Escuela virtual de Sabiduría de Pamplona.

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Tertulia con Bernardo

En «Tertulia con Bernardo» hablamos del presente de las firmas de «Simón», de las que no puedo decir ni que no existen, porque tal vez las haya, ni que existen, por la razón inversa. De momento, empate técnico, o «puede que sí, puede que no» ….

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© Copyright  Fernando Conde Torrens 

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        Hace apenas unas horas ha llegado al blog un Comentario de un lector que pide aclaraciones sobre el tema de las firmas. Me parece conveniente montar una Tertulia donde el lector pregunta y aquí le respondemos. Así dice el lector:

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        Hola Fernando, hace poco que conozco tu obra y me ha interesado mucho. (Llegué de casualidad buscando información sobre Lozano Enríquez y descubrí tu libro «Simón Opera Magna«)

        No obstante, de tu respuesta a C.V., segundo párrafo, creo entender que ya no sostienes tu tesis sobre las firmas. ¿Es así o lo he entendido mal? Me gustaría que me lo aclarases. Muchas gracias.

                    Bernardo.

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        Estimado Bernardo,

                                        me agrada tu interés en el tema. Y, por ser el asunto importante, creo que lo mejor es dedicarle espacio, el de esta Tertulia

        El tema de las firmas de “Simón”, como denuncia del mal hacer a que se vio obligado Eusebio de Cesarea, es el paso más avanzado de mis pesquisas para encontrar la auténtica historia de redacción de los libros que dan origen a nuestras Ideas en Occidente. Por eso, cualquier aclaración sobre ellas debe ser amplia, del tamaño de una Tertulia. 

        Hubo un buen amigo – colaboramos juntos para demostrar científicamente si las firmas aducidas en “Simón, opera maga” eran debidas al azar o no – que no creía en ellas y tenía razón. Las firmas que yo di como formadas por Eusebio en el libro eran producto del azar. Decía mi amigo que yo debía tener honradez intelectual para reconocerlo y no empeñarme en mantenerlas. Creo que lo hice en un par de artículos escritos en el blog. Cuando haga falta ya los buscaré.

        Pasado mucho tiempo desde entonces, hoy tengo la posición mejor definida, veo más claro. Porque en una investigación sobre un tema tan arduo, las ideas se van asentando con meses detrás. Resumí para CV la postura actual como sigue:

        “No digo que no haya firmas de Simón en el NT. Digo que no son las que definí en “Simón”, y que aún no he hallado suficientes como para tener la seguridad de que hay voluntariedad en ellas, pero sigo creyendo que las hay. “

        Sigo pensando que hay firmas de Simón, porque la primera que encontré estaba anunciada y fue explicada en las páginas 69 o bien 82, según la edición. Me falta encontrar más de ese estilo. Suficientes, no un par, para que no puedan ser fruto del azar. No son las firmas el único indicio de la falsificación. Hay otros muchos, la similitud de ideas-fuerza, formas de argumentar y muletillas, las dos fases redaccionales, que nadie ha rebatido, las diferencias entre partes originales y partes interpoladas, … De ello se habla en los libros, con la extensión que ellos permiten, y está ampliado en el apartado Tesis de la web: Ver los dos Métodos allí explicados

        Es decir, sigue en pie mi tesis de que:

                *  Todo el Nuevo Testamento fue obra de Eusebio de Cesarea.

                *  No hubo Cristianismo antes de Nicea.

                *  Todos los textos en griego redactados y datados antes de Nicea son obra de un equipo redactor  que se formó y cuya cabeza era Eusebio, amigo personal de Constantino hasta la muerte de éste.

                *  Tampoco hubo persecuciones.

                *  Éstas, como los textos de los supuestos “Padres apostólicos”, fueron inventadas; bastaba con escribirlas para “convertirlas” en realidad.

                *  La repetición de tal creación literaria a lo largo de los siglos por los detentadores de la cultura hizo que pasaran a ser aceptadas por todo Occidentey aun hoy lo son.

                *  Pero no fueron reales, como no existió nunca un Don Quijote de la Mancha, ni su entrañable Sancho, por simpáticos que nos caigan.

        Si alguien tiene algún interés en saber cómo se hizo esa fenomenal falsificación, no tiene más que hacer lo que en la Tertulia se dice: Vaya a la Web, tome cualquier texto de una carta original, de Santiago o de Juan, y localice esas frases en la carta completa (interpolada) por el propio Eusebio. Así entenderá por sí mismo cómo vieron la luz nuestro textos ideológicos.

        Un texto ideológico (llamado “sagrado” por sus beneficiarios) TIENE QUE contener Sabiduría. De lo contrario sería el hazme-reír de las gentes. Los nuestros la contienen; la puso Eusebio, que sabía de eso. No la puso Osio, que era un analfabeto de la Sabiduría. Pero Eusebio lo hizo de manera que sus escritos fuera sospechosos de manipulación, de ocultar algo extraño, de no ser directos y claros.

        Para alguien que bordea la Sabiduría son evidentes muchas cosas relacionadas con ella. Para quien sólo tiene la mente como guía … las cosas pueden ser más dudosas, nebulosas, imprecisas.

        Haciendo el ejercicio que te propongo, Bernardo, sabrás cuán cerca estás de la Sabiduría, lo cual no es peccata minuta. Si hablamos de textos ideológicos, sagrados para sus mentores, no podemos evitar hablar de Sabiduría. La Sabiduría es lo que hace aceptable un texto sagrado, lo que lo consagra como tal.

        Nuestros textos ideológicos debieran contener SÓLO Sabiduría. Eso demostraría que estaban escritas por un Maestro y que nadie más había metido luego mano, añadiendo errores y barbaridades. No hace falta un Hijo de Dios (Ente inexistente como humano),  simplemente un Maestro. Eusebio interpoló sus joyas de Sabiduría para dejarnos claro que había dos manos, una correcta y otra falaz.

        Mientras no seamos capaces de distinguir en estas cosas, sólo estamos demostrando que la Ideología está por encima de nuestras meninges, que nos supera, que no estamos a su altura. Siento si estas frases hieren a alguien, pero, como decía Tony de Melo:

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Las cosas son como son. Independientemente de que las entiendas o no las entiendas, las cosas son como son.

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        Con eso de que las cosas son diferentes, según el entendimiento de cada uno, no puedo estar de acuerdo. En temas básicos, esenciales, las cosas son de una forma. Está que lleguemos a ellas, sólo a medias o que no nos interesen. En eso sí que es definitiva la postura personal, para comprenderlas, no para definirlas.

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Tertulia con Bernardo

  Papiro P66. Inicio del Evangelio de Juan. Colección Bodmer

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……….  Fernando Conde Torrens es autor de «Simón, opera magna», «El Grupo de Jerusalén», «La Salud» y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En http://www.sofiaoriginals.com/ expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano.

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