Escuela virtual de Sabiduría de Pamplona.

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Stress 10

Stress 10 o personas “de rompe y rasga” y “flojitas”

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        Hay una característica de ciertos – pocos – seres humanos que les resulta fatal. Los convierte en dianas muy vulnerables para las circunstancias de que estamos hablando, las adversidades de la vida en sus diversas formas. En otros humanos las condiciones ambientales les provoca stress y las “dolencias psicosomáticas” que tenemos suficientemente definidas. En ellos, esas mismas circunstancias provocan un colapso mortal. Son las personas que, en el lenguaje de mi casa, llamábamos de rompe y rasga.

        ¿Cómo se define a una persona “de rompe y rasga”? Tal vez el lector lo adivine, o haya usado en la suya, en su casa, tal expresión. Por si acaso: La persona “de rompe y rasga” digamos que tiene mentalidad militar, dura , inflexible. Tiene dotes de mando y todo el mundo debe obedecer. Se toma las cosas de la vida como si todas ellas fueran directamente dirigidas en contra de su persona y él reacciona como Dios manda, con energía. La persona “de rompe y rasga” es posesiva. Se cree en posesión de la verdad, su visión es la única acertada y trata de – y muchas veces, en su pequeño entorno inmediato, logra – imponerla a su alrededor.

        Para las personas “de rompe y rasga” las cosa son blancas o negras, o todo o nada, o sí o no, como en los juicios. No hay matices, no hay términos medios, o se es o no se es, como decía el otro. Una persona así tiene una tendencia irrefrenable a tomarse las cosas a la tremenda y reacciona con una fuerza inusitada ante provocaciones de pequeño calibre. Y la vida tiene muchas pequeñas adversidades, de pequeño calibre.

        Con todo lo que llevamos dicho, ya se puede comprender que si la vida ya tiene componentes peligrosas de stress, si a ello le sumamos una susceptibilidad extrema, de modo que incluso las pequeñas adversidades provocan en esa persona reacciones como si de la bomba atómica se tratase, las consecuencias para ese organismo lleguen a ser devastadoras. Es el stress elevado al cubo. Y eso no hay organismo que lo resista.

        Por ello, las personas “de rompe y rasga” nos sorprenden por su paso breve por este mundo. No sé si desgraciadamente o afortunadamente, pero no dispongo de una estadística suficientemente amplia como para aquilatar más allá de lo que lo voy a hacer. Hay una edad, hasta la cual digamos que tenemos lo que antaño se llamaba “estado de gracia“. El organismo, perfecto – en la mayoría de los casos – cuando lo estrenamos, empieza a soportar esfuerzos excesivos. Digamos que uno empieza a trabajar a los 20 años o, si ha hecho estudios largos, a los 25. Hay 13 años, en este segundo caso, en que aparentemente el organismo lo aguanta todo. Uno se piensa que la cosa es y va a ser siempre así, que no hay problema, que se puede con todo, que uno es inmortal. Craso error. Fatalmente a los 38 se produce, o se puede producir, el primer crack. Fue mi caso y algún otro más he visto. Esto no quiere decir que esta edad tenga un maleficio. Da una idea de escala.

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Stress 10

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        Como un servidor no era persona “de rompe y rasga”, me tocó una benévola, aunque fastidiosa y larga, “dolencia psicosomática”. A los otros les acomete un infarto al corazón. Y nos sorprende de pronto enterarnos de que Fulano, compañero nuestro, de nuestra edad, ha fallecido apenas cumplidos los 40. Era una persona “de rompe y rasga”, demasiado rígida para doblarse ante la adversidad que le acomete y dejar que la misma le agarre de refilón. Hay otras personas que fallecen a tal edad sin serlo; esto es sólo una invitación al lector a que observe por su cuenta.

        Para estas personas, todos los problemas son gruesos e irresolubles. Y eso come su resistencia interior, les corroe el tuétano. Su organismo no es capaz de resistir por mucho tiempo una lucha tan terrible y sucumben a edad temprana.

