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Egipto Antiguo 184 Una afortunada visita a Mauritania

Egipto Antiguo 184 Una afortunada visita a Mauritania

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© Copyright  Fernando Conde Torrens, el Viernes 14-3-2.014

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          En el anterior artículo hemos visto a Julio César rememorando su toma de Italia, ante la huída de Pompeyo, la derrota de éste en Farsalia y su llegada a Egipto.

        Tras los meses pasados en Alejandría, que fueron meses de claroscuros, por la guerra que los egipcios mantenían contra sus tropas, sitiadas en la parte portuaria de la Ciudad, y el apasionado romance vivido con Cleopatra en su Palacio, César salió de campaña contra Farnaces, rey del Ponto.

        Como era campaña, las reglas que regían eran otras. César no tuvo relaciones en esa campaña, aparte de algunas prisioneras que se hicieron en la fugaz guerra contra Farnaces. El comandante en jefe de la expedición recibía el botín de cada día y lo distribuía como mejor le parecía. Tanto para César como para el resto de sus hombres decidir quitar la vida a hombres que habían peleado contra ellos, o venderlos como esclavos, o infringirles tormento para que confesaran, o vender a sus mujeres y niños, o usarlos para su propio disfrute, era algo usual, inofensivo, casi obligado. Algo sobre lo que no había necesidad de dar explicaciones. Algo que venía con la guerra y todo el mundo lo consideraba secuela normal, «efecto colateral» se diría hoy. Hoy no es así, pero entonces lo era. Y como se está describiendo lo que sucedió entonces, como normal debe aparecer en este relato.

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Mosaico sirio de Filípolis (Arabia), de gran realismo. Las bodas de Peleo y Tetis

Egipto Antiguo 184 Una afortunada visita a Mauritania

(Fuente: Roma Antigua. Anna Mari Liberati y Fabio Bourbon. Ediciones Folio, 2.005)

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        Luego César volvió a Roma y empezaron los problemas con Calpurnia, ya que se había corrido por Roma la noticia de sus andanzas románticas en Egipto y el fruto nacido de su «relación de Estado«. César pudo, tras argumentaciones y enfrentamientos repetidos, calmarla, diciéndole que eso se había acabado. Pero él sabía que no era así. De nada valdría para sus planes de futuro tener una amante local en Egipto, por muy Reina que fuera. Cleopatra, antes o después debería venir y vivir en Roma. Sólo así su unión y el fruto de ella tendrían consistencia y futuro. Sólo sucede lo que en Roma sucede. Lo que pase en Egipto, o lo que él haya hecho en Egipto, no tienen en Roma la menor importancia.

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Roma en los tiempos finales de Julio César

Egipto Antiguo 184 Una afortunada visita a Mauritania

(Fuente: Historia de la Humanidad, Tomo 10. Roma Republicana. J. M. Roldán et alia. Arlanza Ediciones, S.A. 2.000)

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        Vino después, recordó César, su estancia en África. Y, a pesar de ser la provincia romana de África pequeña, sucedió algo de mayor realce que lo que sucedió en toda su campaña contra Farnaces en Asia. Y el «suceso» se llamaba Eunoe. Era la Reina de Mauritania, esposa principal del rey Bogud de Mauritania. Numidia y su rey, Juba, luchaba al lado de los pompeyanos. Mauritania, por contra, era favorable a César.

        Éste se embarcó para Mauritania, a recabar apoyos de su rey. Los intérpretes le habían hecho saber, traduciendo lo que les decían algunos jeques aliados de los romanos, que César quizás recibiera la invitación por parte del monarca a disfrutar de su esposa. Si César se negaba, eso sería interpretado como un desplante al rey. No debía hacerlo.

        A César cumplir ese deber como invitado de un monarca no le iba a suponer esfuerzo alguno. Y menos cuando tuvo ocasión, en la recepción oficial, de conocer a la Reina de Mauritania. Era una mujer bellísima, negra, alta, delgada, con un cuello esbelto; el pelo, en un moño elevado, estaba recogido en una malla cuajada de perlas, que la hacía parecer aún más alta que su esposo. Vestía con un complicado atuendo de varias capas de vestidos, con brillos dorados y plateados, que impedían ver su figura, enterrada entre tantas telas.

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La Afrodita del Esquilino. Roma

Egipto Antiguo 184 Una afortunada visita a Mauritania

(Fuente: Roma Antigua. Anna Mari Liberati y Fabio Bourbon. Ediciones Folio, 2.005)

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        Y, en efecto, al final de la cena con que el rey Bogud le había obsequiado – tras cerrar con él un pacto de asistencia mutua, lo que iba a significar que César contaría con jinetes mauros y suministros abundantes, que él pagaría al final de la guerra con creces – el monarca le susurró al oído si deseaba hacerle el honor de compartir con él a su esposa, Eunoe. César pareció sorprenderse de la oferta del monarca. Incluso se permitió retrasar la respuesta, mientras observaba el rostro de su anfitrión. Al ver que éste comenzaba a fruncir el ceño, le replicó con una amplia sonrisa:

        – «No hay cosa que me gustaría más. Pero, ¿y vos?«

        El intérprete – colocado detrás de los asientos de ambos, unos cojines sobre el suelo – lo tradujo y la expresión del monarca mauritano cambió súbitamente. Pareció haberse quitado un peso de encima. Y enseguida el monarca respondió, por medio del intérprete.

        – «Nunca faltan perrillos falderos a un amo generoso.«

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Vaso de terracota. Museo Arqueológico. Arezzo, Toscana

Egipto Antiguo 184 Una afortunada visita a Mauritania

(Fuente: Historia de la Humanidad, Tomo 10. Roma Republicana. J. M. Roldán et alia. Arlanza Ediciones, S.A. 2.000)

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        Un rato después, tras haber brindado con un vino dulce por la buena compenetración entre Mauritania y Roma – con evidente alusión a lo que iba a pasar en breve – César, el monarca y su reina se levantaron de sus asientos, ante un mantel extendido sobre una mesa muy baja, llena de restos de comida, y se dirigieron, entre feroces guerreros armados hasta los dientes que guardaban los pasillos, a los aposentos reales.

        César, guiado por la Reina, entró en una habitación donde había preparado un baño. César recordó su pasada experiencia en Alejandría, donde las sirvientas de Cleopatra lo preparaban con un baño perfumado para que acudiera a visitar a su ama. En Mauritania parecía reinar la misma costumbre. Pero había una diferencia: Las sirvientas de Cleopatra eran modestas y respetuosas con él. Las mauritanas, ni lo uno, ni lo otro. A César, no obstante, no le molestó el desenfado con que le mostraban sus encantos, ni los atrevimientos que con él se tomaron. Por fin, acabaron sus juegos y masajes. Ya estaba listo para visitar a la Reina.

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Enlace con el próximo día: Egipto antiguo 185. Relaciones no diplomaticas en Mauritania.

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        Fernando Conde Torrens es autor de «Simón, opera magna», «El Grupo de Jerusalén», «La Salud» y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En http://sofiaoriginals.com expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano.

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