Tertulia con Destino en Julio

© Copyright Fernando Conde Torrens

 

 

        La carta de nuestro Invitado de hoy, en este enlace.

 

        Hola, Destino.

                                Tu misiva me da ocasión de hablar de un tema que me agrada enormemente, del estado del saber en la antigua Grecia y del ocaso del saber posterior. Yo a ese ocaso le llamo el Gran Paréntesis y todo lo que he publicado, no sólo en forma de libros, sino en los folletos de las charlas, así como en la web y en el blog, tiene por objetivo denunciar el Gran Paréntesis y aportar mi granito de arena para que se cierre de una vez.

        Efectivamente, si del saber en general se trata, es obligado comenzar por la antigua Grecia. Hay que remontarse al siglo VI AEC y comenzar por Pitágoras. Quisiera distinguir dos facetas en el saber. Los antiguos griegos se dedicaron a las Matemáticas, la Física, la Astronomía, la Música, la Retórica, etc. Son las ciencias de entonces. Había, además, la ciencia del comportamiento humano, de su naturaleza, de su misión y forma de cumplirla. Eso también era importante para la vida. Y también se dedicaron a ese aspecto y lograron descubrimientos impresionantes. Y los divulgaron y enseñaron. Son los maestros presocráticos, Sócrates y sus continuadores, los fundadores de las tres Escuelas de Filosofía, estoicismo, escepticismo y epicureismo.

        En este blog hay lugar para el saber primero. La web se dedica sólo al segundo. Estoy completamente de acuerdo contigo en que aquella larga época, que abarca desde el siglo VI hasta el siglo III íntegro, es decir, 900 largos y fructíferos años, fue "una de las épocas de máximo esplendor evolutivo del saber".

        Sucedía así, mantengo, porque había separación de poderes. El poder político se dedicaba a la política, a hacer la guerra a las naciones limítrofes y menos poderosas, los científicos se dedicaban a sus ciencias y los ideólogos, a lo suyo, a hacer acólitos. Las ciencias humanas eran libres y progresaban mediante la razón y el ingenio. La política y la ideología no intervenía en el trabajo de las ciencias.

        La ideología se propagaba dentro de un clima de libre competencia, con limitaciones locales y puntuales, como el caso de Sócrates, o la expulsión de filósofos de la ciudad de Roma en ocasiones. Había todo tipo de religiones, las oficiales, los cultos modernos o misterios, la Filosofía, etc. Y cada cual ganaba sus adeptos en función de su mayor o menor capacidad de "enganche". El poder político no intervenía en el aspecto religioso y toleraba la convivencia de religiones diversas. Eso es lo que caracteriza a una sociedad adulta. El monolitismo es infantilismo, además de ser antinatural.

        Es importante darse cuenta de que fue la tolerancia griega y romana la que hizo posible ese clima y el progreso alcanzado. El Helenismo fue todo eso, esplendor de las ciencias, de las artes y del Saber interior (el de la web). Felizmente, los romanos, cuando conquistaron Grecia, se dieron cuenta del mayor adelanto de los griegos en muchos aspectos, y los adoptaron. Tanto en la Arquitectura y e el Arte como en la Ideología. En ese clima, en el que cada poder se dedicaba a su área específica de atención, pudo crearse la Biblioteca de Alejandría, cuando el poder político, Faraón tolemaico, se interesó y favoreció el saber de todo tipo. Con Roma, se prosiguió esa tolerancia y prosiguió el esplendor en libertad.

        Parte de este saber es el que quiero reflejar en los artículos que me propongo sacar en el blog. Saber humano, científico. Y también forma de vida, máquinas de que disponían, cómo construían, etc. Me estoy retrasando, pero no importa, llegará.

        Haces una pregunta retórica "¿Cómo acabó todo este esplendor?" Lo sabemos todos, porque el poder político invadió el área ideológica, tan sencillo como eso. Simulando hacer un favor al mundo, Constantino inició una política nefasta. Realmente no pienso que creyera hacer ningún favor a nadie, miraba por sí mismo y por su prole. Y trató de asegurar aún más la obediencia de sus súbditos, captando y controlando sus conciencias mediante una casta sacerdotal propia y unos textos, cuando menos, amañados..

        Hay dos posibilidades: O tienen razón mis impugnadores y el cristianismo existía antes de Constantino, o tengo yo razón y se lo inventó Constantino. Si fuera el primer caso, Constantino, imponiéndolo, cometió una aberración y un abuso demoledor de poder. Si se lo inventó él, sobran todas las palabras, su acción no tiene nombre. En cualquier caso, la política que él inició y que Teodosio culminó mató lo desarrollado y todo lo acumulado en 900 años. Y sumió a Occidente en un retraso del que se ha recuperado en el aspecto del saber humano. No nos hemos recuperado en el aspecto del saber interior. Pero esto último no es tema del blog.

        Que Teodosio fue el motor de la destrucción del saber que no era acorde con el monolitismo ideológico impuesto por él no es discutible. No es opinión mía. Es un hecho. Los dos Grandes Emperadores, Constantino y Teodosio, más las invasiones posteriores, que ambos veían venir, sumieron a Occidente en una situación en la que la cultura quedó en manos de la casta sacerdotal protegida por ambos Emperadores.

