teoría sobre el proceso, la descripción del camino no nos hará recorrerlo. Habrá que ponerse en camino. Habrá que pasar a la acción. Sólo así podremos alcanzar la meta.

            ¿Cómo definiremos la Felicidad? De ninguna manera. La definición la debe dar el lector. El lector debe recordar momentos en que se haya encontrado con la Felicidad. Recordar si cuando fue feliz se sintió pleno, sin trabas, gozoso, optimista, alegre, sereno, capaz de todo, potente. Si se sintió como en otro mundo, en un mundo donde los problemas no existían. Si sintió que afloraba en él lo mejor de sí mismo, si se sorprendió de que él también pudiera ser así. Si fue consciente de que sus resquemores y animadversiones desaparecían, de que todo el mundo era entonces bueno y amable

            Si el lector coincide con nosotros en estas características de la Felicidad, estamos hablando de la misma Felicidad. ¿Qué necesidad tenemos de definirla?

---------------------------

SER FELIZ (2/12)

            En el anterior artículo hablamos de la Felicidad. Hoy trataremos del aspirante a la Felicidad. De tí, lector amigo. ¿Qué podemos decir de tí? Pero no. Eso no es lo importante. Lo verdaderamente importante es: ¿Qué puedes decir tú de ti mismo? ¿Hasta qué punto te conoces? ¿Hasta qué punto eres activo? Porque de tu grado de actividad depende tu cercanía a la Felicidad.

            La tesis que vamos a mantener es precisamente ésta: Tu Felicidad depende de tí mismo. Cuando ejercites todas tus capacidades estarás en contacto permanente con la Felicidad. Cuantas menos utilices, más infeliz serás. De lo que se deduce que precisas una notable capacidad de análisis para llegar a conocer tus capacidades. Para averiguar cuáles usas y cuáles no. Poner en marcha las no utilizadas y encaminarte hacia la Felicidad será todo uno.

            La desgracia sería que no tuvieras apenas capacidad de análisis. Que no supieras cómo eres ni fueras capaz de explorar tu propio ser, ni siquiera con nuestra modesta colaboración. En tal caso, ¿quién será capaz de ayudarte a ser feliz? Estamos seguros de que ése no es tu caso. Y creemos que ya te darás cuenta de que debes reflexionar sobre tu persona. Todo lo que digamos del ser humano en general deberás aplicarlo a ti mismo y hacer de tí un diagnóstico imparcial y profundo. Es fundamental conocerse. E ir luchando por cambiar lo que debe ser cambiado. Ese es el proceso.

            Está generalmente aceptado que el ser humano consta de cuerpo y alma. Al decir cuerpo no debemos entender exclusivamente el cuerpo físico, cabeza, tronco y extremidades. Cuando decimos cuerpo queremos decir organismo físico, sí, pero también sentimientos y pensamientos. Esto es, cuerpo físico, corazón y mente.

            Nadie duda de que el ser humano consta de un cuerpo material. Ni de que a él pertenecen sus propios sentimientos y sus pensamientos. En estos aspectos nos manejamos siquiera medianamente bien. Sabemos servirnos del cuerpo. En ocasiones dejamos ir al corazón. Y a todas horas estamos trabajando con la mente. No hay duda, usamos con soltura el cuerpo. Lo tenemos bien entrenado.

            Pero, ¿y el alma? ¿Dónde está? ¿Tenemos alma? Y si la tenemos, ¿es para que esté inoperante? ¿O es que por casualidad el lector opera ya con su alma y la tiene en actividad? Hay personas que creen no tener alma. Otras aceptan que la tienen. Pero nos atrevemos a afirmar que ni unos ni otros operan con ella a diario. No la tienen entrenada. No la usan.

            He aquí la causa de su infelicidad. Porque, sorpréndete amigo lector, la Felicidad es ni más ni menos que la actividad del alma, de ese alma que aquí llamamos Fondo.

-----------------------------

SER FELIZ (3/12)

             Estábamos analizando al humano y habíamos llegado a afirmar que la Felicidad consiste en la actividad del alma. También habíamos dicho que el humano consta de cuerpo y alma. Cuando la actividad del humano se centra en el cuerpo (y no olvidemos que incluimos aquí también el corazón y la mente) ese humano no puede ser feliz. Le falta trabajar con la componente que precisamente posibilita la Felicidad, con el alma.

