Escuela virtual de Sabiduría de Pamplona.

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Stress

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    © Copyright  Fernando Conde Torrens, el 30-7-2.010

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        Hace unos 25 años tuve mi primer encuentro con una enfermedad desconocida, no sólo para mí, sino para la docena de médicos a los que acudí, uno tras otro, con sufrida paciencia. Y no exagero. Me recetaron medicinas de todo tipo, que en nada mejoraron mis síntomas: Se me inflamaba el cuerpo, por partes. Hoy una, otro día otra … Era inflamación, rojez y picor, tres en uno. Menos los cartílagos de las orejas, se me inflamó notoriamente todo. Todo. En un momento u otro. Y creo recordar que la cosa duró tres años, que se dice pronto.

        Encontré que las inflamaciones desaparecían si me pasaba el día entero en la cama. Pero claro, coger la baja por una inflamación alternativa … Porque no me salía todos los días. Dependía … nadie sabía de qué.

        Los médicos la llamaban “Urticaria mecánica tardía”. No podía llevar reloj de pulsera, porque se me inflamaba y me picaba la muñeca. Cuando sudaba por donde sea, se me inflamaba la zona. La cintura, por el cinturón. Las gomas de los calcetines me inflamaban la zona. Se me inflamaban los ojos, y la cara, y no podía salir a la calle, parecía un pequeño monstruito. A la cama.

        Y lo que es peor, se me alteraba (no sé si se inflamaba o qué hacía) el esófago y me dolía de forma insufrible si no me ponía de inmediato en decúbito prono, que es como en la mili llamaban a tumbarse boca abajo. Un día en el trabajo un Cliente importante me descubrió, en mi despacho, tumbado así sobre tres sillas alineadas, y se puso mosca. Mis disculpas creo que no le sirvieron de nada.

        Pero lo peor de todo es cuando se me inflamaba la epiglotis. Ingresé dos veces e hice noche en sendos Hospitales recibiendo cientos de miles de unidades de corticoides por un médico de guardia que estaba más preocupado que yo.

        Fui a una Clínica de fama mundial que hay en mi ciudad. Me hicieron mil pruebas de alergias. Un día coincidió la visita con una inflamación de la cara. El Doctor que me trataba, sin éxito, exclamó: “Desde luego, ¡lo tiene Vd. de caballo!” Tampoco resultó ser alergia.

        Con cierta duda en la voz, el médico de cabecera, cansado ya de verme, me sugirió que visitara, si no me parecía mal, a un Psiquiatra. “¡Lo que haga falta , Doctor!” Fue mi respuesta entusiasta. “De perdidas, al río”, que se dice en esta ciudad bañada por el Arga. Fui a un segundo piso de una casa donde estaba el temible Psiquiatra.

        No recuerdo si llevaba ya informes de médicos anteriores o se lo expliqué de viva voz. Meneó la cabeza … “¿Que medicación toma?”, me preguntó. “Una pastilla de tal cosa al desayuno, otra a la comida y otra a la cena”, repuse. Bien, terció, pues duplique las dosis.

        Lo que el psiquiatra no sabía es que yo trabajaba, lo mismo que otro compañero y amigo, a 90 km. de mi ciudad, y debía conducir mi coche una semana sí y otra no, cada día, ida y vuelta, y esas pastillas daban sueño.

        Como supe de inmediato que no iba a seguir su “sabio” consejo, le dije: “Doctor, tengo cierto dominio sobre mi mente. ¿No hay alguna práctica mental que pudiera intentar para mejorar la cosa?” (A fin de cuentas, pensé yo, esto es lo suyo …) Echó la cabeza hacia atrás, puso cara de enfrentarse a un ingenuo y exclamó: ¡Ufff … eso es muy difícil …! Y se levantó, dando la visita por terminada.

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        Acudí a un amigo de la infancia, Cirujano, (por eso no acudí a él antes) y le conté la enfermedad que tenía y mi penosa historia. Llevaba ya más de un año sufriendo sin saber lo qué. Y me dijo:Eso que tienes no es un diagnóstico. Lo que tú les dices que te pasa, lo pasan a jerga médica, pero eso no es un diagnóstico. Te voy a dar una carta para un amigo que tengo en la Clínica Puerta de Hierro, de Madrid. Pero te costará dinero de tu bolsillo. Allá que me fui. Total, Madrid estaba al lado … y yo estaba ya un poco desesperado.

        Me hicieron pruebas y al día siguiente el único Médico auténtico que me trató me dijo: Mire Vd., conocemos casos de lo que Vd. tiene, pero no se sabe ni a qué se debe, ni cómo se cura. Pero tenemos estadísticas. En cinco años el 95% de los pacientes la han superado y ya no la sufren. Las medicinas que toma le alivian los síntomas, pero no curan su enfermedad. Tenga paciencia … Al menos fue sincero …

        El viaje de vuelta fue mucho menos animado que el de ida. La Clínica Puerta de Hierro era el non plus ultra de la Medicina en aquella época.

        Vueltos de Madrid, y pasado otro medio año, un vecino y amigo que sabía lo que me sucedía, me dijo: No sé si tú eres amigo de estas cosas … pero en la Herboristería de abajo, este jueves próximo pasa consulta “uno” que viene de Barcelona y que cura las cosas con hierbas … Pedí vez para la consulta. ¿Qué podía perder?

        Lo que yo no sabía – y sólo más tarde supe – es que la persona a cuya consulta iba a acudir – y que me iba a curar – no era Médico, sino Abogado

http://www.sofiaoriginals.com/l1030stress2.htm.

Enlace con el próximo día.   Stress 2.

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………. Fernando Conde Torrens es autor de “Simón, opera magna”, “El Grupo de Jerusalén”, “La Salud” y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En http://www.sofiaoriginals.com/ expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano.

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