Escuela virtual de Sabiduría de Pamplona.

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Egipto Antiguo 87 La cita

«Egipto Antiguo 87 La cita» o últimas fintas literarias.

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© Copyright  Fernando Conde Torrens, el Lunes 3-6-2.013

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        En el artículo anterior hemos visto cómo Cleopatra organiza con su Comandante Presbus, la mejor manera de entrar en el Gran Puerto de Alejandría, respondiendo a la citación que Julio César le había hecho.

        Su mensaje a la depuesta Reina era más corto y más tajante.

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        «Julio César a Cleopatra.

                                            Perded todo temor por vuestra seguridad. Mis Legiones controlan el Gran Puerto de Alejandría. Una vez entrado en él podéis consideraros totalmente a salvo. Os envío por este mismas manos un salvoconducto, para vos y cuantos os acompañen. Nadie osará molestaros una vez que entréis en el Puerto. Dadme la fecha de vuestra llegada. Guardaos.»

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        Cuando Cleopatra hubo leído el nuevo mensaje de Julio César, recordó una manera que su padre le había enseñado de conocer el estado de ánimo de l apersona con la que se mantenía correspondencia. Había varias reglas, analizando el carácter de las palabra empleadas, pero la primera a aplicar era contar el número de palabras de cada mensaje y compararlas con las del mensaje precedente. La relación entre ambas longitudes daba una idea del humor de quien dictaba. Cleopatra comprobó que Julio César había contraído su mensaje a la mitad de la longitud del primero. Eso significaba que empezaba a impacientarse.

        Pero eso era también una prueba de que el tiempo corría en contra del romano. Ella había dado a su primer mensaje una longitud ligeramente inferior a la de su interlocutor, para demostrar cierto sentido de subordinación, aunque muy ligera. Ahora sabía que debía alargar las conversaciones y medir el grado de exasperación del romano por la longitud de sus misivas. Todavía podía acortarlas más, sin que llegaran a ser cortantes. Por otro lado, así le demostraba que también ella tenía cartas en la mano, que no iba a ser una presa fácil y sumisa. El plan que tenía in mente requería alargar un tanto el tiempo hasta la entrevista con el romano.

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Plano antiguo con Alejandría y Ascalón

Egipto Antiguo 87 La cita

(Atlas Antiquus. Dr. Henry Kiepert. Berlín, 1.890)

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         Dictó a su escriba lo que sigue:

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        «Cleopatra a Julio César.

                                                No puedo iniciar mi viaje rumbo a una Ciudad dominada por mis enemigos sin conocer los nombres de los oficiales que estarán de guardia en el Puerto de Alejandría en cada turno del segundo, tercer y cuarto día a contar desde que recibís este mensaje. Debo pedir que vengan a mi nave con un salvoconducto de identificación firmado por vos citando al oficial de guardia. Guardaos.»

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        Al igual que su interlocutor, también ella había reducido en una proporción similar la longitud de su mensaje, con vistas a demostrar que también se estaba impacientando. Despachó al mensajero en un intervalo muy corto. Quería demostrar que no había precisado pensar en la respuesta.

        El efecto fue el apetecido. César abrió el rollo que se le tendía y lo leyó delante del oficial que hacía de correo.

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        – ¡¡Por Júpiter!! – exclamó fuera de sí – Esta mujer va a volverme loco.»

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        Cuando se dio cuenta de que un oficial de menor rango le escuchaba, se dominó y reflexionó. Pidió al correo datos sobre la depuesta Reina de Egipto, su aspecto, sus modos, la seguridad que parecía tener, si comentaba los temas con algún asesor, si era altiva, rápida de reflejos, si usaba intérprete, y cuantos datos le pudiera suministrar el correo para conocer en profundidad a la persona con la que trataba. 

        Supo así que Cleopatra era muy joven, aunque no demasiado atractiva, de mediana estatura, delgada, de pelo castaño. Se comportaba con gran dignidad, con auténtico aplomo, aun en el destierro, pero sin aires de orgullo desmedido, ni de desprecio hacia quien se postraba ante ella. Porque, eso sí, le había aleccionado que debía estar postrado todo el tiempo, y hablar sólo cuando se le preguntara y sin levantar la vista del suelo.

        La egipcia demostraba tener una gran seguridad en sus criterios, jamás mostró signo de duda en ninguna ocasión en que estuvo en su presencia. No tenía asesores, el mercenario al frente de su guardia estaba presente, pero detrás del correo romano. Altiva sí que era, y también de reflejos rápidos. «Podría haber sido la madre de los Gracos« dijo el oficial con una sonrisa en los labios. Sonrisa que se borró al ver la mirada de César y su ceño fruncido. No precisó intérprete, terminó el oficial apresuradamente, ya que hablaba un latín apenas sin acento extranjero. Y no se le ocurrían más datos sobre ella que los que su Comandante le había pedido.

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Ejemplo de carta en demótico egipcio

Egipto Antiguo 87 La cita

(Fuente: Gran Historia Universal. Vol. 3. Egipto y los Grandes Imperios. Carlos Moretón. S.A. de Promociones y Ediciones. 2.006.)

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        A una señal de la mano de César, el oficial se retiró, con el temor de haber desagradado al jefe supremo de la expedición. César había reaccionado instintivamente, pero comprendió lo que el correo había querido decir. Los romanos plebeyos guardaban muy buen recuerdo de los Gracos y de la madre de los Gracos, hasta el punto que era un modelo para muchas damas romanas, no sólo entre el pueblo. Así pues, tenía delante, aunque en la distancia, a una gran dama, alguien que imponía respeto y se ganaba hasta a sus propios emisarios. Debería tener cuidado con ella …

        César mandó llamar al Comandante del Pretorio y le preguntó por los oficiales que estarían al mando de la guarnición romana en el Puerto los siguientes cinco días. La mayor parte de ellos no habían sido nombrado aún. El comandante del Pretorio los nombró de inmediato. Confeccionada la lista, César mandó llamar a su escriba y le dictó una misiva más apacible que la anterior, más larga y con la lista de oficiales solicitada por su interlocutora.

        Ella interpretó la misiva recibida como signo de una primera victoria sobre el poderoso romano.

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«Es fundamental saber a favor de quién corre el tiempo. Si logras que corra en contra de tu adversario, tienes ganada media batalla antes de empezarla.»

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Seti I hace una ofrenda a los dioses

Egipto Antiguo 87 La cita

(Fuente: Gran Historia Universal. Vol. 3. Egipto y los Grandes Imperios. Carlos Moretón. S.A. de Promociones y Ediciones. 2.006.)

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        Agradeció a su padre lo bien que la había preparado para regir un reino con una oración que su madre el enseñó de pequeña. Su madre sí creía en los dioses. Pero Cleopatra no tenía tiempo en el momento presente para recuerdos del pasado.

        Era el momento. Debía emprender el viaje. Pero no diría a nadie en qué momento llegaría a Alejandría. «Decid a vuestro superior que me dirijo a su encuentro« fue el mensaje verbal dado al correo. Pero no indicaba ni la fecha, ni la hora de llegada a Alejandría. Era el último toque, para que César supiera con quien estaba tratando.

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Enlace con el próximo día: Egipto antiguo 88 La llegada a Alejandria.

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………. Fernando Conde Torrens es autor de «Simón, opera magna», «El Grupo de Jerusalén», «La Salud» y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En http://sofiaoriginals.com/ expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano.

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