             Todas las afirmaciones que se han hecho de que la Felicidad no se encuentra en lo material tienen un fondo de razón. La Felicidad no está en lo que es material. De igual manera que el alma no está en el mundo material.

            La Felicidad tiene componentes no materiales: Gozo, Alegría, Plenitud, Amor, Conocimiento, Serenidad, Paz ... Y a veces se da cuando las circunstancias materiales no acompañan. No es, por tanto, muy difícil de entender que la Felicidad pertenezca a la dimensión de lo no material. Como el alma.

            Daremos ahora un nuevo paso: La esencia, la auténtica naturaleza del humano es su alma. El ser humano es un ser esencialmente inmaterial. Y sólo cuando el ser humano es capaz de vivir también en la dimensión inmaterial puede encontrarse con la Felicidad, que siempre habita allá.

             Diremos más. El estado natural del ser humano completo es la Felicidad. La Felicidad es connatural al ser humano pleno, al que opera con su cuerpo y con su alma. No somos felices porque no trabajamos aún con nuestra componente más preciosa. Cuando prescindimos del alma estamos privándonos de nuestro activo más valioso. Y eso es negativo. Sin el alma, nuestro ser está a mucho menos del cincuenta por ciento.

            Ya vamos perfilando el camino hacia la Felicidad. La Felicidad reside en la dimensión inmaterial. Nuestra alma puede llevarnos allá y allá encontraremos la Felicidad. Seremos felices siempre que vivamos también en la Dimensión Superior. Para lograr nuestra meta tendremos que aprender a operar con nuestra alma.

            El alma es tan sutil que uno puede incluso trabajar con ella sin darse cuenta de que lo hace. Recuerde si no el lector los momentos en que fue feliz. Por definición, en aquellos momentos el alma llevaba las riendas de su persona. La Felicidad es el alma llevando las riendas. Sólo nos falta encontrar el alma dentro nuestra, aprender a trabajar con ella, darle las riendas y dejarnos guiar por ella.

            Ahora ya lo sabemos. Lo más difícil está hecho

 

SER FELIZ (4/12)

            Quizás estemos decididos a poner el alma en actividad. Eso está bien, pero ¿por dónde empezamos? Hétenos ya en el campo de la práctica. Hemos de empezar a plantear al lector las condiciones.

            Pero antes de ello hay que hacer una advertencia al lector: "Que no crea nada de lo que le decimos." Todo lo que le decimos debe pasarlo por el tamiz de su propia alma. Lo debe consultar con su "voz interior" y hacer lo que la "voz interna" le diga. Será ésa una forma perfecta de poner el alma en actividad. Porque, en una primera aproximación, el alma es la voz interior, el fondo de uno mismo.

            El lector avisado estará posiblemente pensando: "Aquí hay algo que no encaja. Me van a plantear unas condiciones para poner el alma en actividad y me dicen que no las acepte sin más, sino que las consulte con mi voz interior, que es mi propia alma. Pero si mi alma no opera ¿cómo me va a responder? Y si ya opera ¿para qué le tengo que preguntar cómo ponerla en marcha? Creo que el autor está un poco chiflado..."

            No es extraño que el lector inteligente piense tal cosa. La razón de que así piense se encuentra en su inteligencia, en su lógica. La lógica exige que las cosas sean sí o no, causa o efecto. Eso es válido en el mundo material. Sin embargo en la Dimensión Superior las cosas son y no son simultáneamente. Allí la causa y el efecto se confunden. Pero de eso hablaremos mucho más adelante. Sepa el lector, simplemente, que no desvariamos.

            Volvamos a nuestras condiciones. De la naturaleza del alma y la Felicidad podemos deducir una primera condición general: Convendrá favorecer toda actividad no ligada a lo material. Así facilitaremos el despertar de nuestra alma y propiciaremos el contacto con ella.

