Escuela virtual de Sabiduría de Pamplona.

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Tesis 47. Algoritmo. Romanos, conclusiones 5

© Copyright Fernando Conde Torrens, el 15-5-2.005

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……….Es posible que por la mente de más de un lector haya pasado la idea de que el Método requiere hacer muchas hipótesis, que las reconstrucciones que se hacen la final del mismo son aventuradas, que la solución igual podría ser cualquier otra, etc. Hoy voy a responder a estas posibles objeciones. Y para ello me voy a basar en dos ideas muy simples, la de la opinión rápida y la de la diferencia entre lectura y formación.

……….Comencemos por esta última. El lector que nos ha acompañado durante muchos capítulos o entregas podría pensar que está muy metido en el tema, que está perfectamente al tanto de cuanto aquí se va exponiendo, que es capaz de formar sus propias teorías y de establecer criterios de verificación sobre lo aquí expuesto. Indudablemente, todo lo que se ha expuesto permite llegar a conclusiones, opiniones, opciones y criterios. Lo que trato de dejar claro es que es prematuro emitir juicios sobre el Método sin haberlo aplicado.

……….Todo lo expuesto lo ha sido para permitir al lector comparar estas informaciones con otras que puede obtener o haber obtenido con anterioridad y ayudarle a formase un criterio más amplio y fundado. No estamos temiendo el criterio del lector, todo lo contrario. Lo que trato de matizar es que sobre las particularidades del Método no es posible hacerse una idea completa sin haberlo aplicado a varios escritos cristianos primitivos. Eso exige dedicar varias docenas, y aun cientos de horas, al tema. Y esa es la diferencia entre lectura y formación. La formación sólo la da la práctica. Sobre el Método, la formación, sólo con práctica. ¿La información? Ésa sí que el lector la tiene. Información. No formación.

……….A riesgo de parecer impertinente, quiero reiterar que, con la información aquí ofrecida, uno puede orientarse mejor sobre el tema que estamos tratando de esclarecer, cómo se escribieron nuestros libros ideológicos. Pero eso no quiere decir que con la simple lectura de cuanto se ha expuesto el lector sea un experto en el Método que acaba de conocer. De hecho, no lo es. Lo será cuando haya dedicado … 500 horas a aplicarlo. Hasta ese momento, sus comentarios sobre el Método diría que carecen incluso de liviana base, por emplear un lenguaje sibilino.

……….Hay que conocer al falsificador, hay que meterse en sus meninges, hay que familiarizarse con sus formas, hay que captar su mentalidad y sus trucos, para saber identificarlo y tener posibilidades de burlar sus engaños. Hay que reconocerle cuando se le tiene delante, hay que saber lo que le es extraño, hay que saber las cosas que pueden venir de él y lo que en modo alguno puede ser suyo. Y eso sólo se logra cuado se dedican cientos de horas a estudiar el personaje. Y aún diría miles. Sin tiempo dedicado, sin trabajo personal, no hay base suficiente para poder criticar el Método y contrastar los frutos que aquí se han ofrecido.

……….Con enorme agrado respondería a objeciones planteadas como consecuencia de trabajos emprendidos por lectores que traten de aplicar el Método descrito a este o aquel otro texto cristiano primitivo. Y entonces, a la vista de las dificultades planteadas en un caso real, hablemos del gobierno, veamos si hay que modificar determinado aspecto del Método. Pero que sean la duda o la objeción frutos de la práctica y que se puede discutir sobre un texto determinado. Pegas a nivel intelectual … todas las que uno quiera plantear. Ese ejercicio está abierto a todo el mundo. Cualquiera es capaza de poner pegas. Cualquiera pude lucir sus prejuicios.

……….Verificar la regla que acabo de dar tal vez sea difícil, a la vista de otra característica de la que he hablado al principio, lo que he denominado la opinión rápida. Es el tema que nos ocupa tan sabroso, tan versátil, tan evanescente, que atrae la atención del lector y casi le incita a formar su opinión al cabo de un cuarto de hora de haber en él entrado. Esto es “la opinión rápida” a que he hecho referencia al inicio. Y no me refiero a la opinión sobre los resultados, sino a la opinión sobre el modo de deducir aquéllos.

……….A este respecto quisiera advertir de un peligro que subyace en esa opinión personal rápida. Todos nos enamoramos de nuestras opciones, principalmente porque son nuestras. En el tema de cómo vieron la luz nuestros escritos ideológicos sagrados es preciso dedicar un número ingente de horas, y aun así los resultados no siempre son plenamente satisfactorios. La lectura de cuanto se lleva aquí dicho no suple esa dedicación ingente.

……….Para llegar a forjar una opción personal diferenciada creo poder decir que se necesitan cientos de horas de trabajo personal. Eso es hacer investigación (nótese que se indica “trabajo personal”, esto es, con componentes diferentes a todo lo que se ha dicho hasta ahora) y eso exige dedicación de tiempo. Para que la haya, será necesario un fuerte interés como motor. Bienvenidos al mundo del trabajo personal a cuantos tengan ese interés. 

……….Para investigar, lo he dicho en alguna otra ocasión, hay que partir de presupuestos ideológicos nulos. No cabe investigar si uno va a ratificar su opinión rápida. Porque entonces, las averiguaciones se encaminan a buscar argumentos que confirmen que aquella idea inicial era correcta. Y así, uno se anula como real investigador.

……….Otra manera, más diáfana y comprensible, de eliminarse como investigador de estos temas es tener ya una opción personal ideológica y tratar de probar que esa opción asumida es la correcta y que todos los resultados que la contradigan tienen que ser erróneos. Vale la misma afirmación ya dicha, uno sólo buscaría las “pruebas” de que uno está en la verdad y los demás equivocados.

……….Por eso hay que decir que investigar no es lo mismo que quedarse uno tranquilo. Investigar es averiguar la verdad de una cosa. Y para poderlo hacer, hay que quererlo hacer. Otro requisito evidente es que para averiguar la verdad de una cosa hay que partir de la base de que la verdad tal vez no esté descubierta. Tan castrador para la investigación sería dar por hecho que lo que se acepta como verdad no puede serlo y que hay que “descubrir” alguna solución nueva, como asumir que no hay nada que investigar porque todo está ya descubierto.

……….Es el momento de defender que investigar en el mundo de las ideas requiere una asepsia personal sobre el tema, asepsia que parece que no se prodiga. Uno debe sentirse desprendido del tema que analiza. Sólo así logrará la independencia mental y emocional imprescindibles para llevar a cabo sus análisis, para no sesgar éstos, para no tirar de la mesa las vías de análisis que puedan poner en peligro la propia convicción. De hecho y en este asunto, tener una convicción ideológica asumida inhabilita a uno para hacer investigación. Sólo una honradez absoluta nos permitirá investigar el origen de nuestras creencias y filosofía de vida. Y parece difícil imaginar una honradez absoluta cuando están en juego las convicciones personales propias más íntimas y existenciales.

……….De modo que tanto la opinión personal rápida como la convicción ideológica propia pueden ser obstáculos insuperables que impidan al lector convertirse en investigador del mundo de las ideas. Esas mismas circunstancias le impedirán argumentar con ejemplos sacados de la vida misma, de su propio trabajo. Porque cuando se dan los obstáculos ya mencionados, no se pueden mostrar los resultados de unos cientos de horas que nunca se dedicaron al tema que sólo mentalmente se defiende.

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……….Fernando Conde Torrens es autor de “Simón, opera magna”, “El Grupo de Jerusalén”,  “La Salud”, recientemente “Año 303. Inventan el Cristianismo” y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En  http://sofiaoriginals.com/ expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano.

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