Los métodos

© Copyright Fernando Conde Torrens

 

 

 

        Sirva la presente a modo de introducción de cuanto se va a exponer en este trabajo. Ya se ha indicado que el objetivo del mismo ha sido acercarse al proceso de redacción de los escritos que forman la base de las creencias y filosofía de vida de Occidente, en concreto de nuestra religión cristiana.

        Tal vez haya quien pueda entender que tal estudio no tiene sentido hoy en día, cuando la gran mayoría de nuestra sociedad ha dado la espalda a tales prácticas. Aquí mantenemos la posición contraria. Todos los siglos que han transcurrido con nuestra sociedad en el seno de tales creencias han marcado de tal manera a nuestro diario vivir que, sin que seamos conscientes tal vez de ello, llevamos la marca del cristianismo hasta en nuestro carnet de identidad.

        Saber si tal influencia proviene de una fuente correcta o no será útil y provechoso, no sólo para nuestro conocimiento general, sino para la forma en que debamos encarar el futuro. No es baladí, es algo que debía estar ya solventado. Al menos, trataremos de aportar nuestros grano de arena a favor de tal objetivo.

        Los métodos de que aquí trataremos son tres. Existe un cuarto método, que no expondremos aquí, por no ser éste el lugar adecuado. La idea que prevalece en este estudio es que aportar tres métodos diferentes para analizar los escritos que dan base a las que han sido las creencias de Occidente y poder determinar su proceso de redacción es un logro que justifica la exposición que se va a hacer.

        Unas palabras sobre la pertinencia o no de la consideración de estos métodos. Han quedado ya definidos unos conceptos previos sobre las cualificación que se juzga necesaria para captar los métodos que aquí se expondrán. Rogaré al lector ausencia de prejuicios de todo tipo, tanto a favor como en contra de cuanto aquí se expone. Sólo así podrá juzgar en un tema si no delicado, sí sensible. Es obligación del investigador en estos temas lograr esa objetividad personal, esa ausencia de prejuicios, amén de tener en marcha su "ojo clínico".

        No es argumento juzgar si los instrumentos que se expondrán a la consideración del lector han sido ya expuestos con anterioridad por otros estudiosos o no, si han sido empleados con anterioridad o no. El argumento al que me remito es si son útiles o no para el fin que se proponen, si los humanos con comportamos de manera general, cuando escribimos, como los instrumentos indican o no.

        Reclamo un juicio objetivo, no una comparación relativa con terceros. Y pido un juicio global, cuando se hayan expuesto todos ellos y los frutos que producen. Reclamo un juicio basado en la práctica, cuando el método haya sido aplicado en la práctica, no en base a consideraciones teóricas. Y reclamo una puesta en práctica honesta, objetiva, inteligente, por parte del lector que a ello se decida. Están en juego las creencias de Occidente y con las creencias de toda un sociedad no cabe la frivolidad. Si alguna de mis reclamaciones es excesiva, pido con toda humildad que se me den las razones, y rectificaré éste y cualquier otro extremo que se me haga ver claro que estoy en un error. Como humano que soy, puedo errar.

        Los tres métodos a que se referirá este trabajo serán denominados como sigue:

  1. El método lingüístico. Fue el primero en aparecer por orden cronológico.
  2. El método del algoritmo, segundo que surgió en escena.
  3. El método de las dos cadenas de firma de Simón, el tercero.

        1. Método lingüístico. El método lingüístico surgió como superposición de una serie de instrumentos relacionados con la manera en que tuvo que producirse el proceso de redacción de los libros del canon cristiano, el Nuevo Testamento. Este método surgió para estudiar el proceso de redacción de los Evangelios, tras observar que en ellos convivían pasajes con verdades profundas y universales junto con otros conceptos que se alejaban demasiado de los conceptos anteriores.

        Creo que todos, absolutamente todos, estaremos de acuerdo en que en los Evangelios se dicen cosas verdaderas y profundas. Nadie creo que pueda defender que TODA la doctrina expuesta en ellos sea falsa o improcedente. La verdad que se encierra en los Evangelios, y no sólo en ellos, también en alguna carta, es lo que da valor a los mismos y los vuelve dignos de estudio.