            Otra advertencia al amable lector: "No nos interprete al pie de la letra." Acabamos de hablar de "entrar en contacto con el alma". Pero si hemos dicho que "nosotros somos nuestra alma" ¿quién es el que entra en contacto con ella si nosotros somos ella? ¿Será que ella tiene que entrar en contacto consigo misma? ¿Y mientras, qué hacemos nosotros? La respuesta ha de ser, por ahora, la misma: No se sorprenda el lector. En la Dimensión Superior ocurren cosas muy curiosas. Ya lo iremos viendo.

            Apenas nos queda espacio hoy para concretar. Si lo inmaterial comienza con los sentimientos, nuestra primera regla será: NO REPRIMIR LOS SENTIMIENTOS. Con ella nos ponemos en camino. Feliz andadura, lector.

------------------------------------------

SER FELIZ (5/12)

            Siguiendo con nuestra idea general de favorecer las actividades inmateriales de nuestra naturaleza, llegamos a la primera regla:

NO REPRIMIR LOS SENTIMIENTOS.

            No siempre la cultura favorece al individuo. Como cuando le mentaliza de que los sentimientos deben quedar ocultos, de que no es digno expresarlos. Muchas dolencias internas tienen en esta funesta idea uno de sus factores coadyuvantes. Aquí se alza nuestro primer muro, de los muchos que nos impiden llegar a la Felicidad como estado habitual.

            El ser humano feliz es un individuo con un corazón blando, rico en sentimientos. Se ha quitado la coraza, con la que la "educación" lo encorsetaba y ha dejado que éste se expansione y palpite. Y cuando su corazón se llena, deja que los sentimientos fluyan. Y no oculta su alegría o su pesar. El ser humano feliz no necesita reprimir sus sentimientos y ha aprendido a no hacerlo.

            Esto referente al corazón. Veamos ahora qué hacer con la mente. Con la mente trabajamos de continuo. Pero con frecuencia trabajamos en negativo: Nos preocupamos por lo que puede ocurrir, recordamos pasadas ofensas... Esa actividad mental negativa genera sentimientos negativos. Y eso lo sufren las personas que se topan con nosotros cuando tenemos el ceño fruncido.

            Ya tenemos una segunda regla que tiene que ver con la mente:

ELIMINA PENSAMIENTOS NEGATIVOS.

            Pero hay una razón más profunda que justifica esta regla. El alma opera siempre en positivo. Y para poder conectar con ella la mente debe sintonizar en las mismas frecuencias. Una mente gruñona, pesimista, quejosa y amargada no puede conectar con el alma ni con la Felicidad. ¿Observa el lector que no andamos tan descaminados cuando igualamos alma y Felicidad?

            Ya sabemos, lector, que pensar siempre en positivo puede costar, sobre todo al principio. Luego, cuando el alma ayude, será más fácil. Hasta que un día salga solo.

            Otra aparente contradicción: "Para despertar el alma debemos pensar en positivo. Y a ello nos ayudará el alma cuando despierte." Podría objetarse: ¿Cómo nos va a ayudar si está dormida? Y si está despierta, ¿qué falta hace entonces ayudarle? Paradojas de la Dimensión Superior. O a lo mejor es que despertar el alma y pensar en positivo son lo mismo...

            He aquí otra regla mental: VIVE EL PRESENTE. No es bueno perder energía, tiempo ni humor reviviendo el pasado o anticipando el futuro. Ni bueno ni realista.

................................

SER FELIZ (6/12)

            Dejábamos el hilo de nuestro proceso en dos reglas mentales que añadíamos a nuestra regla del corazón:

                    NO REPRIMIR LOS SENTIMIENTOS.

                    NO GENERAR PENSAMIENTOS NEGATIVOS.

                    VIVIR EL PRESENTE.

            Esta tercera regla favorece la anterior. Muchas veces rememoramos el pasado y seguimos dando vueltas a hechos negativos, con lo que generamos pensamientos negativos y sentimientos del mismo tono. Luego no hay quien nos aguante. Lo mismo puede decirse de anticipar los problemas que pueden venir. Centrándonos en el presente, en la acción del momento, ponemos toda nuestra energía en hacerla bien. Y con ello sintonizamos con el alma, que todo lo hace bien. Porque de sintonizar con ella se trata.

