En «La humanidad Mundo helenístico 70» asistimos a un cambio paulatino en la tolerancia y el respeto a la vida en la sociedad helenística.
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© Copyrigth Fernando Conde Torrens, el 3-2-2.012
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Estábamos con las nuevas ideas que fueron expandiéndose por influjo de las Escuelas de Sabiduría (lo que los que no la viven llaman Filosofía). Otra idea que se fue generalizando como consecuencia de lo visto fue cierta ampliación del sentimiento de humanidad. Cierto que no todas las demostraciones que se hacían iban en la línea de tener un sentido de solidaridad, de humanidad, porque se dieron guerras, abusos y matanzas. Los griegos siguieron siendo tan pendencieros como antaño, pero este comportamiento no era considerado como algo debido, sino que se empezó a extender la duda de si las cosas debieran ser así. Bastantes guerras libradas en territorio griego fueron guerras de defensa, sobre todo las más reñidas, con Roma.
Ya hemos comentado que si la manera antigua de resolver los litigios territoriales, o de lindes, era la guerra entre vecinos, esta costumbre fue dejando paso al arbitraje. Esto ya arrancaban, el algunos casos, de tiempos anteriores. Así, Esparta y Argos, vecinos y potentes ambos, tenían un acuerdo por el que todas las disputas que surgieran entre ambas se resolverían mediante arbitraje. Pero esto, que era una excepción, se volvió habitual a lo largo del siglo III y en época posterior. El arbitraje más frecuente era sobre lindes, es decir, sobre límites del territorio entre ciudades contiguas. Los árbitros solían ser magistrados a otras ciudades, y, en ocasiones, los monarcas reinantes, siempre que tuvieran fama de ecuánimes. El monarca arbitraba como si fuera un particular, no en uso de su poder de mando. No sucedió lo mismo con Roma, cuyo Senado ordenaba la solución del asunto en litigio. Con Roma, el arbitraje pasó a ser edicto.
Los problemas por ganar terreno al vecino venía como consecuencia de la real necesidad de disponer de más terreno para cultivo, por el peligro de hambruna. Era preferible entrar en litigio con el vecino que morir de hambre. Cada sentencia era una guerra evitada. No todas las sentencias se cumplían. Caso de ser así, se daba un nuevo arbitraje. Poco a poco, y sobre todo las ciudades más pequeñas, suscribieron permanentes tratados de arbitraje con sus vecinos.
Otro cambio que poco a poco fue dándose, introducido por Alejandro, Demetrio y Antígono Gónatas, el filósofo, fue cierta caballerosidad en el trato con los vencidos. De tiempo inmemorial se admitía que, el conquistador de una ciudad, tenía el derecho a matar a todos los varones, que sin duda habían matado a alguno de los nuestros, y vender a mujeres y niños como esclavos. En tiempos de Alejandro, esto ya se modificó y lo que se hacía era vender a todos, hombres, mujeres y niños. Alejandro lo hizo con las poblaciones de Tebas, Gaza, Tiro y Persépolis, si bien en ésta última no respetó la ley, no escrita, de que una ciudad que se rendía sin ofrecer resistencia debía ser respetada. Alejandro la dio en saqueo a sus soldados y luego la quemó.
También sus sucesores dejaron a aplicar los criterios antiguos con la idea de que al tomar una ciudad lo que interesaba era hacer lo más ventajoso para el conquistador, y no convertirla en un desierto. Con el tiempo, resultó que las viejas costumbres habían muerto. Eso era un paso en el lento camino hacia la civilización. y así, cuando los Celtas invadieron Grecia en el 279 AEC., hubo una amarga protesta contra las costumbres bárbaras de ese pueblo, porque ya los hábitos no eran los propios de regiones más primitivas.
Recipientes para los alimentos en el patio de una casa helenística

(Fuente: Historia de la Humanidad. GRECIA HELENÍSTICA. Rebeca Rubio et alia. Arlanza Ediciones, 2.000.)
Tras la batalla de Mantinea de la Liga Aquea y Macedonia contra Esparta, el rey macedonio, Antígono Dosón dio su aprobación a que el líder de la Liga Aquea, Aratus, en venganza por la actuación de la ciudad, vendiera a todos sus habitantes. Hubo también protestas en todo el mundo helénico por tal comportamiento. Este retroceso en pleno corazón de la Hélade puso fin a la esperanza de que las cosas se suavizaran y la Omonoia se extendiese. Porque con la muerte de Antígono Dosón y el acceso al poder de Filipo V, en pugna permanente con Roma, y con el acceso de ésta a la Hélade, las cosas volvieron a las antiguas reglas y las matanzas se convirtieron en reguero frecuente en las diferentes guerras que se sucederían.
Pero si así sucedía en los escenarios de los enfrentamientos entre Macedonia y Roma, otras muchas ciudades griegas optaron por poner un poco de humanidad incluso en los casos de enfrentamientos entre ellas. Así, Mileto y Magnesia, que acababan de terminar una guerra entre ellas, llegaron al acuerdo de cambiar sus prisioneros mutuos, sobre la base de cabeza por cabeza, soldado por soldado. Y como Magnesia había capturado más prisioneros, cuando recuperó sus hombres de Mileto, devolvió a los que quedaban en sus cárceles sin pedir rescate por ellos, lo que supone una muestra de ese nuevo estilo de relacionarse las ciudades o los estados.
Lécito decorado con una esclava empleada en el hogar

(Fuente: Historia de la Humanidad. GRECIA HELENÍSTICA. Rebeca Rubio et alia. Arlanza Ediciones, 2.000.)
Muchos años atrás, Licurgo había hecho aprobar una ley en Atenas por la que a un ateniense le estaba prohibido comprar un griego libre para hacerlo su esclavo. En la época helenística muchas ciudades griegas llegaron a otro acuerdo más avanzado: Si uno de sus ciudadanos compraba un ciudadano de la otra ciudad, estaba obligado a darle la libertad si recibía el mismo dinero que había pagado por él. Otro ejemplo de comportamiento humanitario era el de muchos ciudadanos adinerados que compraban a los piratas esclavos griegos y les daban la libertad, incluso sin haber recibido el precio del rescate pagado por ellos.
Otro caso que sabemos es el de Hegesipo y Filopapus, que se entregaron ellos mismos como rehenes a una tripulación pirata para salvar a un grupo de mujeres capturadas por los piratas. El precio que recibieron por su gesta fue una corona de laurel y la mención de su hazaña y el premio en el decreto que les otorgaba dicha corona por parte de la ciudad de las mujeres afectadas. Sus nombres y su hazaña se han salvado del olvido gracias a haberse conservado, por azar, la placa con el decreto. Pues los decretos antiguamente se grababan en piedra y se exponían en la plaza principal de la ciudad, para general conocimiento.
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El Imperio de Alejandro, lugar de asentamiento del Helenismo

(Fuente: Longman´s Atlas of Ancient Geography. New York, London and Bombay, 1.902.)
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Enlace con el próximo día: La razón de nuestro análisis. Mundo helenístico 71.
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………. Fernando Conde Torrens es autor de «Simón, opera magna», «El Grupo de Jerusalén», «La Salud» y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En https://www.sofiaoriginals.com/ expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano.
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