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Reyes divinos Mundo helenístico 57

Reyes divinos Mundo helenístico 57

© Copyrigth Fernando Conde Torrens, el 4-1-2.012

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        Hemos visto la vida de los monarcas de la dinastía Seleúcida, que, herederos de Alejandro Magno, macedonios nacionalizados griegos, que hablaban griego y tenía la Cultura helenística, la difundieron allá por donde reinaron. De ese modo, el Helenismo se expandió por Asia, hasta la India. Si bien esto duró mientras fueron estas dinastía, la Seleúcida y la Ptolemaica, las que gobernaban el país. Los romanos prosiguieron  la situación anterior, y fue con la retirada progresiva de Roma de Asia y África que tal Cultura desapareció, sustituida por la de los nuevos conquistadores, los árabes.

        Vamos a tratar de entender la mentalidad antigua, al menos parte de ella. Para eso debemos familiarizarnos con su forma de vida. Y empezaremos por arriba, por la manera en que funcionaban los reyes descendientes de Alejandro Magno, un macedonio, hijo de Filipo II.

        En la mentalidad antigua, bien reflejada en Homero y en las sagas teutónicas, el rey descendía de los dioses, pero contaba con los habitantes del país que podían armarse. La armada – el conjunto de individuos libres por podían empuñar un arma  – como intervenían en la vida de la nación, al mando del rey, tenía sus derechos.

        Entre ellos, el poder recaía en ellos cuando el rey moría. Eran ellos los que designaban al nuevo rey. La monarquía no era hereditaria de forma automática, sino que pasaba por la designación del Consejo. Generalmente el Consejo optaba por el primogénito del rey muerto, pero podía no ser así. Por eso, a la muerte imprevista de Filipo II, Alejandro tuvo que hacer algunos “ajustes” y eliminar a los dos elementos que podían ser elegidos por el Consejo y hacerle sombra. 

        Hoy podemos pensar que el Consejo podía castigar a quien actuara así, pero la mentalidad era otra, y se pensaba que el más fuerte y astuto sobreviviría. Y una persona así era la que les convenía como rey, no uno que se dejara matar a las primeras de cambio.

        Del mismo modo, por ejemplo, no estaba mal visto que, por la misma razón, un aspirante a rey, o rey recién ascendido, eliminara (mandara asesinar) a los demás varones de su familia, para evitarse posibles problemas futuros. Hemos visto lo negativo que ha sido que primos, hijos de hermanos, o hijos de hermanastros, se crean con derecho al trono. Eso iba en perjuicio de la nación, y si se evitaba una eventual y futura guerra civil con un poco derramamiento de sangre, de dos o tres parientes del rey … pelillos a la mar, nadie iba a protestar por ello. Se entendía que los reyes tenían un cierto derecho a resolver los problemas dinásticos a su aire. Hemos de ver esta política sobre todo en el Egipto ptolemaico.

        Así funcionaban las cosas en Macedonia, con Alejandro y con los primeros Diádocos, cuando la presencia macedonia en el ejército era mayoritaria. Pero con el tiempo, esa presencia disminuyó – al entrar otros griegos, mercenarios de cualquier región y aborígenes – y las cosas variaron algo a partir del año 300 AEC.

        Por ejemplo, los primeros Diádocos se lo pensaron bastante antes de proclamarse reyes a sí mismos, ya que teóricamente, debía hacerlo un Consejo, de no clara definición en su caso, alejados como estaban de la madre patria, Macedonia. Pero lo hicieron y en ambos Imperios la sucesión fue hereditaria e interna, sin Consejo alguno al que camelar. Fue la suya una monarquía absoluta, no sometida a control alguno. Esto vino rodado porque ésa era la tradición ancestral, tanto del Imperio Persa, para los Seleúcidas, como del Faraón de Egipto, para los Ptolomeos, monarcas ambos absolutos donde los hubiera.