        Quieran los dioses que quien esto lee no sea una persona “de rompe y rasga”, porque estoy por añadir que dicha enfermedad, o forma de ser, no tiene cura. La persona así es posesiva en extremo, lo que significa que está convencida de que la suya es la forma de ser por antonomasia. Que todo el que no es como él, es un blandengue, un debilucho y un apocado, por no decir otro vocablo parecido y malsonante.

        Así que, aunque se lo advirtamos desde aquí, en modo alguno va a atender a razones. De modo que nos ahorramos la advertencia. Incluso le animaremos: Siga el tal rompiendo y rasgando en la vida, aunque al mismo tiempo le esté sucediendo lo mismo a su corazón, su colon, su duodeno, su estómago o su cerebro en bloque. Será una víctima más de la mortandad prematura y sus mayores sacudirán la cabeza con compunción – con ocasión de su último adiós – y dirán aquello de que Dios se lleva junto a sí a los mejores, aunque los que le conocían bien tengan serias dudas al respecto, pero la suficiente educación como para no expresarlas.

        Las personas “de rompe y rasga” no conocen el stress sino en su versión grave, nefasta, mortal. Pero es que ellos han puesto de su parte. Al stress de la vida, amigo lector, hay que combatirlo con inteligencia, no que favorecerlo con rigidez.

        Pero vayamos ahora al extremo opuesto, a las personas – dicho sea con todo cariño – “blanditas”, lo opuesto a las de “rompe y rasga”. Son personas que nunca se meten con nadie, que pasan por la vida sin hacer el mal. Y piensan que todas son como ellas (cuando no es así). Por eso se toman muy a pecho los desaires de las que son de “rompe y rasga” y especímenes similares. O se toman muy a pecho las adversidades de la vida, como la muerte prematura, e inesperada, de un ser querido.

        Cosas así les causan un stress emocional. Al contrario, su bondad interior le hace sentirse injustamente tratasdas por la vida. Ellas no se merecían eso. Y cavilan de continuo sobre su mala suerte, sobre lo injusta que es la vida, o Dios, si son creyentes … Estas ocntiuas tormentea de  pensamieentos y emociones negativas se instalan en su corazón, encuentran consuelo, se consuelan ellas mismas dándole vueltas a cómo pasó todo. Y eso es una agresión permanente, que no las deja salir del pozo en el que les metió la adversidad exterior. A eso se le llama depresión.

Hay un artículo que trata de algo de lo que ya hemos hablado en esta Web, de cómo los pensamientos continuos modifican nuestro cerebro y hacen posible que éstos se asienten y se vuelvan difíciles de eliminar, si uno no tiene mucha fuerza de voluntad. Un magnífico artículo tituladoCómo los pensamientos se convierten en enfermedades.  Los pensamientos de la persona con depresión sobre su situación, su desgracia, lo incomprendida que es, etc. pueden llegar a hacer imposible superar la depresión si no cesa en tales pensamientos y los sustituye por otros más agradables, positivos, de esperanza, de nuevas dedicaciones.

        El problema es que la persona dijimos que no se caracterizaba por su carácter firme. Pero tendrá que ser fuerte – auunque sólo sea por esta vez – para salir del pozo en que la vida y su desconocimiento del mal que nos hacemos a nosotros mismos la ha conducido. La ayuda del entorno más cercano puede ser vital para ayudarla en tal labor.

        Como comentario final por mi parte quiero recalcar con toda seriedad que éstas son reflexiones y narraciones fruto de la experiencia de una persona que no es Médico, que no ha estudiado Medicina, y que tampoco ha leído libros sobre Medicina. No pretenden ser exhaustivas, ni dar todas las claves, ni acertar en todo. No son diagnósticos, ni cubren todas las posibilidades. Hay mucho más en la vida de las personas, pero de ello no he sido espectador. De todo lo que se dice en estos artículos lo he sido, o en primera persona, o muy de cerca.

        Tómense, por tanto, más como una invitación a la reflexión, a la observación, al cuidado de uno mismo, que como afirmaciones de causa y efecto.

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Enlace con el próximo día:  Stress 11.

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………. Fernando Conde Torrens es autor de “Simón, opera magna”, “El Grupo de Jerusalén”, “La Salud” y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En http://www.sofiaoriginals.com/ expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano.

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