        Que la ideología se haga cargo del poder y de la cultura reproduce la invasión de un poder en las áreas de los demás poderes, la nefasta política instaurada por Constantino. Pero así fue. Eso durará casi hasta la Edad Moderna, cuando la ciencia se libra por fin del peso de la censura de la Iglesia y el poder político recupera su soberanía y se sacude su dependencia de Roma. Situación que no se da en tiempos de Carlos I ni de Felipe II en nuestro país, que es más de medio continente americano de paso. y estábamos en el siglo XVI.

        En efecto, "fue el Emperador que constituyó el cristianismo como religión del imperio el causante de tal destrozo". Hay una idea que trataré de plasmar en los artículos sobre historia cotidiana que quiero comenzar en breve, la del retroceso, la de la pérdida de conocimientos, la del vaivén, zigzag o altibajos. No he visto esa idea expuesta en libros de Historia. Y creo que es obligado hablar de ello.

        Tenemos la tendencia a interpretar la Historia como una suave pendiente hacia arriba. Conforme se suceden los siglos aumentan los conocimientos, en todos los órdenes. Se vive mejor, se vive más, se conocen mejor las leyes de la naturaleza, se suceden los inventos, todo mejora. Todos contentos.

        Defenderé que no es así. Ha mejorado la tecnología en los últimos 200 años. Pero ¿qué pasó en los siglos anteriores? ¿Cómo ha fluctuado la tecnología desde el siglo VI antes de nuestra era, cuando se construían los primeros templos griegos, hasta el siglo XVI? Son 20 siglos de vellón, no es una bagatela.

        Hay conocimientos que se pierden. No se pierden porque sí, se pierden porque se promocionan otros. Lo veremos en los próximos artículos sobre Historia de andar por casa. Se perdió el concepto de redondez de la Tierra. Se perdió el conocimiento sobre la verdadera naturaleza del ser humano. Lo de la Tierra se recuperó con Colón y Magallanes, a inicios de la Edad Moderna. Lo del ser humano sigue perdido, consecuencia del Gran Paréntesis, todavía abierto. Ojalá hubiera sido al revés.

        Tienes razón cuando dices que "los árabes ampliaron el saber griego, mientras Occidente entraba en la más absoluta oscuridad a partir del siglo IV". Y fíjate, se repite la Historia. Cuando el poder político se pone a favor de la ciencia, resurge ésta y se conoce una época de esplendor, lo mismo que con los Ptolomeos egipcios y la Biblioteca. E, inexorablemente, cuando la ideología cubre con su sombra de intolerancia los centros del saber, se oscurece éste y esa sociedad se sumerge en la negrura de la intolerancia, el fanatismo y el desprecio al ser humano, el mismo al que, sobre el papel y de cara a la galería, dice salvar. Y con ello se sale de la Historia y deja de contar entre los pueblos. Va a remolque.

        He comprobado que la Historia la escriben seres humanos que primordialmente actúan movidos por sus intereses personales más domésticos y menos confesables. Así se genera la Historia. Y no digo "así se escribe la Historia" porque la Historia aún se escribe de manera más torva, siniestra y falaz.

        Ya sabes que mantengo que "Teodosio arrasó con todo aquello que ponía en peligro su plan". Constantino no podía hacer lo mismo, era demasiado pronto, la religión imperial era joven. La intromisión del poder político en el campo de las conciencias era demasiado reciente, no tenía el aval del tiempo. Con Teodosio sí lo tenía, y Teodosio se atrevió a ilegalizar las demás. Una parte del Imperio se le rebeló y Teodosio tuvo que salir a pelear contra Eugenio, en Occidente. Ganó Teodosio y se abrió el Gran Paréntesis.

        A ver cuándo los occidentales logramos dejarlo atrás. Aún estamos atrapados por los códigos de Teodosio, aunque creamos vivir en la época de la Informática. Teodosio y Constantino aún nos tienen bajo la suela de sus sandalias reales. Lo malo es que no nos damos cuenta. Como decía Sócrates, "lo malo no es que no saben, lo malo es que no saben que no saben".

        Cuando releo y corrijo el texto me doy cuenta de que puedo parecer pesimista y "cenizo" en este artículo. Y no quiero dejar esa impresión, sería falsa. Si nos fijamos en nuestras miserias solamente, parecemos miserables. Pero hay otros campos en los que se compensan nuestras miserias locales. Además, tampoco todo el mundo está en Babia, como los lectores de este blog o los asistentes al Taller que cerramos ayer. Y muchos más, que aún no se han enterado. Ellos son los que dan pie a mi optimismo, porque son la esperanza del futuro.

Fernando Conde Torrens es autor de "Simón, opera magna", "El Grupo de Jerusalén", "La Salud" y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En www.sofiaoriginals.com expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano. En http://simonoperamagna.blogs.com hay comentarios y más información sobre este libro.