Método del algoritmo 2

Entrando en el siglo II

© Copyright Fernando Conde Torrens

 

 

 

        Sobre Romanos y Apocalipsis poco cabe decir, pero algo sí.

        Romanos.

        La elección de Romanos como Epístola para el análisis se debió a una singularidad peculiar de esta Epístola, el estar redactada en dos etapas o, al menos, con mucha antelación a su envío. En efecto, Pablo indica expresamente en Romanos 15,25 que parte de Acaya y de Macedonia con rumbo a Jerusalén. El viaje de Pablo a Roma no tuvo lugar hasta dos años después, años retenido en prisión en Jerusalén y en Cesárea. Luego, en el mejor de los casos, la Carta estuvo dos años sin ser enviada. O los cristianos romanos estarían dos años esperando un barco que nunca llegaba.

        El análisis llevado a cabo de estos dos escritos, Romanos y Apocalipsis,  mediante el método primero no resultó muy lucido, certero o preciso. Las causas se iban a descubrir más tarde. No obstante se incluyeron el "El Grupo". Y así comprobará el lector que aquí exponemos lo que hay, lo que surge, tanto si es favorable a nuestras esperanzas, como si no lo es tanto.

        Porque una investigación procede por etapas, se acerca a la realidad última por aproximaciones sucesivas. Todavía no estamos en la realidad última, ni lo estaremos cuando hayamos terminado con el método tercero. Tendrá que intervenir otros. Pero al final de cada etapa estamos más cerca de la realidad que al inicio de la misma. Aunque eso no lo ven quienes no quieren ver.

        Apocalipsis.

        Por su parte Apocalipsis original, separado mediante el método primero, tiene todas las características de pertenecer a Pablo, todas sus ideas apocalípticas, todas sus muletillas. Y eso supondría una auténtica revolución en el seno del Cristianismo. De nuevo el fantasma de las dos etapas de redacción cerniéndose sobre los orígenes de nuestra religión, con todo lo que ello significa de veracidad para la primera redacción y recelos infinitos sobre lo que tuvo que añadirse más tarde, porque en la redacción original no estaba.

        Puede comprenderse, por tanto, la razón de profundizar más en el proceso de redacción y en la búsqueda de quien había dado el cambio de las etapas originales a los textos que habían llegado a nosotros. No podía afirmarse algo tan grave sin pruebas documentales.

        Al investigador, profesional o no, de oficio o aficionado, sugeriré que lea con detenimiento Marcos y Juan originales. Y trate de comprender la diferencia entre el Cristianismo que implica el Evangelio de Marcos o el de Juan que siempre conoció y el de la nueva redacción que tiene ante sí. Marcos original está en cualquiera de los dos libros. Creo poder decir que es fundamental captar esa diferencia si uno está haciendo investigación.

        Y ahora voy a indicar algo que desde hace un tiempo viene apareciendo como argumento guía para investigar:

 

CUANDO ALGO PRODUCE UN EFECTO,

CONVIENE PROFUNDIZAR PARA VER SI SU RAZÓN DE SER ES ESE EFECTO.

 

        Ya hablaremos en breve de otros aspectos donde esta máxima está operando. Cuando el autor de estas líneas obtuvo Marcos original y acto seguido Juan original, apareció claro que si aquello era cierto, si la historia de ambos Evangelios comenzaba por esas redacciones, la historia más grande jamás contada no era tal y como siempre la habíamos oído.

        El hecho de existir tales versiones originales implicaba la falsedad de la versión que se impondría tras ellas. Y aquí viene la máxima recién desvelada: Si alguien actuó para que las versiones iniciales fueran las encontradas, no es descabellado, sino todo lo contrario, pensar que actuó para provocar ese efecto, que se comprendiera que lo que venía después era una falsedad.

