Escuela virtual de Sabiduría de Pamplona.

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Tesis 68 Firmas Final definitivo

Tesis 68 Firmas Final definitivo

© Copyrigth Fernando Conde Torrens, el 3-8-2.016

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……….A mí no me gusta decir por ahí que estoy enfermo, que algo no me funciona bien. Me callo y espero a curarme. Y cuando ya me he curado, puedo decir que he pasado por una mala racha, o que me ha pasado lo que ya ha pasado, y así sólo se preocupa del asunto el que suscribe.

……….Con esto de las firmas me ha pasado algo parecido. Y ahora, cuando ya ha pasado todo, once años después de cuando los artículos anteriores vieron la luz, ya puedo hablar claro. Y cerrar la historia del Método de las Firmas, que me aportó luces y sombras.

……….Porque ha sucedido un hecho curioso. En los Evangelios había realmente firma de SIMÓN, si bien no eran las que yo encontré en un principio. Eso ha generado una tensión y una dificultad para hablar claro.

……….Cuando, con la ayuda de dos amigos informáticos, pusimos en marcha un programa que encontraba firmas de Simón, lo probamos con pasajes de los Evangelios y al tal programa no se le escapaba una firma. Las hallaba todas. Asegurados de que el programa funcionaba perfectamente – mejor que yo mismo – lo aplicamos a dos pasajes con varios capítulos de un Evangelio. El primer pasaje era el texto del propio Evangelio. El segundo era ese mismo pasaje,  pero trucado: Cambiamos todos los párrafos de dos en dos. Si los capítulos originales los numerábamos como 1, 2, 3, 4, 5, 6, etc., los capítulos del otro cuerpo eran 2, 1, 4, 3, 6, 5, etc. La idea no fue mía, sino de mis amigos y colaboradores.

……….Al aplicar el programa a ambos cuerpos del Evangelio obtuvimos un número similar de firmas en ambos conjuntos. Eso significaba irremisiblemente que las firmas que yo había encontrado eran fruto del azar.

……….Ni que decir tiene que aquello fue un mazazo para mí. Pero yo no buscaba, como algún detractor sospechó, tener razón por encima de todo, sino llegar al fondo del asunto. Y si mis firmas eran fruto del azar, eran fruto del azar. Cuando pocos día después me repuse, pensé: «O no hay firmas, o las hay pero aún no las he encontrado. Tengo que buscar mejor.»

……….Porque estaba convencido de que las había y de que todo era un montaje. Y si Eusebio era un Maestro del Conocimiento – prueba de ello era la Sabiduría de algunos pocos pasajes en el Nuevo Testamente – éstos eran suyos, y Eusebio no podía dar por buena la falsificación. Algo debía haber hecho para denunciarla. Luego debía haber firmas.

……….Mi problema era que, de cara al exerior, yo no podía reconocer que no había firmas, porque seguía buscándolas, y seguía creyendo en ellas. Tampoco quería decir que las había y que seguía buscándolas, porque no debía dar pistas a nadie. La sensación de fracaso que vi alrededor me venía bien. Me daba tiempo para seguir investigando a solas.

……….De modo que fui un tanto ambiguo: Las firmas aparecidas se debían al azar, eso lo dije claramente. Pero no reconocí que no había firmas, ni que las había. En eso estuve ambiguo con plena conciencia. Que cada cual pensara lo que quisiera, yo, a lo mío, a buscarlas.

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Tesis 68 Firmas Final definitivo

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……….Hay otro aspecto que, al final del proceso – el descubrimiento de las firmas puestas por Esebio – conviene resaltar. Todos los argumentos que entonces expuse, apoyándome en las firmas puestas por el azar, eran correctos y defendían la realidad. Aun estando basados en unas firmas falsas; porque realmente había firmas de Simón en todo el Nuevo Testamento, como yo entonces defendía. Por eso he pasado tantos articulos antiguos al nuevo formato de la Web, porque las explicaciones y argumentaciones que di hace once años eran y siguen siendo acertadas.

……….Tal vez quede todavía una faceta sin explicar. ¿Por qué esa seguridad – que nunca me ha abandonado – de que había firmas de Simón en los Evangelios? Hay algo que no puede transmitirse, ni siquiera escribiendo un libro. Era tan enorme la cantidad de indicios razonables de que estábamos ante un invento, ante un montaje – indicios a lo alrgo de toda la investigación – que era casi imposible que no hubiera una señal infalible que lo denunciara. Y la firma que llamé «la llave del laberinto», la firma de Simón para que se viera en el Martirio de Policarpo, que está expuesta tanto en «Simón, opera magna», como en «Año 303. Inventan el Cristianismo», era una firma auténtica. La única firma auténtica que había descubierto. Si estaba allí, anunciada, y fácil de descubrir, era para algo.

……….Ahora que todo está descubierto, es evidente que de esa única firma no supe deducir la regla de formación a la que obedecían las firmas. La que me pareció deducir, no era la regla auténtica. Pero tampoco se puede pedir a un solo invetigador que resuelva un enigma tan complicado como el presente de una tacada. Han hecho falta dos tacadas.

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……….Fernando Conde Torrens es autor de «Simón, opera magna», «El Grupo de Jerusalén»,  «La Salud»,  recientemente «Año 303. Inventan el Cristianismo» y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En  http://sofiaoriginals.com/ expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano.

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