            ¿Nos darán estas tres reglas la Felicidad? Colaboran muchísimo. Pero hemos de seguir trabajando. Lo que hemos visto son actitudes previas, que favorecen la conexión. Pesadas cortinas que hay que ir separando del camino. No basta con conocer las reglas. Hay que practicarlas. Al principio cuestan. Somos tan olvidadizos... Pero además hay que conectar con el alma y ser capaces de dialogar con ella.

            Cuando las reglas no cuesten, cuando salgan todas ellas sin esfuerzo, entonces ¡enhorabuena, buscador! tu alma está despertando. Y hasta que eso ocurra, ánimo. Luchando por ser así estamos "despertando" al alma de su sueño. Alguna vez nos oirá.

            Pero tengamos claro que si ni siquiera nosotros, aun intentándolo, actuamos iluminados por el alma, otros muchos humanos generan sentimientos negativos y los exteriorizan de forma ruidosa. No conocen nuestras reglas. Ni las practican.

            Deberíamos ser comprensivos con todos los que gritan, avasallan, cometen injusticias, abusan de su posición, miran sólo por sí mismos y pisan a los demás. Son los menos felices de todos, por más dinero y poder que gasten. Son, en realidad, dignos de lástima. Porque ni saben, ni buscan ni creen que deban buscar.

            He aquí la cuarta regla:

                        NO TE DEJES AFECTAR POR LO QUE HACEN OTROS.

                Será quizás la más difícil de cuantas llevamos enunciadas. Pero es también la más liberadora. Que lo que hagan otros quede en los otros.

                Con el alma dormida resulta imposible seguir esta regla. Con el alma desperezándose se sigue a ratos la regla. Con el alma operativa no se piensa más en la regla. De modo que, además de regla, es un termómetro.

................................

SER FELIZ (7/12)

                Hemos llegado a enunciar cuatro normas de conducta:

                                NO REPRIMIR LOS SENTIMIENTOS.

                                NO GENERAR PENSAMIENTOS NEGATIVOS.

                                VIVIR EL PRESENTE.

                                NO DEJARSE AFECTAR POR LO QUE HACEN OTROS.

                Éstas debieran ser actitudes todo terreno, para todo momento. Para luchar por seguirlas y no desanimarse cuando fallemos. Si fallamos es porque no nos respalda el alma. Con su potencia, con su respaldo, las normas saldrían solas. Y no es extraño que no contemos con su apoyo si precisamente la estamos buscando.

                El lector se habrá percatado de que reprimir los sentimientos, generar pensamientos negativos, rememorar los problemas del pasado, reflexionar sobre el negro futuro y reaccionar airadamente ante los comportamientos de terceros suponen serios obstáculos para avanzar hacia la Felicidad. Y ello es así porque todas estas actitudes equivalen a dar una gran importancia a los hechos materiales de la vida cotidiana. Suponen estar centrados en los mil pequeños problemas del acontecer diario. Y si la atención está centrada en esas mil "cosuchas", no mira a otro lugar más elevado. No hay tiempo ni lugar en la mente sino para las mil tonterías diarias.

                La vida cotidiana y sus mil lazos son uno de los muros que hay que traspasar. Pero además de luchar en plan general y en cada momento por adoptar la actitud propicia, podemos hacer algo más. Podemos tratar de sintonizar con nuestra alma de una manera más directa.

                Ha llegado el momento, parece, de hablar del alma. Antes de buscar el encuentro con algo o alguien es conveniente saber con quién hemos de habérnoslas. Y, como en el caso de la Felicidad, no vamos a dar una definición académica. Trazaremos varias pinceladas sobre lo que unos llaman alma y aquí llamamos Fondo.

                El alma es una gran potencia que anida en nuestro interior y que despierta cuando nuestra evolución como ser humano está bastante avanzada. Es una "voz silenciosa" que inunda toda la persona de una certeza absoluta. Es algo que no admite la "educación" ni la mentalización, algo absolutamente propio que nos hace ir contra corriente, seguros de estar en lo cierto. Es como una "luz interior" que nos hace ver claro las cosas más elevadas, aun las que no se conocen a nivel general.

                Ojalá que el lector sepa de qué hablamos.

................................

