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Una Ideología como Dios manda y Mundo helenístico 17

«Una Ideología como Dios manda y Mundo helenístico 17» explica los logros que aquellos primeros «buscadores» y cómo divulgaron los secretos más valiosos del ser humano.

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© Copyrigth Fernando Conde Torrens, el 16-6-2.010

 

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        Habiendo demostrado al final del artículo pasado que a Occidente le falta un hervor, vamos a profundizar – sin ponernos pesados – en qué quisimos decir cuando el día pasado defendimos que los griegos de la Antigüedad habían encontrado «las Ideas correctas y universales«. 

        Ya muchos de nuestros contemporáneos han llegado a la conclusión de que las religiones que han nacido y se han extendido en ciertas áreas geográficas, las denominadas religiones monoteístas, no pueden ser la Verdad Universal, no pueden tener validez cósmica. Están pensadas para cierto tipo de persona, con determinadas características, son fruto de su circunstancia histórica y tienen una componente étnica o política en su base. No es que estas religiones sean malas, no … Son insuficientes, parciales, incompletas. Y tal vez les falte lo más importante. Al menos, a la nuestra.

        Tampoco las religiones o creencias primitivas, politeístas ellas, eran la Verdad Universal. Eran intentos locales de explicarse fenómenos naturales de apabullante presencia y desconocido origen. Hoy conocemos el origen de las tempestades y no tenemos que creer en un dios Eolo que guarda los vientos en ánforas y los suelta cuando está enfadado con alguien o por algo. Se han desvanecido la causa que muchos humanos tenían en la Antigüedad para dar fe de lo que decían sus sacerdotes.

        Tampoco parece de recibo que cada cual pueda creer en lo que quiera Y QUE ESO SEA CIERTO. Hoy en día, conociendo el origen de las tormentas, hay mucha gente que se declara atea. Bien está, para eso tenemos libertad de pensamiento. Tengo para mí que tanto da que uno sea un ateo convencido, como que vaya a la iglesia una vez por semana, los domingos, por ejemplo. Lo que define a la persona no son sus creencias, sino sus comportamientos, sus actos; sus hechos, no sus dichos. En que medida practica la Ética. Y que crea o no, es indiferente.

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Una Ideología como Dios manda y Mundo helenístico 17

    Lo mejor se esconde dentro

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        Pero, ¿por qué hay esa división hoy en día entre personas que creen en un determinado Dios y personas que no creen que lo haya? También los helenos antiguos, desde el año 500 hasta el 400 antes de nuestra era se plantearon que los dioses del Olimpo de Hesiodo no tenían credibilidad, para ellos. Y reflexionando, llegaron al auténtico conjunto de verdades de validez universal, fruto de su propia experiencia. ¿Cómo lo hicieron? ¿Cómo encontraron? ¿Qué tenían ellos de particular? ¿Por qué fueron tan eficaces y en sólo 100 años, o 200, si se quiere, fueron capaces de fundar Universidades del Conocimiento, siendo así que nosotros hoy en día, en todo Occidente, pasados más de 20 siglos, no tenemos ni una?

        Intentaremos aportar un minúsculo granito de arena al problema de las Ideas, granito que sea válido tanto en la Antigüedad, como en el presente y en el futuro, nada menos. Defenderemos que el asunto éste de si hay Dios o no, y cómo es Él, es una cuestión de capacidades del ser humano. Supongamos por un momento que cada uno de nosotros, todos los humanos, todos los nacidos de madre, tuviéramos Facultades extra-sensoriales fantásticas. Todos seríamos capaces de viajar en el tiempo, de adivinar lo que piensan los demás, de conocer el futuro, en fin, de todo lo que el lector pueda imaginarse en una borrachera del tipo de los caza-fantasmas. Pero nadie nunca habría soñado en preguntar cómo se ponía en marcha cada una de esas capacidades. Y por ello, nadie las practicaba. Nadie sabía de qué era capaz. Esas capacidades no eran humanas, según pensaban todos los humanos. Eso quedaba para las novelas de ciencia-ficción. Sin embargo, lo eran. Y universales. Hasta aquí, el ejemplo.

        Los humanos tenemos bastantes Capacidades que la mayoría no emplea. Es ya un tópico, por leído, que sólo empleamos un porcentaje ridículo de nuestro cerebro, sea el 10 o el 20%. Y vivimos tan campantes. El superar la etapa de las creencias y pasar a la etapa de saber es una experiencia que los helenos antiguos acometieron. Y, como eran varios, algunos la tuvieron. Y lo describieron, y a los otros les sirvió. En esencia, la primera Capacidad, la más fácil, consiste en cambiar el creer por el Saber. Claro que hay que encontrar la fuente de ese Saber.

        Según esta somera descripción del sendero de la evolución del humano, creer es un primer escalón. Por eso creer en Dios o no creer en Dios es similar: Ese humano anda todavía en el nivel de las creencias. Y como ése no es el nivel definitivo, en qué crea no tiene prácticamente importancia. Y en qué deje de creer, tampoco.

        Esas Capacidades se ponen en marcha con la voluntad de ponerlas, mirando donde hay que mirar. Pero para mirar, hay que querer mirar. Hay que tener la capacidad de querer mirar. Y no todo el mundo la tiene. Tener esa capacidad, la de querer mirar, ya es un paso de gigante … ¿Cuándo llega el humano a tener la capacidad de querer mirar? Cuando se cansa de servirse sólo de la mente y capta lo voluble, traidora y veleidosa que es ella. Mientras estamos contentos con el servicio que nos da la mente, las capacidades dormitan. Cuando alguien dice «creo en tal cosa» o «no creo en tal cosa«, está usando la mente. Por eso hemos dicho que da igual creer que no creer; ambas posturas son igual de incompletas.

        ¿Se tarda mucho en adquirir capacidades? Mmmm … No menos que hacerse Doctor en Medicina. Nadie piense que las cosas serias son cosa de «aquí te pillo, aquí te mato«. Hay que esforzarse, indudablemente, no menos que para terminar una Carrera larga.

        ¿Sirve de algo hacer propaganda de las Capacidades ésas? En esta Casa hemos llegado a la conclusión experimental de que no sirve de casi nada, sólo como curiosidad. Las cosas son como sigue: Hay muchísima gente que nunca verá la propaganda. Para toda ella, dicha propaganda es inútil. Otros la verán, pero no la entenderán, porque no tiene la capacidad de querer mirar. Y sólo leerán, sin entender. Inútil propaganda para ellos también. Quienes vean y la entiendan, es porque ya saben lo que en la propaganda se dice, y por tanto no la necesitaban en absoluto; ellos ya estaban mirando y aprendiendo antes de leer la propaganda.

        Así que no sé por qué me canso …

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Enlace con el próximo día.

 

………. Fernando Conde Torrens es autor de «Simón, opera magna», «El Grupo de Jerusalén», «La Salud» y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En http://www.sofiaoriginals.com/ expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano.

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