Escuela virtual de Sabiduría de Pamplona.

fcondetorrens@hotmail.com

Agradecimientos

Agradecimientos

Aportación de Astrid

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“Sólo un exceso es recomendable en el mundo: El exceso de gratitud”. 

Jean de la Bruyère

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Tercera Parte.   Agradecimientos

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……….   Antes de comenzar la Tercera Parte, quiero decir que en mi ir y venir como estudiante de Medicina y como Médico Psiquiatra, he presenciado la muerte de muchos pacientes, así como la alegría de sus recuperaciones. Pero solo estás cuatro personas me marcaron de una manera especial. También quiero decir que soy una persona común y corriente, como cualquier profesional en la atención de sus pacientes. Pero siempre me ha caracterizado una gran empatía por las personas que sufren.

……….   Es por eso que preferí la Psiquiatría, ya que el sufrimiento de estas personas alienadas por la sociedad  me produce muchas ganas de ayudarlos. Y he tenido muchas satisfacciones de curación con mis pacientes psiquiátricos.

……….   Pues bien, nunca me he considerado una persona con dones especiales. No sé si mi rareza infantil de querer ver a la Virgen era una manera de huir de ciertas situaciones muy dolorosas que viví en esa época y no vienen al caso.  Ahora, de adulta, estoy segura de qué sí, era la niña imaginando que era digna del amor de la Virgen María.

……….   Lo narrado ahora viene por mi amistad con el escritor Fernando Conde Torrens, a quien conocí por su canal de Youtube. Y me llamó la atención su ponencia sobre los “buscadores”, la Mente Superior, las Reglas, etc.

……….   Lo logré contactar por Facebook. Le comenté mis experiencias y me dijo que pusiera en práctica la Mente Superior y el Corazón Superior. Yo no tenía ni idea que había tenido los llamados “Contactos”. Habían sido muy espaciados. Pero siempre sentí una protección especial de seres. En dos oportunidades fui víctima del secuestro en mi país. Y los secuestradores me dejaban ir. Y hasta les daba miedo, ya que decían cosas en la jerga venezolana como “Zape, está señora está como poseída, es rara. Yo vi una sombra …”. Y el otro secuestrador se persignaba y decía ” Bicho que va mano, tiene a las ánimas”. Y yo aprovechaba y no sé por qué respondía con serenidad y con otra voz les decía: “Hijos míos, me deben soltar.” Ahora lo recuerdo y me río. Quizá estaba de verdad “acompañada”. En esos momentos no lo entendía. Ahora sí.

……….   Mi experiencia puntual con mis amigos se presentó en Diciembre. Estaba acostada y pensativa. Me gusta escuchar la Serenata de Shubert e imaginarme cómo esa niña llena de inocencia que quería ver la Virgen. Comienzo a escuchar la música. Comienzo a ver a la niña que sé que soy yo.

……….   Comienzo a sentirme muy liviana, mucho, y la música me invade, se mete dentro de mí. Y me voy, me voy, asciendo. Me invade siempre un Gozo tan grande y me siento tan agradecida con Dios por darme esta sensación … Y me comienzan a brotar muchas lágrimas, no paro de llorar. Pero no de tristeza … lloro porque ese Gozo es tan intenso que las lágrimas fluyen solas.

……….   En otras ocasiones sigo subiendo. Veo casi siempre colores de azul claro, verdes. He tenido otras visiones, pero aquí voy a narrar está solamente: Estaba yo parada en un sitio de color azul, con un pequeño riachuelo. Había olor a flores y comencé a llorar y a sentir unas presencias muy llenas de amor.

……….   Veo primero una sombra de figura humana, cada vez más blanco era como de nieve, llena de luz. Y lo vi. No me pregunten como sabía, pero era él, era el señor Giuseppe.

……….   Y me dijo: “Bambina”. Lo sentí dentro de mí, en mi mente. Y me dijo: “Déjame decirte que estoy feliz. Y quiero darte las gracias por reír conmigo.” “Reír conmigo· … esa voz en mí … Yo me sonreía y me provocaba abrazarlo, pero no se podía. Había como una barrera que no me permitía llegar a ese ser de luz. Fue desvaneciéndose.

……….   Y luego vienen dos personas más. Eran Ramón y la señora Carmen. Y me extendían sus manos, con mucho amor, muchísimo amor. Yo no paraba de llorar. Ellos no hablaron, no me dijeron nada, pero eran ellos. Hay como una especie de forma y configuración corpórea, que me dan la seguridad de que eran ellos. Y desaparecieron.  

……….   Para aparecer Caridad. Ella me dijo: “Gracias Doctora, gracias por ayudarme a partir. Yo cuido de mi hija. Ya mi madre está conmigo.” Y ahí sí hablé yo, llorando mucho. Le dije que la quería mucho yo también, que me acordaba de la estampita, debajo de su almohada. Y ella … asintió con la cabeza. ¡Cómo quería abrazarla …! … pero no podía. No veía nada que me impidiera ir, pero era una barrera fuerte, densa, invisible.

……….   No sé cuánto tiempo pasé  llorando. Pero no de tristeza. Cuando tuve conciencia de mí estaba agotada. Me dolía el cuerpo, no tenía mucha fuerza y seguí llorando. No sé por qué recé. Luego me levanté a tomar agua. Me sentía deshidratada. Volví a la cama y me dormí …

 

Agradecimientos

 

 

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