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Egipto Antiguo 181 La vida sexual de Julio César

«Egipto Antiguo 181 La vida sexual de Julio César», o cortesanas de campaña, amantes políticas, esposa y amante oficial.

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© Copyright  Fernando Conde Torrens, el Viernes 7-3-2.014

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          En el anterior artículo hemos visto a Julio César rememorando sus primeros años con su tercera esposa, Calpurnia Pisonis.

          Tras ser nombrado Cónsul César pidió, y el Senado lo concedió, ejercer como Procónsul de la Galia Cisalpina y el Ilírico, tal y como aparecen en el mapa que sigue. Su intención era encontrar una excusa para adentrarse en la Galia no romana y conquistarla. El Senado veía con buenos ojos que el menos afín de los Cónsules se marchara a las lejanas Galias. Y si tardaba mucho en volver, o no volvía, tanto mejor. Había pedido – y se le concedió – un mandato por tres años, en el que, con un poco de suerte, no le verían por Roma. Corría el año 58.

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Roma en los tiempos finales de Julio César

Egipto Antiguo 181 La vida sexual de Julio César

(Fuente: Historia de la Humanidad, Tomo 10. Roma Republicana. J. M. Roldán et alia. Arlanza Ediciones, S.A. 2.000)

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      Habían llegado al Senado embajadores con peticiones de tribus favorables a Roma que eran atacadas por los germanos. Y César pensaba acudir en ayuda de estas tribus, como Procónsul romano al mando. Al mando de tres Legiones, las tropas con las que debía mantener el orden en el territorio romano indicado. Él se arreglaría para que se diera un ataque a sus tropas que le «obligara» a intervenir. Y luego, los dioses y él dirían qué se debía hacer.

      Los senadores se verían satisfechos con abundantes trofeos de guerra y abundantes esclavos, mano de obra barata, para sus plantaciones en las campiñas de todo el Imperio. Si les proporcionaba eso, no se preocuparían por indagar si las guerra se había ajustado a las leyes romanas o no tanto. Los senadores anteponían siempre sus intereses particulares a los intereses de Roma. Y no digamos al cumplimiento de las leyes romanas, que soslayaban siempre que podían.

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Acueducto romano sobre el río Gard, cerca de Nimes (Francia)

Egipto Antiguo 181 La vida sexual de Julio César

(Fuente: Atlas of the Roman World. Tim Corneel & John Matthews. Facts on File. New York- Oxford. 1.982)

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        La excusa se la dieron los Helvecios, una enorme migración que pretendía pasar de sus pobres tierras en la moderna Suiza, en busca de otras más fértiles al Oeste, junto al Atlántico. Pero César se negó a permitirles el paso y eso fue el comienzo de unas hostilidades que César no tenía intención de que terminaran.

      Luego fueron los Germanos que habían atacado a los Eduos, los aliados de Roma. Y eso le llevó a César hasta el Rhin, donde derrotó a su líder, Ariovisto. En esta campaña, y en todas las que siguieron, sus oficiales más cercanos proveían a César de las mujeres más agraciadas que caían en sus manos, cuando tomaban una de los cientos de aldeas que cayeron en manos de sus Legiones.

      Ponían a todas las mujeres aparte y las revisaban. A las tres más atractivas las llevaban al campamento romano. Allí las bañaban y las vestían. No ellos, sus esclavas, que también las tenían, de apresamientos anteriores. Y se las presentaban a César. Éste guardaba en su tienda a la elegida por él y las otras dos pasaban a ser de los tres o cuatro oficiales que había organizado la selección. A veces César mantenía a la que había elegido en la aldea anterior y en tal caso ellos se quedaban con las tres. Cuando eso ocurría, invitaban a unos pocos oficiales subalternos. La clase de tropa se surtía, para sus necesidades personales, de las cortesanas que siempre pululaban en los tugurios que acompaban al ejército romano. Los romanos pagaban con dinero.

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Campañas de Julio César, desde el año 58 al 44

Egipto Antiguo 181 La vida sexual de Julio César

(Fuente: Atlas of the Roman World. Tim Corneel & John Matthews. Facts on File. New York- Oxford. 1.982)

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        Así, César operaba en campaña y sólo cuando volvía a Roma durante el invierno, aunque no todos los años, volvía a disfrutar de su mujer, Calpurnia, y de su amante, Servilia. Y fue entonces cuando entraron en escenas las demás amantes, las amantes políticas, como las llamaba César. César comprobó que en Roma tenía ahora el mismo éxito con las mujeres que tuviera como Gobernador de la Hispania Ulterior. Un Cónsul es mucho más que un Proprétor.

      Y él, además, era el hombre del momento, el lugar que antes ocupara Pompeyo. Recibía cortas misivas con propuestas de citas con frecuencia. Pero ninguna de la mujer de Craso, a pesar de que éste había marchado a Oriente, y su esposa, de nombre Tertula, había quedado en Roma.

      César decidió tomar la iniciativa y tras unas cuantas visitas al hogar de Tertula – supuestamente para interesarse por la marcha de los asuntos de Craso de manera más directa – ésta accedió a visitar a César, al atardecer, en una residencia oficial que tenía como Procónsul, donde solía trabajar hasta muy tarde, antes de regresar a su casa. 

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Corte del Coliseo de Roma

Egipto Antiguo 181 La vida sexual de Julio César

(Fuente: Atlas of the Roman World. Tim Corneel & John Matthews. Facts on File. New York- Oxford. 1.982)

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        No fue Tertula la única amante política. Las mujeres de senadores opuestos a César fueron otro de sus objetivos. Hubo varias que no quisieron saber nada de su insinuaciones, pero un par de ellas se pasaron al bando de César. Fue el caso de Postumia, esposa del jurista Servio Sulpicio Rufo, que convenció a su marido para que dejara de militar en el campo político como adversario de César. O de Lolia, que consiguió que su  marido, Aulo Gabinio, favoreciera los planes de los triunviros, apoyando a Pompeyo.

      César había comprobado que sus aventuras galantes, lejos de merecer la desaprobación de las personas que las conocían, tenían el efecto contrario, le acercaban más a sus contemporáneos. Así, los soldados de sus Legiones estaban encantados de hacer chistes, a sus espaldas, sobre su éxito con las mujeres y las muchas de que había disfrutado. Ese comportamiento les acercaba la figura del Imperator, como le llamaban.

      Con los ciudadanos de Roma sucedía algo parecido. Los que tenían suficiente confianza con él, le decían al oído frases en las que insinuaban conocer sus relaciones. Y lo hacían con simpatía. Los que no le conocían se explayaban haciendo circular panfletos con dibujos y frases obscenas, pero nunca insultantes hacia su persona. Parecía como si su comportamiento en este campo lo humanizara y lo acercara al pueblo.

        Y si era un factor que favorecía sus planes, que lo hací apopular … no iba a dejar de emplearlo, siendo tan grata su utilización …

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Enlace con el próximo día: Egipto antiguo 182. Julio César rememora su época de las Galias.

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        Fernando Conde Torrens es autor de «Simón, opera magna», «El Grupo de Jerusalén», «La Salud» y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En http://sofiaoriginals.com expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano.

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