SER FELIZ (8/12)

                En nuestro anterior artículo hablábamos del alma. Y hoy tenemos que decir que toda persona puede actuar como si no tuviera alma. O puede contactar con ella algunas veces. O puede trabajar con ella a diario y en estrecha colaboración. Conforme va pasando de la primera situación a la última, ese humano va encontrándose más y más frecuentemente con la Felicidad. La claridad y energía que el alma comunica cuando la volvemos operativa y los encuentros con la Felicidad corren paralelos. En realidad, es lo mismo definido en dos idiomas distintos.

                La Felicidad, como el alma, está en nuestro interior. Basta con meter la mano, remover un poco y sacarlas. Saldrán siempre juntas. Porque son lo mismo. Veamos entonces cómo se mete la mano dentro de uno mismo. Pero no nos olvidemos de las cuatro reglas, que son para practicarlas con "dedicación plena".

                Hablaremos primero de una actividad inmaterial que puede hacer de antesala para el encuentro directo con nuestra alma. La llamaremos jugar a transferencias. Con este nombre queremos indicar que se trata de un ejercicio agradable, algo que no debe costar, que es como un juego. El objetivo que perseguimos con él es habituar al corazón y a la mente a identificarse con algo inmaterial. Tratamos de que ambas componentes del humano se evadan de su ocupación habitual y se solacen en compañía de la belleza, de la armonía, de la paz.

                Debemos liberar nuestra mente y nuestro corazón y dejarles que se identifiquen con algo que les atraiga. Hay ciertas melodías que tienen un atractivo especial para nosotros. Se trata entonces de transferir nuestro ser a la música y volar con ella, sentirla y vivirla, ser música. Mientras dure la "transferencia" uno no debe ser consciente de ser él, sino la música. En el momento en que podamos pensar "cómo me gusta esta melodía" se ha interrumpido la identificación entre nosotros y la música. Ahora ya somos dos cosas distintas.

                No sólo con la música se puede practicar la transferencia. Se puede hacer con un paisaje, con un arroyo, con un prado, entre montañas, ante un atardecer, un día de niebla, ante una obra de arte, en el rincón de un jardín, ante una catedral, en la penumbra de una iglesia, dondequiera que haya silencio, soledad y una mente dispuesta a volar.

                Volar, despegarse de lo concreto y unirse a la belleza, a la perfección. Por allí se encuentran cosas interesantes.

................................

SER FELIZ (9/12)

                   Llevamos tiempo practicando una actitud despegada de la problemática diaria, siguiendo unas reglas que favorecen la libertad de espíritu. Somos conscientes de que debemos evadirnos de la pesadez de lo concreto, al menos con cierta frecuencia, por medio de la práctica de la "transferencia". Sentimos quizás una cierta ligereza anímica. Hay cosas que hacer en la vida, cosas que no practicábamos. Vamos a intentar renovadamente el contacto directo con nuestro propio Fondo, con nuestra alma.

                  ¿Cómo entraremos en contacto con la "voz silenciosa", con la "luz interior"? Siendo sutiles, como cuando hemos practicado la "transferencia". Aquí no vale ya pensar. Eliminemos de la mente todas las ideas que tuvimos sobre cómo era el alma, cómo era el humano, cómo era todo... Borremos los programas, fuera los prejuicios, mente en blanco, en silencio.

                  Hemos de llegar a nuestra alma desnuda y para eso hemos de despejarnos de todas las ideas, de todas las vestimentas que echaron sobre nosotros con el tiempo. Y conectar con el alma en toda su simplicidad, desnudos de ideas y de opiniones.

                 Sólo así se oye la voz del alma. Con la mente en silencio y receptiva, dispuesta a escuchar. Con el corazón anhelante de Verdad, sin la coraza. Hemos de ser como niños, como niños con ojos limpios y corazón a flor de piel. "De los que son como ellos es el Reino" dijo alguien que vivía siempre en el Reino.

                  Entremos en nuestro recinto interior. Tratemos de hallar nuestra más íntima esencia. Despojémonos de nuestras apariencias, de todo el folklore que usamos en la vida diaria. Y busquemos nuestra alma, esa potencia que se encierra en nosotros. Ella es tan inmensa que tendríamos que estar ciegos para no encontrarla. Nuestra ceguera es una mente parlanchina, el interés en las mil pequeñas cosillas, una falsa sensación de importancia propia, de orgullo lastimado.

