El Sanatorio y Hospedería de Epidauro Mundo helenístico 82, y un Teatro gemelo, o parecido, en tierra hispana.
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© Copyrigth Fernando Conde Torrens el viernes 2-3-2.012
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Habíamos visto el Teatro del Sanatorio de Epidauro. Como son gratis, voy a colgar un par de imágenes del mismo que terminen de darnos una idea completa de su fisonomía, de su grandiosidad. Todos los teatros tenían unas puertas de acceso en la misma posición, a ambos lados de la escena. Y era obligatorio girar noventa grados para enfocar el pasillo que daría acceso al teatro propiamente dicho. La parte anterior a dichas puertas era un amplio espacio donde se estiraban las piernas entre acto y acto, donde se charlaba, como se hacía también en el ágora. Los griegos eran muy habladores, gustaban de conversar, de discutir de política y del pancracio, una especie de lucha libre en que casi todo estaba permitido.
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Una de las puertas de acceso al Teatro de Epidauro

(Fuente: Colección propia.)
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Comparemos nuestro Teatro de Epidauro con otro romano que nos es conocido, el de Cartagena. El de Epidauro se construyó hacia el año 330 AEC. El de Cartagena es obra de Augusto, y fue hecho rondando el cambio de era. El prestigio del patrocinador se vertió en el conjunto, mucho más monumental, el de Cartagena, que el de Epidauro. El tema que nos ocupa es la similitud de diseño de las entradas al Teatro. La entrada al que veremos es ese pórtico reconstruido entre el escenario, con las planchas de madera rojizas, y las gradas, algo más allá de esa señora con bolso blanco. Nótese la similitus de diseño de la puerta, éste de un solo vano.
Recuerdo al lector que hacia el siglo V se derribó el Teatro de Cartagena y sus materiales se usaron para hacer un mercado medieval, rellenado los huecos y fosos del teatro con fustes y capiteles de columnas.
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Entrada al Teatro de Cartagena, patrocinado por Augusto

(Fuente: Colección propia.)
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Me dijo un Arqueólogo que había intervenido en las excavaciones que el Teatro de Cartagena era mayor que el de Mérida (Emérita Augusta), que tenía más capiteles. Pero volvamos a Epidauro, nuestra estrella de hoy.
Desde el Teatro del Sanatorio de Epidauro, la vista que se tiene desde lo alta de la cávea. Se aprecia el espacio para pasear, antes de entrar al Teatro. Nótese la pronunciada pendiente, dada por la inclinación del monte. Según el artículo al que enlazamos en el anterior artículo parece ser que dicha pendiente tiene que ver con la buena acústica del Teatro. Nótese la regatilla que permitía que el trasero del espectador estuviera un poco más alto y no ser mojara, si al de atrás se le derramaba algo. Las dos personas sentadas, que son un matrimonio ya mayor, nos dan una idea perfecta de la escala del Teatro y de su capacidad. Piénsese, además, que el Sanatorio de Epidauro – aun contando con un Templo a Asclepio, el dios de la Medicina – no era Atenas, Corinto, Tebas, ni Esparta. Hay que darse cuenta de estos aspectos para situar la obra en su época.
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Vista desde lo alto de la cávea del Teatro de Epidauro

(Fuente: Colección propia.)
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Démonos ahora un paseo por el complejo del Sanatorio. Éste se ha conservado en muy inferiores condiciones que el Teatro, a pesar de estar cercano. Sólo se conservan prácticamente los cimientos. Ni una mísera pared ha quedado para la posteridad. Si la reconstrucción está bien hecha, y ello es casi obligatorio, se observa que las habitaciones eran diminutas. Más tarde supe que estas ruinas eran la antigua casa de huéspedes, hospedería o albergue, donde residían los acompañantes a los enfermos, que se hospedaban en el Sanatorio.
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Hospedería del Sanatorio de Epidauro

(Fuente: Colección propia)
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En la siguiente imagen se aprecia el método constructivo de la Antigüedad, las grapas. Se unían mediante una grapa metálica, creo recordar que de plomo, cada dos piedras contiguas. De ese modo se aseguraba al estabilidad contra viento y marea, y también contra los terremotos, que tan devastadores resultaban entonces, más incluso que ahora.
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Restos de la Hospedería del Sanatorio de Epidauro

(Fuente: Colección propia)
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Estos son los recuerdos que obtuve de mi visita a Epidauro, pero ya he comentado (¿o no he comentado?) el origen de esta visita: Fue una pura improvisación. Dejo el relato para el siguiente artículo.
Enlace con el próximo día: La Educación en el mundo helenístico 83.
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………. .Fernando Conde Torrens es autor de «Simón, opera magna», «El Grupo de Jerusalén», «La Salud» y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En https://www.sofiaoriginals.com/ expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano.
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El Sanatorio y Hospedería de Epidauro Mundo helenístico 82 El Sanatorio y Hospedería de Epidauro Mundo helenístico 82
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