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Egipto Antiguo 158 Ataque epiléptico en plena batalla

Egipto Antiguo 158 Ataque epiléptico en plena batalla, la definitiva entre Julio César y Escipión.

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© Copyright  Fernando Conde Torrens, el Lunes 23-12-2.013

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          En el anterior artículo hemos visto cómo Julio César cambia una vez más de campamento y se sitúa copando los accesos de Thapso, un puerto de mar de cierta importancia estratégica, con objeto de forzar a Escipión a guerrear. Pero éste se sitúa tierra adentro, en la península, y sitia a su vez a las tropas de César. Esto es más de lo que Julio César puede aceptar.

            César vuelve de inmediato al campamento. Para las obras que estaba haciendo para reforzar el sitio de Thapsus, deja a uno de sus oficiales, Nonio Asprenate, al mando de dos Legiones para proteger el campamento y ordena salir al resto de las Legiones, la caballería y las tropas auxiliares, formándolas frente a las tropas de Escipión. Éste todavía estaba dedicando parte de sus tropas a reforzar las fortificaciones del campamento.

            Como Escipión había situados a sus elefantes, en número de 60, a ambos lados de la formación, en las alas, César organiza sus tres líneas manteniendo las Legiones VII y X en el ala derecha. La VIII y la IX en el ala izquierda. Con cinco cohortes de la Legión V forma una cuarta línea que reparte en ambas alas, como refuerzo para luchar contra los elefantes. Dispone que los arqueros y honderos se sitúen en las alas, con el mismo fin. La infantería ligera, junto con la caballería, también fue a ocupar las alas. Realizado el despliegue, César esperó a ver si el contrario iniciaba algún tipo de ataque.

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Grabado sobre la batalla de Thapso

Egipto Antiguo 158 Ataque epiléptico en plena batalla

(Fuente: Comentarios de César. Conde Turpin de Crissé. Amsterdam, Leide, Rotterdam y Utrech. 1.787)

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            Y lo que vio fue un movimiento extraño en el personal de Escipión que guardaba su campamento. Entraban y salían del mismo como sin saber qué hacer, sin tener órdenes claras de cuál era su misión. Eso también lo vieron sus oficiales y se lo indicaron. César seguía sin dar la orden de iniciar el ataque. César se dio cuenta de que su peor enemigo estaba a punto de aparecer.

            Su médico nunca se separaba de él, ni en las batallas. Ambos sabían lo que podía suceder si César tenía uno de sus ataques de epilepsia en plena batalla. Por eso el médico había sido tajante, si el ataque venía, la batalla debería esperar. Llegado el ataque, podía ser vital que el médico estuviera al lado del paciente, para protegerle de sí mismo. Por eso César procuró serenarse. En el momento cumbre no podía delegar su mando.

            Él y todos sus oficiales sabía lo qué tenían que hacer según el curso que tomara la batalla. Y todos esperaban sus órdenes, emitidas mediante toques de trompeta, para dirigir a sus hombres. César no tenía previsto un sustituto para sí mismo. Tenía que resistir. Por eso no contestó a los oficiales que le acompañaban. Sabía que todos deseaban avanzar, pero él tenía que dominarse antes de desencadenar la carga de sus tropas. Fueron momentos de gran tensión y el más afectado era el propio César.

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Busto de la diosa Ceres. Siglo II AEC. Museo Nacional de Roma

Egipto Antiguo 158 Ataque epiléptico en plena batalla

(Fuente: Historia del Mundo Antiguo. Tomo 41. F. Marco Simón. Ediciones AKAL, S.A. 1.990)

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            Y se volvió a repetir el incidente de la vez pasada. En algún lugar del ala derecha, la misma que iniciara la carga precipitada en Rúspina, un corneta, alentado seguramente por sus compañeros, lanzó al aire la orden de carga. Muchos centuriones se dieron cuenta de que no se había oído el toque desde el puesto de mando, ordenado por César, y trataron de frenar a sus centurias. Pero los de atrás habían echado a andar y empujaban a las filas primeras. Y éstas se echaron encima de su propio centurión.

            César se dio cuenta de que, en el peor de los momentos, las Legiones iniciaban la marcha en contra de su voluntad.

            «Pero pensó detenerlas era peor«.

            Dio orden al corneta de toque de marcha y se lanzó hacia adelante con su caballo. Sus ayudantes le siguieron. Toda la formación vio que su comandante en jefe encabezaba el ataque. Los centuriones se sumaron a la marcha hacia adelante. Una vez más, «la suerte estaba echada«.

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Antigua moneda romana. Jano bifronte y proa de nave. Museo L. Pigorini

Egipto Antiguo 158 Ataque epiléptico en plena batalla

(Fuente: Historia del Mundo Antiguo. Tomo 38. S. Montero et alia. Ediciones AKAL, S.A. 1.990)

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            Los esfuerzos de César por dominarse no sirvieron para superar, ni retardar, la crisis que se avecinaba. Habían sido demasiadas semanas en tensión y hacía demasiado tiempo, en Alejandría, desde que César había sufrido la última crisis. Su médico se la esperaba y le había advertido.

            «Posiblemente – se dijo César al notar los síntomas típicos, que empezaban siempre por una desconexión con cuanto le rodeaba – la preocupación por el riesgo de asedio ha sido la gota que ha colmado mi vaso esta vez«.

            Alertado el médico, habían preparado la silla de mano de César y un doble equipo de porteadores estaba detrás de la formación, a la espera de órdenes. César iba delante de la formación y fue entonces cuando su médico, que no le perdía de vista e iba no muy detrás de él, vio que se inclinaba sobre el cuello del caballo. Era el mareo característico.

            Levantó el brazo, llamando con una señal convenida de silbato a los porteadores de la silla. Éstos llegaron  corriendo, portando la silla, que daba tumbos sobre el terreno. Pudieron poner a César boca arriba y el médico, Paulino, le metió un palo acolchado en la boca. César lanzaba espuma blanca por su boca entreabierta, tenía los brazo encogidos y todo su cuerpo sufría convulsiones de corta duración. Le sujetaron los brazos, lo levantaron y lo metieron en la silla de brazos, dotada de cortinas. Salieron a toda prisa hacia el campamento. Paulino, con el caballo al trote, vigilaba la marcha.

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Enlace con el próximo día: Egipto antiguo 159. La batalla de Thapso.

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        Fernando Conde Torrens es autor de «Simón, opera magna», «El Grupo de Jerusalén», «La Salud» y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En http://sofiaoriginals.com expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano.

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