Escuela virtual de Sabiduría de Pamplona.

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Una carta de Jesucristo

Una carta de Jesucristo

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© Copyright Fernando Conde Torrens

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        Este asunto es casi desconocido, salvo para los estudiosos del «Cristianismo primitivo», pero Eusebio de Cesárea afirma, en su Historia Eclesiástica, libro I, capítulo 13, que un rey enfermo escribió a Jesús, y que Jesús le contestó con una carta que, felizmente, se ha conservado. ¡¡Eusebio mismo la sacó de los archivos y la tradujo!! ¿Qué mejor garantía?

        Que la carta de Jesús al rey Abgaros («encontrada» por Eusebio de Cesárea en los archivos de Edesa) es una burda falsificación es algo que la Iglesia reconoce. Matizando, ha tenido que reconocerlo cuando investigadores independientes y ajenos a la Iglesia han descubierto un anacronismo flagrante en el texto de la misma.

        Vamos a ver hoy una parte de ese capítulo 13, la que refiere la carta del pobrecito rey enfermo y la respuesta de Jesús. Las firmas de Simón recorren el texto griego de todo el pasaje, revelando que la afirmación de que el texto está traducido del siríaco es pura falsedad. El texto lo compuso la persona que firmaba con «Simón» todo lo que escribía, Eusebio de Cesárea.

        Veamos en primer lugar los antecedentes. Explica Eusebio al principio del capítulo 13 que la fama de Jesucristo como hacedor de milagros se había extendido por todo el entorno de Israel. Y el rey de Edesa, que como es lógico era muy bueno, escribió una carta a Jesús pidiéndole que fuera a verle y le curara de algo grave que tenía. Jesús no le hizo caso y no fue. No obstante, le compensó con una carta escrita de su propia mano. En ella le decía que más tarde le enviaría a alguien que, no sólo le curaría, sino que encima le convertiría, lo cual era aún mejor.

        De modo que, una vez que hubo resucitado de entre los muertos y ascendido a los cielos, como Dios manda, inspiró desde allí a Tomás, para que se acordara de la promesa contenida en la carta famosa. Y Tomás no tuvo más remedio que enviar a Edesa a uno de los innumerables discípulos que merodeaban por Jerusalén. No se sabe bien si el enviado fue uno de los 72 que menciona Lucas o uno de los 500 a los que Jusucristo se apareció, según Pablo. Sea quien sea, este Tadeo llegó a la corte de Abgaros, curó al enfermo rey con sólo tocarle el hombro, curó luego a un cortesano y más tarde a otros muchos enfermos que pasaban por allí. Y con los preparativos de una predicación de Tadeo a los ciudadanos de Edesa se termina felizmente el capítulo 13.

        No voy a reflejar las firmas de todo el capítulo, sólo del fragmento que nos interesa, las dos cartas y el anacronismo. En el libro «Año 303. Inventan el Cristianismo» viene correspondencia completa, con la respuesta de Jesús, que es donde se contiene el anacronismo. Ésta es una traducción del texto griego del pasaje mencionado.

 

Historia Eclesiástica de Eusebio de Cesárea.

 

    Carta del rey Abgaros

  1. Abgaros rey al Maestro bueno manifestado en Jerusalén, salud.

    He tenido noticias de ti y de tus curaciones, según me dicen sin hierbas ni medicinas. Según lo que se dice, recuperan la vista los ciegos, caminan los cojos, los leprosos son limpiados, a los espíritus impuros y demonios expulsas, a los que tienen graves dolencias se las curas, y a los difuntos les resucitas.

  1. Y oídas todas estas cosas sobre ti, supongo en mi cabeza una de dos, o tú eres Dios y has bajado del cielo, o eres el hijo de Dios que hace estas cosas.
  2. Te pido que vengas para curar la enfermedad que tengo. He oído que los judíos murmuran de ti y proyectan hacerte daño. Mi reino muy grande no es, pero suficiente para nosotros dos.
  3. Y esto escribió lograda una ligera iluminación de la divinidad. Conviene ya saber lo que le respondió que fue corta en texto pero grande en fuerza:

Respuesta de Jesucristo.

  1. Bienaventurado si en mí tienes fe, aunque no me hayas conocido, porque escrito está sobre mí que los que me vean no creerán en mí, y en cambio los que no me vean creerán y tendrán vida.
  2.  Sobre lo de ir a ti según me escribes, necesarias son todas las cosas para las que he sido enviado aquí, las  completaré y después de completarlas ascenderé al que me envió. Y tan pronto como ascienda a lo alto, de mis discípulos te enviaré a alguno, a fin de que te cure de tu mal y os dé la vida a ti y a los tuyos.
  3. A esta carta acompañaba la versión siríaca a continuación. Mas luego de ascender Jesús Judas le envió, con el apodo de Tomás, al apóstol Tadeo, uno de los setenta.

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Una carta de Jesucristo

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        Como ya se dijo en el libro, el anacronismo es ese «escrito está sobre mí.« Difícilmente puede Jesús escribir en vida esa frase, citando unos escritos que verán la luz bastante después de su muerte. Luego la carta está escrito por alguien que vivió después de haberse escrito el Nuevo Testamento, no por Jesús. Ahora tenemos pruebas de que la escribió precisamente el equipo que elaboró todo el Nuevo Testamento, rojo y azul.

        Este capítulo, el 13 del libro primero, no se diferencia en nada del resto de capítulos de la Historia Eclesiástica. Ha sido reconocido por la Iglesia que Eusebio se «columpió» de manera total en este capítulo y lo mismo se puede ahora predicar del resto de su particular «Historia». La historia del Cristianismo anterior a Nicea es tan cierta como la historia de la carta de Jesús al rey Abgaros. Todos los textos que nos hablan de dicho «Cristianismo» están tan recorridos por firmas de Simón de la nuca a los pies como los que estamos viendo en estos artículos. Desgraciadamente es así, y eso no podrá borrarlo nadie nunca jamás.

        Otra falsificación que ha hecho correr ríos de tinta es la interpolación que Simón preparó sobre Jesús en Flavio Josefo. Ha habido cantidad de investigadores independientes que han puesto el dedo en la llaga sobre lo inverosímil de las afirmaciones admiradas de Josefo sobre Jesús. Ha sido inútil. Los partidarios del «montaje» siempre han contrapuesto a algún «investigador» fiel que ha llegado a la conclusión opuesta, la errada.

        Está demostrado por la insistente Historia que los partidarios del «tinglado» no se van a dejar persuadir por razón o demostración alguna. Tendrán que ser legión quienes apoyen la sensatez y la edad adulta y entonces, sólo entonces, y a regañadientes, no tendrán más remedio que aceptar lo inevitable. ¿Y cuándo será eso? Y responderemos como el lobo de La Codorniz ¡Uuuuuhhhhhh…!

 

……….  Fernando Conde Torrens es autor de «Simón, opera magna», «El Grupo de Jerusalén», «La Salud», «Año 303. Inventan el Cristianismo» y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En www.sofiaoriginals.com expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano.

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