Escuela virtual de Sabiduría de Pamplona.

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Un mal final

Un mal final

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……….   Enlace al artículo anterior:  https://www.sofiaoriginals.com/la-malquerida/

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………   Luego vienen los hijos. Mientras éstos son pequeños, todo sigue como si los hijos no existieran, de cara a la pareja. Pero conforme van siendo mayores, de 8 ó 10 años, y empiezan a hacer preguntas, o a tener ideas propias, o a emitir juicios no favorables al padre, empieza al padre a meterse con los hijos. Esta nueva modalidad era algo con lo que la mujer no contaba. Ya no sólo tiene que soportar los golpes verbales dirigidos contra ella. Ha de calmarle a él con respecto a los hijos. Y no siempre lo consigue. Y los hijos lo pagan. Ellos no tienen la prudencia y el aguante de su madre. Todo lo contrario, no aguantan nada, lo dicen todo. Y eso origina enfrentamientos fuertes en la casa. Teniendo en cuenta que hay uno que no sabe contenerse, que no tiene dominio sobre su genio, que es él.

………   Llega entonces el tiempo de un mediador. Y éste suele ser un profesional, psicólogo, psiquiatra, o cura de la parroquia. La idea parte siempre de ella, que es la que es normal. Ella no tiene miedo a exponer la situación de la casa ante un tercero, desconocido al principio. Él se resistirá y tal vez ceda al final, ante alguna insinuación de que ese camino hay que intentarlo, antes de tomar medidas sin vuelta de hoja. A regañadientes, pero irá.

………   Se abrirá lo menos posible ante el consultor. Tratará de quedar lo mejor posible, pero el consultor, persona avezada, sabe perfectamente dñobde está la causa del problema. Lo que pasa es que tampoco puede ser muy claro, muy diáfano. Debe conseguir mejorar la situación, no hacer de juez, ni dictar sentencia. El tiempo del consultor externo también pasará. Los hijos crecerán y entonces se plantearán los mayores momentos de tensión.

………   Las discusiones que ella ha logrado evitar, a base de ceder de su derechos, de cederlos todos, dirigida la ira del marido hace ella, no los podrá evitar cuando la ira desbordada la dirija el padre contra su hijo o hija mayor. Esas situaciones posiblemente de violencia, pues será un padre que pegue a sus hijos, sea más de lo que ella puede soportar. Y un muelle interno le haga saltar y enfrentársele.

………   Aquí reside el peligro, de consecuencias imprevisibles y nunca buenas. Estar ella años sometida, aguantando todo tipo de humillaciones y desprecios, de insultos y vejaciones, ha acostumbrado a su pareja a pensar que la casa es suya, que sus hijos son suyos y que su pareja es también suya. Ella, la primera. Y que, de pronto, se le rebelen el hijo, o hija, mayor y – haciendo causa común con el menor – que salga en su defensa la madre, su pareja, lo saca de quicio.

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Un mal final

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………   Y aquí hay un aspecto que marca la diferencia entre el destino de ella: Si él tiene algo que perder o no. Si hay una muralla de prestigio ante su entorno exterior, su familia, sus amigos, sus colegas de profesión, sus jefes. Si esa barrera es suficientemente fuerte como para impedirle hacer una barbaridad.  Es la presión de su círculo el que evitará la catástrofe. Ninguna otra cosa. Es la versión que hemos forjado en esta casa.

………   El factor que marcará la diferencia puede tener relación con el puesto que él ocupe en su Empresa, con la formación profesional que tenga. Cuanto mayor sea, más tantos hay a favor de la vida de su pareja. Si se trata de un desarrapado, sin oficio, ni beneficio, sin círculo de amistades, ni de relaciones laborales o profesionales … mejor tentarse la ropa antes de enfrentársele abiertamente. Una persona desligada del mundo no tiene barreras que le impidan cometer una barbaridad.

………   Evidentemente, no es éste un relato de todos los casos que pueden darse, ni de todas las circunstancias personales de ella y él. Pero puede dar idea de qué variables juegan en los años en que la convivencia se mantiene.

………   Una idea que no va a gustar a nadie: Es hasta posible que el maltratador ejerza su terrible influencia hasta después de muerto. Ha sido tan larga su acción opresora sobre su víctima, tan larga y brutal, continuada y soportada en silencio, que esa acción terrible ha ido dejando su huella en el interior, en todos los órganos internos de ella.

………   Ella ha tenido que soportar en silencio, aislada, disgustos de todo tipo. Mucho tiempo y mucha intensidad del disgusto estropean su cuerpo entero. Y si él falla antes, porque su organismo está peor todavía, por sus enfados y excitaciones continuas, no sería extraño que a los meses, en el organismo de ella, que por fin ha llegado a la relajación, afloren las consecuencias de tanta violencia contenida y tanta represión sufrida. Y aparezca un cáncer de órganos reproductores que no le dejen disfrutar de la tranquilidad a la que tenía tanto derecho.

………   El caso descrito se sitúa en un rango alto de violencia. Hay casos en que este nivel es inferior, más llevadero para la pareja, más llevadero para los hijos, pero que no dejarán de sufrir las deformaciones que hemos indicado. Podríamos aventurar sin gran riesgo de error, que en un 50 % de los hogares en este país se da algún tipo de “violencia de género”, de mayor o menor envergadura. De la que saldrán siempre afectados los hijos, que son los más vulnerables. Y ello no es extraño. Hogares en que los hijos crezcan libres de presiones, apoyados por sus padres, que éstos contribuyan a su madurez como seres humanos, requiere padres de las mismas condiciones, y de éstos … ¿un 10%, amigo lector?

………   Moraleja de la historia … una separación a tiempo, antes de la llegada de los hijos, o con ellos aún pequeños, puede ser mejor que un final trágico. Claro que apoyándose en la familia, que es el único puerto de refugio ante tales dificultades. Por eso conviene acelerar las decisiones, para que los padres tengan aún energía para hacer frente al energúmeno …

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