        Si alguien hizo que la primera etapa de redacción del Evangelio de Marcos fuera Marcos original y del Evangelio de Juan, Juan original, pretendía, con toda la malicia del mundo, que quedara claro que la historia que venía a continuación era una invención. Con su primera redacción estaba haciendo falsa la segunda. Estaba delatando, de manera oculta pero IMPLACABLE, que toda la historia era fruto de laboratorio, creación literaria, pura ficción. Y la prueba, nos están diciendo, es que aquí yo hago lo que quiero.¿No lo ves? Fíjate como ordeno y desordeno a mi antojo. Toda esta tierra es mía. Aquí mando yo.

        Cuando algo produce un efecto, hay que analizar con toda seriedad si no era ese mortal efecto el que se pretendía. Porque mortal, lo es. Y entonces, adelantándonos a los descubrimientos que nos esperan, las firmas de Simón son otra jugada más, otra huella más, otro inmenso letrero que puso alguien que estaba suficientemente bien situado como para poder ponerlo.

        De modo que, consciente del inmenso tema que tenía delante, el siguiente paso fue analizar los escritos cristianos primitivos, comenzando por los más antiguos, en la confianza de encontrar a alguien que usara la muletilla "epi tes gues", sobre la tierra, porque ella me iba a delatar al falsificador de un Apocalipsis que pensaba había sido redactado por Pablo. Y pensaba que ese falsificador podría estar relacionado con el equipo bien situado que había alterado todos los relatos originales para que llegaran a ser los relatos actuales. Esa persona o equipo de personas eran los creadores del Cristianismo tal y como se ha vivido durante siglos y siglos.

        El camino que quedaba hasta encontrar a "epi tes gues" no iba a ser largo, del orden de unos meses, si bien el estudio de lo hallado iba a durar años. En esos meses apareció el método del que hoy comenzamos a dar cuenta.

        La Didajé.

        El primer escrito cristiano primitivo analizado fue la Didajé. Eso está ya descrito en este blog, por lo que debo remitir al lector al artículo adecuado. Antes deseo indicar que la Didajé fue una transición muy apropiada, dada la facilidad con la que se descubrió su clave interna, la llave para descifrarla, el acróstico que se ofrece a simple vista a cualquier lector que la analice con ojos limpios. ¿Cómo es que nadie ha hallado la clave de la Didajé? Es algo que aún no me he explicado.

        Claro que sólo se pudo separar la Didajé original del resto de texto que la apretujaba, las firmas iban a venir más tarde. De modo que el lector sólo debe dar por conocida la traducción de la Didajé original. Eso es lo que el autor de estas líneas conocía tras analizarla. Eso, sus ideas-fuerza y sus muletillas. En el artículo al que en breve llegaremos hay, además, firmas de Simón, y muy bien dispuestas. Léanse, si no se hizo antes, pero sépase que eso no está en el menú de hoy.

        Pero lo más importante, de nuevo, irremisiblemente, todo escrito cristiano analizado estaba afectado por la misma plaga, constaba de dos etapas de redacción, limpia y razonable la primera, llena de apocalíptica y visión mágica la segunda. Aceptable la primera, inaceptable la segunda.

        Y por más que trataba de hallar el significado de tal hecho, las respuestas razonables no se presentaban. El tema era importante, pero todo aquello era indicio de algo que no estaba claro aún. Ni mucho menos.

        Ofreceré finalmente al lector el enlace para entrar en lo que deduje ser el original de la Didajé, recordándole que debe prescindir de todo lo que incluya firmas de Simón, personaje que aún no hemos conocido. Realmente, encontrar el original de la Didajé fue la tarea más sencilla que nunca vi. Estaba a la vista, esperándome. ¿Por qué?

        Entrada a la Didajé original.

Fernando Conde Torrens es autor de "Simón, opera magna", "El Grupo de Jerusalén", "La Salud" y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En www.sofiaoriginals.com expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano. En http://simonoperamagna.blogs.com hay comentarios y más información sobre este libro.