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Egipto Antiguo 172 Aprendizaje de Cleopatra VII a domicilio

Egipto Antiguo 172 Aprendizaje de Cleopatra VII a domicilio, o la duda que Julio César no se atrevió a plantear en Alejandría.

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© Copyright  Fernando Conde Torrens, el Viernes 14-2-2.014

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          En el anterior artículo hemos visto a Julio César y Cleopatra iniciando algo.

        A la vez que le miraba y le sonreía, Cleopatra desató el cinturón del manto de César y lo dejó caer al suelo. El manto se abrió un poco, pero no lo suficiente. Cleopatra lo dejó estar así. Mientras tanto, y sin dejar de acariciarle, César le iba soltando las cintas del cuerpo del vestido, y finalmente éste cayó hasta la cintura, dejando al descubierto los pechos y el torso de ella. César se inclinó para besarlos. Eran menudos, aunque con la lactancia, que sólo había durado un par de meses, habían crecido algo. Acto seguido, retiró la falda del vestido. Quedaba una falda larga, de lino blanco, que Cleopatra tuvo que ayudar a bajar, o perdía el equilibrio. Ambos rieron al tambalearse ella. Cuando ella estuvo desnuda, él se quitó el manto blanco y ambos se miraron y sonrieron. De común acuerdo se echaron sobre el lecho, uno al lado del otro.

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Joven vertiendo un perfume. Museo de las Termas. Roma

Egipto Antiguo 172 Aprendizaje de Cleopatra VII a domicilio

(Fuente: Historia de la Humanidad, Tomo 11. Roma Imperial. María José Hidalgo et alia. Arlanza Ediciones, S.A. 2.000)

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          César comenzó el ya habitual, aunque lejano, turno de caricias y besos. Ella le respondía con igual pasión. Aunque hoy sería «unión corta», el ritmo lo controlaba la Reina. Sabía llevar a César al borde del clímax y, advirtiéndolo, retrasarlo, centrándose en otra parte de su cuerpo menos erógena. En eso era toda una experta. Y eso a César le encantaba. De ese modo, aun las «uniones cortas» se volvían más largas que ninguna otra que tuviera con mujer alguna, incluida Calpurnia, que era una principiante en las artes amatorias.

          César se había preguntado más de una vez de dónde había sacado ella tanto conocimiento sobre el sexo. Pero en Alejandría no creyó oportuno preguntárselo, máxime estando ambos en peligro, cercados por el enemigo común. Se lo preguntaría ahora, en Roma, lejos de los suyos. César dejaba hacer y se conformaba con acariciar la parte de su amante que tenía al alcance.

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Vaso de terracota. Museo Arqueológico. Arezzo, Toscana

Egipto Antiguo 172 Aprendizaje de Cleopatra VII a domicilio

(Fuente: Historia de la Humanidad, Tomo 10. Roma Republicana. J. M. Roldán et alia. Arlanza Ediciones, S.A. 2.000)

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        Tras atrasar por dos veces la unión íntima, Cesar agarró el brazo de Cleopatra y la atrajo con cierta prisa junto a sí. Ella ya sabía el significado del gesto y se colocó a su lado. Dejó que su amante la penetrara y sintió la entrega de él. El tiempo sin tener relaciones y las expectativas del inminente encuentro hicieron que también ella llegara al orgasmo con facilidad, casi al mismo tiempo. Normalmente, debían cambiar de postura para que ella lo lograra. Pero esta vez no fue así. Gimió y gritó por largo rato, sin dejar de moverse. Luego llegó el descanso.

        César la mantenía rodeada por los hombros con su brazo. Él era mucho más corpulento que ella y ella dejaba su brazo libre sobre el torso de él. A César le gustaba cerrar los ojos y rememorar los momentos recién vividos. Ella lo sabía y se limitaba a apretarse junto a su cuerpo. Pasados unos minutos, él inició la conversación.

        – «¿Sabes una cosa que me he preguntado muchas veces sobre nuestro amor?«

        – «Si no me lo dices, no», respondió ella con una sonrisa.

        – «No me atreví a preguntártelo en Alejandría. Pero me tiene perplejo que siendo tú tan joven y siendo yo el primer hombre que has conocido, sepas tanto de los hombres. ¿Cómo lo has hecho?»

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Columna de Antonino Pío. Museos Vaticanos

Egipto Antiguo 172 Aprendizaje de Cleopatra VII a domicilio

(Fuente: Historia de la Humanidad, Tomo 11. Roma Imperial. María José Hidalgo et alia. Arlanza Ediciones, S.A. 2.000)

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        Cleopatra sonrió durante un rato, luego se separó un poco de César, aunque éste todavía le rodeaba con su brazo, y se quedó mirando al techo.

        – «Roma es muy poderosa. Tiene sus calzadas, sus acueductos, sus Legiones … pero no tiene un mando unido. Ni todo Roma detrás  de su Rey. Es lo que tú estás queriendo establecer, pero aún no está conseguido del todo. Y siendo Roma tan poderosa, es dueña de la Cirenaica y el África, al Oeste de nuestra tierra, y de la Siria, al Este de Egipto. Todo Egipto conoce nuestra unión y sabe que de ella depende el futuro de Egipto. Mis doncellas tienen tanto prestigio como su Reina. Y todo Egipto colabora con su Reina, dándoles lo que ellas piden. Ellas me han enseñado todo lo que ellas sabían. Y lo que no sabían, lo preguntaron y lo supieron. Y yo, con ellas.»

        Cleopatra calló. Luego añadió:

        –«¿Resuelve eso tu duda?»

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Enlace con el próximo día: Egipto antiguo 173. Egipto y Roma en el futuro.

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        Fernando Conde Torrens es autor de «Simón, opera magna», «El Grupo de Jerusalén», «La Salud» y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En http://sofiaoriginals.com expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano.

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