«La creciente humanidad en el mundo helenístico 74» trata de los acuerdos que se establecían entre ciudades, y los beneficios a particulares bajo ciertas circunstancias.
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© Copyrigth Fernando Conde Torrens, el lunes 13-2-2.012
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Hemos visto que la guerra se dulcificó, hasta un cierto momento, hasta la batalla de Mantinea, el año 223 AEC. Luego llegó al poder Filipo V. Con él la guerra contra Roma se volvió un tema recurrente. Y Roma no se va a caracterizar por su bondad para con los vencidos. Esto es propio de todos los Imperios emergentes, que quieren dejar bien sentado que no es bueno oponer resistencia. Algo similar había hecho Alejandro Magno con Tebas y con Tiro, entre otras pocas. Pero, salvo la llegada de la nueva potencia opresora, lo griegos caminaban dando cada vez más peso a la Omonoia, al sentido de Humanidad.
Hubo más indicios que el comportamiento en la guerra. Así por ejemplo, hubo un movimiento generalizado para resguardar ciertas ciudades contra las guerras.: Las ciudades sagradas. Un lugar sagrado era un Templo y su entorno (los Templos estaban rodeados de un amplio espacio abierto, cerrado por pórticos con columnas). El castigo, no obstante, por no respetar un lugar sagrado era … el castigo de los dioses. No iba a haber un castigo humano. Por eso los empecinados no respetaron ni los lugares sagrados. Y Demóstenes o Aníbal, que se habían refugiado en un par de ellos, decidieron que la única manera de huir, de Filipo II o de los romanos, respectivamente, era beberse el veneno que siempre llevaban encima. Y eso hicieron.
Varias ciudades se beneficiaron de ese movimiento en pro de fijar ciertas salvaguardas a las brutalidades de las guerras, como la isla de Delos, cuna de nacimiento de Apolo, que desde tiempo inmemorial gozaba de tal privilegio. Par que una ciudad se convirtiera en ciudad sagrada era necesario la aquiescencia del mundo heleno y de los monarcas helenísticos vivientes. Tal fue el caso de Esmirna, hacia el año 240 AEC., y algo más tarde de Magnesia del Meandro, en Lidia, al Oeste de Asia Menor. Y de Alabanda, Teos, Mileto y algunas otras. Los oráculos, vete a saber por quién favorecidos, apoyaban que se nombrar a tal o tal otra ciudad lugar sagrado, pero no siempre tal petición era atendida. Cuando lo fue, le dio una justificación de carácter religioso a la elección.
No sólo un Templo o una ciudad adquirió carácter de lugar sagrado e inviolable. Llegaron a tal categoría incluso territorios, como las islas de Tenos y de Delos. En las adjudicaciones no puede decirse que no hubiera intereses creados. Por ejemplo, Esmirna fue la mejor aliada de Seleuco II y este monarca forzó que se la considerara lugar sagrado. Otro caso singular fue la ciudad de Xanthus, inexpugnable por sus murallas. Antíoco III la sitió, vio que era imposible de tomar y, antes de retirarse, la nombró ciudad sagrada. Con eso evitaba una derrota moral.
Esta inviolabilidad se extendió a determinadas personas. Así, los artistas dionisíacos, que organizaban las fiestas en honor a Diónisois, caracterizadas por la alegría sin freno de las mismas, se ganaron la inviolabilidad, eran sagrados. La gente no se quería perder sus fiestas. Había además, entre ciudades, tratados de asilo, por el que sus ciudadanos estaban mutuamente protegidos contra la furia de la multitud por ser extranjeros. Ya hemos hablado de las personalidades respetables, artistas, poetas, escultores, filósofos, literatos … que recibían un certificado de inviolabilidad, extensivo a sus descendientes. Incluso se firmaron convenios de ciudadanía doble. Por ejemplo, Corinto concedía a los habitantes de Argos la ciudadanía honoraria, que sería la propia de Corinto siempre que vinieran a vivir a Corinto. Eso significaba que podían adquirir propiedades inmuebles en Corinto. Y a la recíproca. Esto se hacía en virtud de la isopolitía, de la que ya hemos hablado.