        Tal vez haya quienes mantengan que no sólo hay verdad en ellos, sino que todo lo que en ellos se dice, absolutamente todo, es verdad y no admite distinción. A los tales responderemos que eso es lo que se trata de dilucidar.

        Los otros dos métodos no, pero el método lingüístico exige esa capacidad de distinguir de manera personal entre verdades diáfanas y doctrina objetable. El método lingüístico está diseñado para separar mediante argumentos DE FORMA lo que esa capacidad de diferenciación debe haber hecho sospechar, que tal vez existan diferencias en EL FONDO. Recalquemos que lo enjuiciado en el fondo es independiente de los instrumentos que analizan la forma. No es el momento de extenderse en estas disquisiciones, sino de entrar en la descripción de los instrumentos. Al hacerlo se verá la independencia a que es posible llegar.

        El método lingüístico es especialmente apropiado para textos en los que conviven doctrina auténtica y lo que pueda sospecharse que es doctrina de dudosa procedencia. Repito que el investigador no puede alegar ceguera, incapacidad personal ni colectiva para distinguir, y afirmar que, dado que él o ellos no distinguen, nadie puede distinguir, porque no hay diferencia alguna.

        En cambio, el método pierde bastante efectividad para lograr las eventuales etapas redaccionales cuando se aplica a escritos en los que no se da esa diferencia, esto es, a escritos en los que apenas hay doctrina profunda y universalmente válida. Comprobaremos en breve que los instrumentos se orientan a separar ambas capas. Allá donde no haya nada que separar, mal podrán servir unos instrumentos cuya finalidad es precisamente ayudar a tal separación.

        2. Método del algoritmo. Es el método más impersonal de los tres. Sirve especialmente para el caso de escritos que no se caractericen por su elevado contenido en verdades profundas. Es decir, es el complemente del método lingúístico, a aplicar en los caos en que el citado en primer lugar se vuelve un tanto inoperante.

        Su limitación, al menos hasta el punto en que ha sido aplicado, lo constituye la longitud del escrito. No se ha aplicado a ningún escrito de la longitud de un Evangelio. Se aplicó a cartas. La característica que ayuda a la efectividad en la aplicación consiste en que el estilo del escrito sea uniforme. Por poner un ejemplo, la Epístola a los Romanos tiene esa uniformidad de estilo que se indica. Es un documento largo, cierto, pero al leerla se tiene la impresión de que se ha escrito de un tirón. Ese tiempo único de escritura es lo que la hace especialmente propicia a la aplicación de este método del algoritmo.

        Para ser más concretos, el método consiste en hacer una hipótesis relativa a determinadas muletillas, adjudicándolas de manera provisional a la segunda etapa de redacción. Tal hipótesis conduce a ciertas extracciones encadenadas del texto que ha llegado a nosotros. Cuando se terminan las extracciones, debe quedar un texto con pleno sentido, con defensas de estructura, con acrósticos y algunas características peculiares que confirman la bondad o no de la hipótesis inicial. Las sucesivas extracciones son sensiblemente independientes de la voluntad del investigador.

        Conviene señalar que se describen los diversos métodos con sentido crítico y no al modo comercial o propagandístico. Los juicios debieran basarse en ellos mismos, no en las críticas que aquí se les hacen.

        3. Método de las dos cadenas de firmas. Fue el último en ser puesto a punto, por lo que se emplea a modo de CONFIRMACIÖN de los dos anteriores. Este hecho resulta ser de vital importancia. No sólo se dispone de un método para hallar la forma en que se redactaron los textos primitivos cristianos, sino que se dispone de dos métodos complementarios, los dos primeros. A aplicar a escritos con características contrapuestas. Y, acto seguido, cabe aplicar además, a modo de comprobación de la bondad de estos métodos primeros, un segundo método, absolutamente distintos de aquéllos, que proporciones de manera inequívoca otra manera de contrastar la génesis de cualquier escrito cristiano, con verdades profundas o no, corto o largo.

