Escuela virtual de Sabiduría de Pamplona.

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Prosperidad en el mundo helenístico 5

Prosperidad en el mundo helenístico 5

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© Copyrigth Fernando Conde Torrens, el miércoles 16-6-2.010

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        Estábamos hablando de civilización en pleno siglo V antes de Cristo. Y la civilización pasaba por disponer de agua en cantidad suficiente como para poderse bañar en su propia casa. Del agua en la antigua Hélade hablamos en dos artículos pasados. Y esa preocupación por el bienestar de los ciudadanos impulsará a monarcas de los reinos surgidos de las conquistas de Alejandro a construir fuentes y otras construcciones mayores para fomentar no sólo el bienestar de sus ciudadanos, sino su propio renombre.

        En el segundo de tales artículos se habla de los restos descubiertos en Olinto. Y hay que recordar que Olinto fue destruida por Filipo II, padre de Alejandro Magno, de modo que no son romanas las bañeras en Olinto halladas, sino anteriores a los reinos de los Diádocos. Para comprender el avance que supuso disponer de alcantarillado y baño en casa, recordemos, por ejemplo, que fueron los franceses, cuando nos visitaron en el año 1.800, quienes en Pamplona construyeron una red de alcantarillado, porque la ciudad carecía de ella. Ellos ya lo tenían en su país, y lo trajeron al nuestro. Fueron necesarios algo más de 2.000 años para volver a la situación que se daba ya en el mundo helenístico.

        Por eso cuando decimos aquí que, sin ir más lejos, en temas de ideología llevamos en Occidente más de 2.500 años de retraso, no debe parecernos algo sorprendente. El que alguien, las tribus germánicas o quien sea, nos despoje de las cotas de civilización alcanzadas y nos arrase el terreno con su barbarie o su ignorancia, produce este tipo de cosas. Merecido lo tiene el que se deja …

        Pero dejemos nuestros problemas y vamos con el mundo helenístico. En general, la incorporación de tan magno territorio a los hábitos del mundo griego produjo un florecimiento muy extendido, aunque no puede decirse que todo fuera de color rosa. Se dio un incremento en la cultura, la economía, el comercio … Veamos un mapa de la parte más occidental incorporada por Alejandro al mundo de habla griega. E imagine el lector el impulso que la manera de vivir griega y el adelanto que la civilización helénica impuso a tan vasta red de ciudades, algunas de nueva creación, y todas impulsadas por la eficaz, para la época, mentalidad griega. Y, de paso, recordamos la situación de regiones tales como la Misia, la Lidia, la Caria, la Licia, la Cilicia, la Frigia, la Bitinia, la Paflagonia y la Capadocia.

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Ciudades más importantes en el mundo helenístico.

Prosperidad en el mundo helenístico 5

(Fuente: Historia de la Humanidad 9. Grecia helenística. Rebeca Rubio et alia. Arlanza Ediciones, 2.000.)

       

        La forma de organizar el poder que tuvo Alejandro va a influir en la manera en que sus generales, los Diádocos, organizarán sus respectivos reinos. Y para comprender el cambio que supuso conviene considerar las formas de gobierno que hemos ido viendo hasta ahora. La más extendida era la ciudad-estado regida por un tirano. No con el sentido peyorativo que la palabra tiene hoy en día, sino en el sentido de monarca local. Dionisio de Siracusa es un buen ejemplo. El mismo papel puede asignarse al monarca cuando la ciudad se extiende, conquista regiones vecinas y se convierte en reino. El tirano no responde sino ante sí mismo. Eso mismo da cierta inestabilidad a su reinado, como también hemos visto que le sucedió a Dionisio cuando le sucedió su hijo.

        Otro modelo de monarca es el de reinos como Macedonia o Esparta. La monarquía en estos reinos tenía una tradición y sus monarcas tenían un poder menos absoluto que el tirano. En Esparta el poder real estaba repartido con frecuencia entre dos reyes y además estaban los magistrados, que tenían casi tanto poder como el rey del momento. En Macedonia el rey debía contar con el consejo de nobles y la sucesión no era todo lo automática que será en las monarquías muy posteriores, como la francesa de 1.800 años más tarde.

        En Atenas y ciudades que seguían su modelo, estaba instalada la democracia. Y, aunque sea vano insistir sobre el tema (es un gusanillo que me cuesta dominar), no piense el lector que la democracia ateniense era como la que dicen que disfrutamos nosotros. Era mucho mejor. Y ello porque, por poner un ejemplo, las minas del Laurión, que proporcionaban plata en cantidades industriales a Atenas, eran de toda la comunidad. Y también una gran parte del territorio arable. Y no había jueces profesionales, sino que todos los ciudadanos formaban parte de los sucesivos tribunales, que se convocaban para juzgar de todo lo habido y por haber. Tampoco había políticos profesionales, ni partidos organizados con los poderes que hoy se han adjudicado. No había listas cerradas y bloqueadas. En las Asambleas los había favorables a la pasada aristocracia y los que apoyaban la democracia. Era una democracia muy romántica, ingenua … auténtica.

        Alejandro se cansó de los trabajos que hubo que tomarse para acceder al trono: Tuvo que liquidar a dos pretendientes adultos y también a un niño y a su madre. Y cuando tuvo el poder se dijo que no iba a dejar tras de sí una monarquía tan débil como la macedonia. Actuó como un rey absoluto y esa moda se prosiguió mucho después de su muerte, hasta que en Inglaterra se inventaron la Monarquía Parlamentaria, en los Estados Unidos, la República constitucional, en Francia la República y en España dejamos atrás a Fernando VII el Deseado. Pero para que lleguemos a estos sucesos deberán aparecer miles de artículos en este blog, así que mejor no mencionarlos todavía.

        Sirva el apunte para esbozar la hipótesis de que tal vez nuestro Occidente sea un tanto duro de mollera y le cueste siglos aprender, porque avanza, aparentemente, a paso de pulga gotosa, cuando no le da un vahído a la pulga y retrocede varios kilómetros de una tacada.

        Como puede verse, no hay acritud en nuestra manera de ver la vida, en nuestra forma de relatar la Historia. Ello no quita para que procuremos aprender de ella, pero sin hacer sufrir a nuestro colon; que colon sólo hay uno y tiene mal arreglo.

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Enlace con el próximo día.

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………. Fernando Conde Torrens es autor de «Simón, opera magna», «El Grupo de Jerusalén», «La Salud» y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En http://www.sofiaoriginals.com/ expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano.

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