Escuela virtual de Sabiduría de Pamplona.

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Stress 9

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        A pesar de cuanto se lleva dicho sobre el temible stress, hoy vamos a tratar de llegar un poco más allá. Porque hay algo que es peor todavía que el stress en una persona de vida normal: Es el stress afincado en una persona con vida de crápula

        Si uno hace una vida normal, dedicado al trabajo y a su familia, el llamado stress crónico, el stress de que venimos hablando aquí, tendrá sobre él los efectos mencionados: Se dará ocasión a una dolencia molesta, pero no mortal.

        Con un poco de mala suerte, el trabajador indirecto, que es de la experiencia de que puedo hablar – tal vez el trabajador directo que está en una cadena de montaje, ante una fresadora o manejando un puente grúa tenga circunstancias similares, no lo sé – pero el trabajador indirecto víctima del stress tomará una medicación que le eliminará las molestias, seguirá trabajando en las mismas condiciones, volverá a recaer a los seis meses; repetirá el tratamiento, que ya le fue bien una vez, y entrará en un ciclo de vida normal y vida a medias, sin que por ello se muera, ni le den la baja, ni esté bien. Eso es lo que quieren los jefes, que el trabajador se habitúe y piense que la vida moderna es así. Allá él si entra en el juego de ellos. Aquí ya se le hemos advertido.

        Se dará cuenta el lector que apenas hemos hablado del stress sobre personas flojitas por dentro, porque de eso, afortunadamente, no puedo aportar experiencia. Y prefiero hablar basado en la experiencia, aunque soy libre de equivocarme sobre las conclusiones que esa experiencia me permite establecer. No obstante, mañana tocaremos este caso.

        Tampoco piense el lector que por «vida de crápula» entiendo cosas atroces. Pero uno, cuando es joven, además de trabajar y dedicar los ratos de ocio a la familia, puede hacer cosas que le perjudican y se alían con el stress, potenciando sus efectos. Por deformación profesional, procederé por grados.

        En el grado uno entran los que, además de trabajar y dedicarse a la familia, labores que todo humano honesto debe hacer, fuma y bebe. Y cuando digo fuma y bebe, debo concretar: Fuma un paquete diario y se bebe dos vasos de whisky al día; los fines de semana, más. Y ello no porque sea un vicioso, sino porque el trabajo se lo exige. Son necesidades del guión, tema que afecta a muchos artistas. Uno en el trabajo debe alternar y para alternar con los Clientes, los corresponsales, los agentes, los colegas o lo que sea, tiene que beber. Así que bebe. Y acaba gustándole.

        Pues bien, a los de tal género, la suma de stress, humo y drinking puede resultar mucho más perjudicial y provocar no una “dolencia psicosomática”, sino un infarto como Dios manda. E irse con Él.

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        Antes se decía en algunos funerales que «Dios se lleva a los mejores«. Era una manera de dar coba a los familiares del muerto. Cuando así, yo callaba. Pero hoy y aquí puedo decir, primeramente, que Dios se lleva- es una forma de hablar – a los que no se cuidan. Y, secundariamente, que Dios no se lleva a nadie; nos vamos nosotros solitos. Aquí tratamos de concretar el orden de partida. E incluso, la fecha aproximada. Osados, eso sí, ya somos.

        Volvamos al principio: El organismo está bien hecho, es fuerte. Y cuando uno es joven, más. De modo que hay quienes se creen indestructibles y no sólo aspiran a ascender en la escala jerárquica, y para ello meten horas a manta, sino que, además, fuman y beben.

        He comprobado, con una experiencia – cierto – demasiado escasa (pero no me atrevo a pedir tener más experiencia) que los 38 años es una edad en la que a los del primer género les puede acometer la enfermedad arrolladora: Un derrame cerebral, un infarto, una parálisis de medio cuerpo, una cosa de ésas, que, o te lleva al otro barrio, o te deja medio vivo, o te deja amenazado. Esto ya no es una dolencia llevadera, es un ataque fulminante, depredador.

        Esto, a los del primer género. ¿Quiénes forman parte del segundo género? Las auténticas vidas de crápula. Quien, fume o no fume, se emborracha todos los fines de semana, para celebrarlo. He comprobado, con una estadística no abrumadora, pero sí más amplia que la anteriormente citada, que el tabaco es menos grave que el alcohol. Un individuo del segundo género termina sus días entre los 54 y los 65 años. Vamos, que difícilmente llega a jubilarse. «Casca» antes. Mientras que un individuo que sólo fuma puede durar hasta los 75, e incluso más, hasta los 80, sin padecer el cáncer que nos privará de su presencia. El tabaco, en mi humilde y sometida a error opinión, el tabaco te priva de 10 años de vida. La bebida, ejercitada en grado esdrújulo, puede bien restar 25 años de vida.

        Además, cuando su final se acerca, el que fuma simplemente tose. El que tiene el hígado agujereado o como un flan, lo pasa mucho peor. Su vida carece de calidad, no puede comer como los demás hombres, está más débil, en fin, su simulacro de vida es un desastre. A estas personas, las del hígado desmoronado, les dan una incapacidad permanente a los 50, porque no están para trabajar; están como un trapo, eso se ve a simple vista.

        Hay, además, una cualidad complementaria: El tabaco no te aparta de las mujeres. La bebida esdrújula o supina, sí.

        Hay otra característica, ésta muy personal, que favorece el rápido paso por este mundo. Pero, como ya es tarde, lo dejamos para el siguiente artículo.

        Le deseamos al lector que no padezca ningún mal de género.

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Enlace con el próximo día:  Stress 10.

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………. Fernando Conde Torrens es autor de «Simón, opera magna», «El Grupo de Jerusalén», «La Salud» y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En http://www.sofiaoriginals.com/ expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano.

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