Atenas concedió la ciudadanía honorífica a Priene. Y lo mismo se dio entre Atenas y Rodas, Atenas y Mileto, Mesenia (en el Peloponeso) y Figaleia, Paros y Alaría, Mileto y el conjunto de Cío, Figela, Milasa y Seleucia de Tralles. Tenos y Cirene, en Egipto, así como entre Tenos y varias ciudades cretenses.
Roma se va a oponer a estos acuerdos de doble ciudadanía, pero no siempre le fue posible ordenar y mandar en el tema. Así, cuando Pompeyo llegó a Bitinia y comprobó lo extendida que estaba la doble y aun triple ciudadanía, decidió suprimir tal prerrogativa. Pero tuvo que echar marcha atrás por la oposición que los derechos adquiridos suponía entre lo más granado de la población. Mucho más tarde Trajano, Emperador de año 98 al 117 de nuestra era, se encontró con el mismo problema en Bitinia y, con todo su poder, tuvo que aceptar las ciudadanía múltiples existentes y sólo pudo prohibir que se hicieran más acuerdos ente ciudades en ese sentido.
Los nombramientos de ciudadano honorífico suponían que la persona designada era recibida con todas las atenciones en la ciudad madre. Tenía reservado una silla en la primera fila en los Juegos, y, mientras estuviera en la ciudad, cenaba invitada por el Ayuntamiento, o Boulé.
Otro uso que se extendió era el nombramiento de defensores de los derechos de una ciudad en otra, nuestros modernos embajadores. Atenas nombró a un grupo amplio de ciudadanos de la Tesalia como defensores de Atenas en sus ciudades de origen. Todos los habitantes de Mesenia y de Pella, en Macedonia, pasaron a ser defensores de Delfos en sus ciudades respectivas. Todos los habitantes de Delfos eran defensores de Sardes, en Asia Menor. Las ciudades de la Liga Molosia tenía por defensores de los habitantes de Agrigento. Las ciudades hicieron proliferar este tipo de acuerdos y nombramientos. Por ejemplo, Epidauro, una pequeña ciudad al Sureste de Corinto, en el Peloponeso, nombró cuatro defensores en un año y lo hizo anotando sus nombres en una lista. Hacia el año 264 Histia nombró a 32 en un año.
El ser nombrado defensor de una ciudad era un nombramiento muy codiciado, ya que no sólo suponía inmunidad ante el embargo, sino que concedía el derecho a adquirir posesiones de todo tipo en la ciudad que concedía el título. Los antecedentes de la inmunidad diplomática moderna. Este derecho era utilizado con gran frecuencia, dado que tal título se concedía a personas pudientes. Como siempre, cuando Roma conquistó la Acaya, en el Peloponeso, eliminó la posibilidad de que una misma persona tuviera tierras en dos ciudades a la vez. Más tarde retiró tal prohibición. Muchas ciudades, para favorecer el comercio, concedieron libertad de importación y exportación, anulando los aranceles, a otras muchas ciudades.
Todas estas medidas contribuyeron a unir unas ciudades con otras. Un autor en el tercer siglo dejó escrito: «Hay muchas ciudades, pero son una Hélade.» Cabe preguntarse hasta dónde hubiera llegado el proceso si Roma no hubiera intervenido …
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Asia Menor, con Bitinia y Magnesia del Meandro, sobre el Hermus (en Lidia)

(Fuente: Longman´s Atlas of Ancient Geography. New York, London and Bombay, 1.902.)
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Enlace con el próximo día: Las personalidades en el mundo helenístico 75
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………. Fernando Conde Torrens es autor de «Simón, opera magna», «El Grupo de Jerusalén», «La Salud» y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En https://www.sofiaoriginals.com/ expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano.
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