                  Todo eso, fuera. Eso es la coraza. Acerquémonos a nuestra alma desnudos de pretensiones, con ganas de saber qué es Verdad. Con deseos de amar espontáneamente. No pretendamos ser compensados con la Felicidad. Deseemos saber la verdad sobre nosotros mismos. Y afinemos el oído. Preguntémosle al propio espíritu qué es la Verdad, qué no puede menos de ser Verdad, qué es el mundo, qué somos nosotros y qué debemos hacer.

                  Y escuchemos hasta que la respuesta nos llene de seguridad. El alma puede responder al cabo de bastantes días. Todo va a depender de lo sutiles que hayamos alcanzado a ser.

................................

SER FELIZ (10/12)

                  Tal vez sea aún demasiado pronto para intentar el ataque frontal, el encuentro directo con nuestro propio espíritu. Quizás aún no nos hemos liberado suficientemente del apego y del acoso de lo concreto gracias a las cuatro reglas ya enunciadas. O tal vez estamos poco habituados a ser sutiles, a dejar volar la mente.

                  En tal caso, vamos a reducir la marcha. El alma sirve para conocer las cosas elevadas, pero también puede operar a nivel más concreto. Hemos dicho que la mente debe estar en blanco, relajada, sin pensamientos, para conectar con el espíritu. Esa es nuestra situación poco antes de dormirnos cada día. Pues bien, aprovechemos esa circunstancia diaria para proponerle a la "luz interior" ese problema que no sabemos resolver. O para plantearle alguna otra duda más elevada.

                  Los antiguos le llamaron "consultarlo con la almohada". Realmente es consultarlo con el alma. El alma responde a los deseos del corazón siempre y cuando la mente calle y atienda.

                 Veamos cuál es el correcto funcionamiento de cada componente del ser humano: El corazón desea saber y comunica ese deseo al alma. Esta responde y la mente recibe la respuesta. Corazón que anhela. Alma que guía. Mente que escucha, receptiva.

                 Veamos ahora cuál es el normal funcionamiento del occidental medio. La mente ocupa toda la pantalla. Ella argumenta, ella dice lo qué quiere saber y ella se responde. Nuestra mente no para de trabajar y no oye nada de lo que pueda decir el alma. Ni siquiera cree que exista o que valga para algo.

                 La mente razona, deduce y opina. Y la mente se equivoca. La mente ve fantasmas, la mente se fija en lo que perciben los sentidos. Y ella añade de su parte. No tiene en sí misma la mirada penetrante, la facultad de no equivocarse. Por eso la mente se equivoca. Con ella no se llega a la Dimensión de la Felicidad.

                 Con el propio espíritu, con el alma, las cosas ocurren de distinto modo. El alma tiene la facultad de comunicarse instantáneamente con la Verdad. El alma nunca se equivoca, siempre comunica la Realidad. Lo que necesitamos es aprender a conectar con nuestra alma. Aprender a escuchar. Y para eso la mente ha de ponerse en su lugar: Receptora y no emisora.

                 Podemos buscar la conexión inconsciente al ir a dormir o buscar la conexión consciente en un momento de soledad y a ser posible en un lugar fijo. De no resultar esto último, pruébese lo primero.

................................

SER FELIZ (11/12)

 

                A punto de terminar esta serie sobre la Felicidad, estamos en disposición de resumir las tesis que hemos mantenido hasta hoy y las experiencias que hemos propuesto al lector.

                Hemos afirmado que la Felicidad está a nuestro alcance. Que la Felicidad es la actividad del alma y que el alma es la esencia del ser humano. Cuando el alma ilumina, cuando somos cuerpo operante y alma operante, entonces somos Plenitud y encontramos la Felicidad. Hemos afirmado que la Plenitud y la Felicidad son el estado habitual en el ser humano que ha completado su evolución.

                Hemos esbozado cuatro reglas "todo terreno" y tres actividades localizadas en el tiempo: La transferencia, las consultas nocturnas a la "luz interior" y el contacto directo con el propio espíritu. No se trata de seguir y practicar unas y otras en plan robot, sino de captar hacia dónde señala el conjunto de todo lo que llevamos visto.