        Los monarcas de ambas dinastías favorecieron  el aspecto de la divinidad del monarca, no faltaba más. Ya sabemos que Alejandro se hizo nombrar hijo del Dios Sol (el Amón egipcio) y que a los no macedonios les obligaba a arrodillarse en su presencia. No obstante, el culto no era oficial, como luego lo sería al monarca difunto, práctica que Roma también tomó. Pero sus descendientes, los Diadocos, no llegaron a tanto. A deificarse en vida.

        No hay que olvidar que Alejandro era rey de Macedonia, que había conquistado ciertos reinos griegos, pero que otros se le habían unido en plan de Liga, con una cierta igualdad o amistad. El carácter de “dios” reforzaba su autoridad sobre estos reinos vasallos o aliados. Por tanto su deidad fue más política que oficial.

        Eso no quitaba para que ciertas ciudades, deseosas de recibir favores del rey actual, o agradecidas por los recibidos, o por haber sido fundadas por él, le erigieran un altar, un templo y lo nombraran dios. Estaban en su derecho. Lo que sí hicieron, y los primeros los Ptolomeos, Ptolomeo II, fue considerar dios al Farón muerto, Ptolomeo I, e iniciar un culto oficial  instituido por el hijo en honor del padre difunto. Enseñado por su colega, Antíoco I deificó a su padre, Seleúco I, una vez muerto. Y ya se hizo oficial que cada rey era elevado a los altares una vez muerto, en ambas dinastías.

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Seleuco I, divinizado por su hijo

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        Pero Ptolomeo II, Faraón de 285 a 246 AEC., fue más lejos: Se deificó en vida, así como a su segunda esposa y hermana, Arsinoe II. Y a partir de él, se volvió a tomar la costumbre faraónica de considerarse dioses incluso en vida, esposa incluida, si era buena. Los Seleúcidas actuaron igual, si bien un poco más tarde, y posiblemente por mimetismo. Si los Ptolomeos lo hacían, ¿por que no ellos? Y a partir de Antíoco II, rey desde 287 a 246, también los Seleúcidas fueron dioses en vida. Faltaría más …

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      Ptolomeo I Soter

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        Y no sólo se volvieron dioses en vida, sino que se inventaron un linaje divino. Los Seleúcidas lo hicieron partir de Apolo. Los Ptolomeos se convirtieron en descendientes de Dionisos y Hércules. Y ya que hablamos en su día de Pérgamo, también a partir de Atalo I, los reyes de Pérgamo eran dioses después de muertos de forma general, y, en algunas ciudades de su pequeño reino, también en vida.

        En Macedonia, la dinastía reinante, que no hemos visto y no se sabe si veremos o no, fue mas seria, o se rigió por las costumbres ancestrales y se evitaron todo tipo de deificaciones, ni en vida, ni post mortem, por más que algunas ciudades griegas se empeñaron en deificar a su monarca macedonio. Tal cosa sucedió con Demetrio I, del que algo hablamos cuando tratamos de su padre, Antígono Monoftalmos, fue deificado en Atenas, Eubea y Sición, por lo menos. Y otros, también.

        Como excepción, Antígono II Gónatas, hijo de Demtrio Poliorcetes y nieto de Antígono Monoftalmos, rey de 277 a 239, de formación estoica, rehuyó tal cosa, en ningún sitio fue deificado, y famosa es la frase suya de que “el rey debe ser el servidor de su pueblo.” Era un adelantado a su época. Estoico, por más señas. Es que … el que sabe, sabe.

       En esto de las costumbres, conceptuales, abstrusas, de penosa digestión, iremos despacio y no fatigaremos inútilmente al lector; que lo breve, si bueno, dos veces bueno. Y no más por hoy.

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Enlace con el próximo día :  El autobombo real. Mundo helenístico 58.

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………. Fernando Conde Torrens es autor de “Simón, opera magna”, “El Grupo de Jerusalén”, “La Salud” y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En http://www.sofiaoriginals.com/ expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano.

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