Escuela virtual de Sabiduría de Pamplona.

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Evacuación de un familiar querido

Evacuación de un familiar querido

Aportación de Astrid

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……….   Estaba yo en un estado que no podría llamarlo vigilia, pero no sé si estaba profundamente dormida. Lo cierto es que comienzo a ver un ambiente nocturno. Había un lago, pero no podía describir qué vi ahí. Estaba de noche.

……….   De pronto la vi. Alta, pálida, rubia, con esos ojos azul claro. Ella tenía puesto un conjunto de chaqueta y pantalón azul oscuro, que se lo había visto muchas veces y destacaba aún más su blancura y altivez. La reconocí en el acto y sentí algo extraño. No me dio alegría, ni tristeza. Sólo me preocupé, porque la vi tan sola. Me acerqué a ella y la vi nerviosa y asustada.

……….   Le dije “Tata – así la llamaba – ¿qué haces aquí?” Y me dijo: “¡Por fin veo a alguien conocido … ¡ Estoy pérdida, no sé cuándo me perdí.” Y yo le dije “Yo te vi la última vez en la parada del autobús” – cosa que fue cierta. Ella fue a despedirnos y al segundo día de estar en el sitio en el cual vacacionaba, me llamaron para decir que mi tía Isabel había fallecido. Le dije: “Ahí te vi.” Y me respondió: “No sé qué me pasó; estoy pérdida.”

……….   En eso me vienen deseos de protegerla y llevarla no sé adónde. Y me vino a mi visión su vida: Era muy soberbia, inteligente, independiente, algo misántropa, con una respuesta agria a quien la contradecía. Nunca tuvo hijos y sé que se casó y se divorció. Fue muy autosuficiente. Luego, a medida que los años fueron pasando, era una mujer sola. Escribía poesías y llegó a ganar en el género literario. Sólo fumaba, renegaba de los curas y de la Iglesia Católica.

……….   Cuando siento su vida, yo comienzo a llorar con profundo dolor. La vi tan solita, como si nadie la hubiese querido … Yo la abracé y le dije que la amaba y que me sentía orgullosa de ella. La abracé y le di la mano.

……….   Espontáneamente, caminamos las dos e íbamos seguras, no sé adónde, pero yo tenía seguridad. Se iba haciendo de día, cada vez más de día. El cielo azul claro, más claro, más, más … Ya era todo una luz. Yo no podía seguir más. Ya no veía; la luz me cegaba. Ella sí. Ella entonces desapareció. Yo la llamé, pero no escuché nada. Sólo sé que sentí mucha paz, muchísimo amor por mi Tata Isabel. 

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Evacuación de un familiar querido

             Hacia la Luz

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Siguiente artículo de Astrid: Experiencias con pacientes Primera parte

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