                Ascender a la dimensión del espíritu, entrar en contacto con el alma y volverla operativa no es algo que se logre en tres meses. No es que la ascensión sea difícil. Es que nuestras piernas estaban agarrotadas por una inactividad de años. Tampoco es que seamos unos inútiles. Pero debemos contar con el factor tiempo. El buscador de Verdad no se desalienta si tarda en encontrar. El buscador de Verdad sigue buscando, insiste, reitera, es paciente.

                Y con el tiempo su paciencia vence el entumecimiento mental y comienza a recibir claridades. Al principio muy tenues. Tan tenues que se duda de que lo sean. Se antojan espejismos. Pero con los días, las respuestas de la "luz interior" se hacen más firmes.

                ¿Cómo distinguir si lo que responde es el propio espíritu o la mente, que no sabe estar callada? Si lo que llega viene de fuera, si nos parece ajeno, si la mente desconfía de que sea real, si no sabemos cómo llegó a nosotros, si tiene tal potencia que inunda el ser entero, si comunica una certeza absoluta, si nos llena de una paz desconocida, si viene acompañado de sensaciones imposibles de describir de puro simples, si suena extraño, si nunca se nos hubiera ocurrido pensar en algo así, entonces es el alma la que habló.

                Si lo que llega no hace sino confirmarnos en lo que ya conocíamos, lo que nos habían enseñado desde pequeños, si lo que llega no nos sorprende... entonces es que la mente no supo estarse callada. Habrá que comprar esparadrapo mental.

................................

SER FELIZ (y 12)

                Para despedirnos por este mes, trataremos hoy de lo que sucede en el individuo que logra entrar en contacto con su propio espíritu y volver su alma operativa. Sabiendo lo que ocurre, quizás tengamos una ayuda para buscar esa conexión.

                Debemos conocer un poco más sobre la Dimensión en la que se sitúa el alma. Observará el lector que no hemos argumentado sobre la existencia del alma, o propio espíritu. Y es que somos de la opinión de que al alma, o se la siente dentro o no hay forma de demostrar su existencia con argumentaciones mentales. Porque el espíritu está en una dimensión superior a la mental.

                Todos tenemos un alma que pertenece a la Dimensión Superior. Nosotros le llamamos Dimensión de lo Único, porque todo lo que reside allí participa, en cierta manera, de todo lo que reside allí. Los entes que habitan en esa Dimensión mantienen una cierta conexión de forma que en un momento dado cuando enlazas uno de esos entes y lo arrastras hacia ti, arrastras con él todo un racimo de entes conectados. Como sucede con las cerezas, que nunca tomas sólo una.

                ¿De qué entes hablamos? Del Amor, de la Paz, de la Alegría, de la Plenitud, de la Felicidad, de la Sabiduría, del Gozo, del Bien... Estos son los entes que habitan en la Dimensión de lo Único, en la Dimensión de la que proviene y a la que pertenece nuestra propia alma. Si hemos afirmado que nosotros somos precisamente nuestra alma, no se sorprenda el lector de que nos sea connatural la Felicidad, entre otras muchas cosas. Vivir en esa Dimensión consciente de ser esencialmente alma es la meta de todo ser humano. Alguien le llamó Reino y dijo: "Buscad el Reino y su Plenitud y todo lo demás lo tendréis hasta colmaros."

                Es posible vivir en el Reino y ser uno con todos los entes que allí habitan. Es posible ascender a la Dimensión de lo que es Uno y participar allá de la Esencia Única. Ascender a esa Dimensión y volver operativa el alma, es lo mismo. Dejar que el propio espíritu lleve las riendas, dejar que guíe e ilumine el camino, entrar en contacto con el Fondo de uno mismo, todo es lo mismo.

                Sí, lector. La Felicidad permanente es humanamente alcanzable. Porque todo ser humano tiene un alma única. Si vivimos sin tenerla en cuenta, vanamente buscamos la Felicidad. Por el contrario, si llamamos a la Dimensión Superior, se nos abrirá. Si buscamos nuestra alma, de seguro que la encontraremos. ¿Tan lejos, pues, está? ¡Si es lo que nos permitió "conectar" a lo largo de estos encuentros...!

 

Fernando Conde Torrens es autor de "Simón, opera magna", "El Grupo de Jerusalén", "La Salud" y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En www.sofiaoriginals.com expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano.