Escuela virtual de Sabiduría de Pamplona.

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La Unidad y lo Uno

……..Vamos a tocar hoy un tema difícil, la Divinidad, lo que aquí hemos llamado la Plenitud divina. Lo que otros llaman Dios. La Unidad y lo Uno. Es un tema difícil, incluso puede pensarse que imposible. Y lo es, en efecto, imposible, si no se emplea la Mente Superior. Con la Mente Superior todo se vuelve accesible.

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……..Y antes de decir cómo son las cosas, pasemos revista a cómo se las han imaginado los humanos. Un Maestro griego de la Antigüedad – no estoy seguro, tal vez fuera Empedocles – ya dejó escrito que los negros estaban convencidos de que Dios era negro, mientras que los bárbaros rubios del Norte aseguraban que era rubio, como ellos.

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Los humanos hemos imaginado a Dios a nuestra imagen y semejanza, desde siempre. Es lo normal, que extrapolemos nuestra realidad a la Dimensión Superior. A fin de cuentas, es lo único que conocemos, nuestra realidad material. Y hemos imaginado a la Divinidad no sólo como un ser personal, sino que la hemos dotado de los mismos gustos y deseos que nosotros, y la hemos rodeado de las realidades a que estamos acostumbrados.

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Y lo pintaron los artistas, y lo describieron los poetas sentado en un Trono, rodeado de una Corte inmensa de Ángeles, y le dieron el dominio del mundo, mediante decisiones de apoyo y retirada del favor a unos y otros. Y le dieron la capacidad de legislar, de premiar y castigar. Y le supusieron deseoso de ser amado, venerado, temido o adorado.

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Si estas suposiciones, a veces afirmaciones, no hubieran venido acompañadas de otro tipo de manipulación, como considerarse quienes las hacían representantes de esa Divinidad en la tierra, no hubiera sido demasiado malo. Pero se ha dado la manipulación, la suplantación, la prédica interesada, como medio de acceso a un poder conceptual, intangible, pero muy real, porque acaba basándose en hechos y bienes muy tangibles.

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Y se ha completado la ficción suponiendo que los humanos, después de muertos, nos conformamos, o nos satisfacemos, con la contemplación de la Majestad de esa Divinidad, en el mejor de los casos. No hablemos de otras posibilidades.

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Bien, a todo eso nos conduce la imaginación. Y estas hipótesis han satisfecho a millones de seres durante cientos de años.  

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La Unidad y lo Uno

     La Unidad y lo Uno

 

Volvamos ahora a la Realidad. En esta Web ya hemos señalado que la Divinidad es más un “estado” que un Ser personal. Y que hay un Plan, y que el buscador debe desear y sentir que quiere incorporarse y que se ha incorporado a ese Plan, lo que supone coincidir con el deseo de la Plenitud divina, amoldarse a sus modos. Tratemos de definir un poco mejor la existencia en el Más Allá, porque puede ser una manera de empezar a comprender la Esencia de la Divinidad.

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En este mundo los humanos tenemos las componentes que ya se han definido aquí: Las inferiores, temporales, caducas, y las Superiores, trascendentes, perdurables. Nuestras Componentes Superiores son lo que se va al morir. Y se va al Más Allá, a la Dimensión Superior. Son el resto, el remanente, de nuestra individualidad, pero tienen esas Componentes unas propiedades especiales, participan de la Esencia de la Divinidad, participan de lo Uno, de la Unidad. Son, como lo Uno, plenas. No tienen la posibilidad de error, no están sometidas al Mal. Y, por participar todas esas Componentes – de los millones de humanos trascendidos – de idénticas cualidades, forman todas ellas una Unidad Superior.

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Acerquémonos un poco más. Queremos decir que las voluntades de todos los humanos trascendidos son Una misma y  Plena Voluntad. No puede haber discrepancia alguna entre los millones de Componentes Superiores ubicadas en el Más Allá. Todas ellas funcionan con las mismas directrices, planes, deseos y objetivos. Son la Voluntad de la Plenitud divina, de lo Uno. En la medida en que esas Componentes Superiores están desarrolladas, manifestadas, en un individuo, su poseedor se está integrando en la Unidad, en lo Uno. Pertenece, en ese grado, a lo Uno.

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Debemos ser capaces de hacer esa abstracción y considerar esa común Conciencia como una Realidad envolvente, que contiene a todas esas partículas, idénticas en su Esencia, aunque no en su grado de crecimiento. De la misma forma que una Comunidad de Propietarios puede tener entidad jurídica y disponer de cuentas corrientes y emitirse facturas a su nombre, como una entidad de orden superior. O del mismo modo que un témpano se compone de millones de partículas de agua en estado sólido y es un ente diferenciado y distinto a las moléculas de agua entre las que flota.

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Si la Mente Superior se integra de ese modo en la Unidad divina, el Corazón Superior se iguala en sentimientos al sentir de la Divinidad. Y no hay mejor sentir que ése. Es la Unión – que se ha llamado mística – permanente. Es lo que han comenzado a experimentar quienes se han asomado al Más Allá y luego han vuelto, y que tan buen recuerdo les ha dejado de lo que hay después de la muerte. Es la participación en la Plenitud divina.

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¿Y el Cuerpo Superior? Podríamos decir de él que es el funicular, el medio de transporte de las dos Componentes Superiores citadas, activas en el Más Allá. Mientras vaya a ser necesario en el futuro, para viajes de ida y vuelta, seguirá existiendo. Cuando – porque el ser humano al que sirve haya conseguido todos los logros que es posible conseguir como humano – no haya que hacer más viajes, se diluirá, porque su función habrá terminado. Y entonces ese humano se habrá fundido e identificado con la Divinidad.

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Para poner un ejemplo de nuestro mundo, todo es como una Inmensa Colmena, en la que las obreras trabajan con conciencia de Colmena. La Colmena asemejaría la Unidad. Y las abejas, cada una con su trabajo individual, a los humanos trascendidos.

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En cierto modo, los humanos trascendidos pierden su personalidad anterior, su individualidad terráquea, su capacidad de decisión personal, porque han perdido sus componentes inferiores, que les daban la posibilidad de errar. Porque la han sustituido por la pertenencia, o adhesión, a la Unidad, donde todo es pleno y perfecto. Y son conscientes de que han salido ganando con el cambio.

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.……..De modo que la Divinidad, o al menos la Dimensión más asequible de Ella, es esa Unión de todas las Componentes Superiores nuestras, que se han adherido a su Esencia. .

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            Digamos por último, que no es imprescindible abandonar este mundo y zambullirse en el Más Allá  para experimentar esa Unión. Las Componentes Superiores pueden desarrollarse, o manifestarse, en esta vida, en la Tierra. Con nuestra Mente Superior podemos conectar con el Saber Universal, con el Saber de la Unidad. Con nuestro Corazón Superior podemos experimentar, a retazos, la Unión que Allá es permanente. Es lo que hemos llamado “Contacto con el Fondo”. Así sabremos y experimentaremos lo que sucede en el Más Allá.

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Fernando Conde Torrens es autor de “Simón, opera magna”, “El Grupo de Jerusalén”, “Año 303. Inventan el Cristainismo”, “La Salud” y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En https://sofiaoriginals.com expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano.

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