        El hecho de ser este tercer método el más conocido y también el más espectacular, por cuanto implica una determinada actuación en el momento de la redacción de los textos, no supone que los hallazgos se hayan realizado con él. NO ES ASÍ. Las etapas de redacción de los escritos cristianos primitivos se hallaron con los dos primeros métodos. Las conclusiones a que con los mismos se llegaron son igualmente impactantes y esclarecedoras. La redacción peculiar de los Evangelios se detecta y demuestra con los dos primeros métodos, sin hacer intervenir a Simón y sin contar con sus firmas.

        Suponer que todo el proceso responde a una búsqueda de firmas es una anacronismo, comprensible en quien no ha estudiado los dos libros en que cronológicamente se exponen los tres métodos, "El Grupo de Jerusalén y los Evangelios que generó", en primer lugar y "Simón, opera magna", el segundo. Publicado el primero en Septiembre de 2.002. y el segundo en Septiembre de 2.004. El primero explica, al nivel que podía hacerse en un libro para el mercado general, el primer método. En el segundo se explican, de manera todavía más simplificada, los otros dos métodos. La razón de tal simplificación fue abundantes comentarios recibidos en el sentido de que el primer libro era más un ensayo que un libro de divulgación.

        Ninguno de los dos libros cubren las exigencias que un Profesional puede precisar a la hora de analizar lo que aquí se defiende. Ése es el motivo de esta exposición. Es el momento de decir que no puedo reproducir en esta exposición la totalidad de detalles y argumentos que ya se incluyeron en ambos libros, de 320 y 160 páginas respectivamente. Por ello, he separado cuatro docenas de libros de El Grupo de Jerusalén y otros tantos de Simón, opera magna, que pongo a disposición de los investigadores y Profesionales cualificados que de modo liviano justifiquen su interés profesional por ambos.

        No pido compromiso de ningún tipo, ni se establece vinculación alguna, deseo completar en esta exposición lo que ya se dice en los libros. No deseo repetir lo mismo dos veces. Y deseo brindar a todo Profesional que desee entrar en el estudio del tema los documentos base. En principio, puedo enviar un par de libros certificados hasta destino, siendo éste el Departamento de la Facultad que sea en la Universidad que se me indique. Pido que figure el nombre del Profesor responsable que solicita el envío otro Profesor del Área. Estos datos no serán utilizados por mí nunca, serán destruidos, y no volveré a contactar ni al Profesor ni a la Universidad. Deseo enviar un libro por Departamento, y que funcione la fotocopiadora, si fuera conveniente, en este caso particular.

        Los Profesionales que no estén ligados a una Universidad pueden incorporarse a esta modalidad de envío certificado a su domicilio, no siendo éste una Universidad. En este caso, y para evitar excesos fácilmente comprensibles, pediré una carta de presentación y una declaración de intenciones que justifique, siempre en base a la buena fe mutua, la acogida del Profesional a esta modalidad. En ambos casos, el mail de contacto sería

fcondetorrens@hotmail.com

        Si, Dios lo quiera, los pedidos cubren mi mesa, me reservo el derecho a responder a los primeros 50, dejando siempre abierta la oferta a las Áreas relacionadas con la investigación bíblica de las Universidades españolas. Otras Universidades, especialmente las iberoamericanas, están también incluidas en esta oferta que, se comprenderá, tiene que ser limitada.

        Espero haber hecho lo que está en mi mano para promover el estudio de 3 métodos objetivos, serios, racionales y tendentes a arrojar luz sobre un tema que lleva 175 años sobre la mesa, saber cómo se redactaron los escritos fundacionales de nuestra religión cristiana.

        Están llamados a colaborar en este estudio, que no puede ser obra de una sola persona, como dijo alguien, fuera quien fuera, "todos los hombres (y mujeres) de buena voluntad."

Fernando Conde Torrens es autor de "Simón, opera magna", "El Grupo de Jerusalén", "La Salud" y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En www.sofiaoriginals.com expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano. En http://simonoperamagna.blogs.com hay comentarios y más información sobre este libro.