Escuela virtual de Sabiduría de Pamplona.

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Stress 8

Stress 8

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        Aunque ya hemos dicho bastantes cosas sobre el stress, hay aún unas pocas ideas que me quedan en la recámara. Y ya puestos … fuera todo.

        Por un trabajo que un amigo me ha mandado sobre este tema, he visto claro que yo no hablo la jerga médica, ni mucho menos. Por eso voy a hacer una puntualización. Todos los artículos precedentes tratan sobre lo que en el mundo médico se denomina stress crónico. Porque empezamos hablando de “dolencia psicosomática” y si ha aparecido la dolencia es porque el cuerpo lleva soportando una situación forzada mucho tiempo, bastantes meses. Luego, evidentemente, cuando se ha manifestado ya la dolencia es que el stress es duradero, persistente, crónico.

        Porque a lo que en lenguaje médico se llama “stress agudo” yo le llamo “emplearse a fondo” y no le llamo stress. La vida en contadas ocasiones te pone en una situación de peligro. Notas un calentón fulminante por todo el cuerpo (es la adrenalina que ha entrado en erupción). Has visto una situación de peligro y tu cuerpo, con ese fuego que le recorre, reacciona en décimas de segundo, posiblemente con acierto.

        Un día que estaba lloviendo mucho entraba yo en Logroño por una carretera recta cuando veo a un coche en dirección opuesta que lentamente deriva y me enfila en derechura. Nos separaban unos 50 metros. No había tiempo de hacer sonar el claxon, darle luces y que el conductor se desviara. Con una rapidez inaudita pensé: «He de irme a mi derecha, o a mi izquierda, y evitarlo«. Elegí la izquierda y me crucé al otro carril. El coche contrario terminó en el arcén, a la altura que yo ocupaba cuando torcí el volante. Si me hubiera desviado al arcén, habríamos chocado. ¿Estaba dormido? ¿Le patinaron las ruedas, porque había aqua-planning, y no pudo enderezar la dirección? Nunca lo supe, porque no paré. ¿Para qué? Fue una situación de las de “emplearse a fondo”.

        La inyección de adrenalina en la sangre es una reacción de un organismo muy sabio. Y, en un corto espacio de tiempo, «salva vidas» – como dicen en las películas estadounidenses los malos para convencer a los tontos. Pero en otra ocasión y ante una situación cercana problemática, tuve que emplearme a fondo durante un año y terminé con un ataque de artritis; es decir, caí en stress crónico y el aviso fue la «dolencia psicosomática».

        Es muy diferente la inyección interna de adrenalina que la situación adversa prolongada durante meses. Pero el organismo nos advierte en ambos casos, siempre. Porque estoy convencido ya, a fuerza de experimentarlo, que cuando tu entorno somete a tu organismo a una tensión por encima de lo normal, el organismo reacciona y tiende a superar con un esfuerzo extra esa tensión. Si eso dura un par de minutos, no pasa nada. El organismo se recupera, asimila la adrenalina extra y todo vuelve a la normalidad.

        Pero si la tensión se prolonga, no dos minutos, sino dos trimestres … el organismo no puede estar trabajando al 125% de su capacidad tanto tiempo y avisa al portador con una reacción, la “dolencia psicosomática”. De modo que esa alteración que sentimos y sufrimos es un alerta que el organismo nos da para avisarnos de que estamos haciendo algo rematadamente mal.

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        A tales avisos suelo llamarles «termómetros». Con lo de las “dolencias psicosomáticas” estas, tenemos un termómetro. Como con la fiebre. El organismo nos avisa de que le estamos perjudicando, o lo que es lo mismo, que nos estamos perjudicando a nosotros mismos, puesto que él somos nosotros.

        Por esto yo no diré nunca que ciertas clases de stress son positivas o inevitables. Ni que el stress moderado, el llamado médicamente agudo, es incluso positivo, nos protege la vida. ¡Jeringas de boticario! Eso no es stress, es reacción sabia del organismo. Stress es cuando te obligan a trabajar por encima de tus posibilidades a ser posible toda la vida. La vida, el azar, la lluvia, no son tan malvados. Los humanos, sí. Algunos.

        Conscientes de que estamos solos ante el peligro, lo que hay que hacer es localizar la fuente – o fuentes – de stress y empeñarse en actuar sobre ella o ellas. Felizmente suele ser una, la que empieza. Con una basta.

        La solución a largo plazo no es tratar la artritis, la tendinitis, la dermatitis o la “lo-que-sea-titis” con medicinas. Eso en primer lugar, pero, al mismo tiempo y permanentemente, hay que tratar las meninges, hay que modificar los circuitos mentales internos, para que logremos darnos cuenta de que somos unos suicidas si no cambiamos el enfoque de nuestra vida cotidiana. Ya dijimos cómo anteriormente.

        Desde que sé qué me causa stress, me tomo la vida de modo más relajado. El año pasado lo logré. El verano del 2.009 no me visitó dolencia alguna. Este año, no ha sido así. Espero que sea la última vez. Porque ahora ya estoy sobre aviso. Prueba de ello es que este artículo del blog lo cuelga con casi dos días de retraso. Que le den dos duros al blog … El lector va a tener que habituarse a ocasionales retrasos de edición.

        Porque yo lo valgo.

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Enlace con el próximo día:   Stress 9.

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………. Fernando Conde Torrens es autor de «Simón, opera magna», «El Grupo de Jerusalén», «La Salud» y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En http://www.sofiaoriginals.com/ expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano.

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Un comentario en “Stress 8”

  1. Marcos dice:

    Claro por supuesto Don Fernando. Vaya que si lo vale. jaja.. excelente informacion don Fernando. Como siempre. saludos!

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