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Egipto Antiguo 175 César y los piratas

Egipto Antiguo 175 César y los piratas que lo raptaron durantes unos meses.

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© Copyright  Fernando Conde Torrens, el Viernes 21-2-2.014

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          En el anterior artículo hemos visto a Cleopatra terminando de arreglar el futuro de Egipto con Julio César.   

        Al día siguiente César se despidió de su amante, indicándole que volvería por la noche. César pensaba convertir la Villa de Cleopatra en su nuevo hogar. Porque desde que volviera de Siria, tras derrotar a Farnaces, no tenía hogar. Su mujer, Calpurnia, no quería admitirle en casa. Le había dado a elegir, o se iba él o se iba ella con su familia.

        Y César, para no dar más eco a su desavenencia conyugal, había decidido irse él. Mansiones oficiales para vivir no la faltaban en Roma. Y mujeres, tampoco. Se había dicho a sí mismo que eran gajes del oficio, cargas del cargo. No podía pedir que su mujer comprendiera de razones de Estado que le movían. Cuando llevara a cabo su obra, cuando remodelara Roma, cuando hiciera de ella el mayor Imperio del mundo en que vivían, sus contemporáneos y la Historia le darían la razón: Había acertado en sus actuaciones y sus logros perdurarían por siglos.

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El Foro Romano hoy

Egipto Antiguo 175 César y los piratas

(Fuente: Historia de la Humanidad, Tomo 10. Roma Republicana. J. M. Roldán et alia. Arlanza Ediciones, S.A. 2.000)

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        Entretanto, debía aceptar la postura de Calpurnia. No sentía rencor hacia ella. Simplemente, era una mujer y daba importancia sólo a lo que sentía su corazón. Las dos veces que intentó explicarle sus motivos, ella le rechazó, gritando primero y llorando después, casi enseguida. Comprobó que ella ni siquiera llegó a oír sus argumentos. En cuanto en su argumentación nombró a la Reina de Egipto (se guardó de llamarla por su nombre), ella se soliviantó y le impidió seguir, echándole en cara su desvergüenza y muchas cosas más. Comprendió que no había diálogo posible. Por eso, dio la partida por perdida y salió del que había sido su hogar. Mandó a recoger sus cosas a un liberto, con dos carretas y varios esclavos porteadores.

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Cabeza de mujer. Museo Capitolino. Roma

Egipto Antiguo 175 César y los piratas

(Fuente: Historia de la Humanidad, Tomo 10. Roma Republicana. J. M. Roldán et alia. Arlanza Ediciones, S.A. 2.000)

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        Prescindir de su mujer no le supondría mayor trastorno. César recordó su intrincado pasado sentimental. Habría que decir más bien sexual. La única mujer de su vida fue su primera esposa, Cornelia Cinna. Eran otros tiempos y era otro Julio César, más joven, más ingenuo, más inconsciente. Se enamoró de ella desde el primer día. Cornelia tenía todos los atractivos que el Julio César casi adolescente podía valorar.

        Era hermosa, de ojos claros que miraban fijamente, y resultaba imposible separar la mirada de aquellos ojos. Sus ojos le cautivaron. Y su boca, pequeña y siempre con un rictus amable. Su voz era dulce, cálida, acariciaba. Cuando se unieron por primera vez, meses antes del compromiso formal ante la familia, César comprobó que su cuerpo era perfecto, delicado, ágil. y que ella se entregaba a él con toda la ternura que había recibido de niño de su madre, Aurelia.

        Él tenía 17 años y ella, sólo 15. Su matrimonio había durado catorce años, hasta que él tuvo 31. Fue antes de partir para Hispania, como proprétor de la Hispania Ulterior, la más alejada de Roma, cuando ella, enfermó de unas fiebres a finales del verano y al principio del otoño falleció. Fueron años felices, aunque su vida fue ajetreada y no exenta de disgustos y adversidades.

  

Mausoleo de los Haterii. Museo Gregoriano Profano. Vaticano

Egipto Antiguo 175 César y los piratas

(Fuente: Historia de la Humanidad, Tomo 10. Roma Republicana. J. M. Roldán et alia. Arlanza Ediciones, S.A. 2.000)

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        Primero fue Sila, el dictador, para escapar del cual tuvo que exilarse. Luego su aventura en Bitinia, lejos del hogar y de su amada Cornelia. Por fin, el año 78 pudo regresar a Roma a la muerte de Sila. Fue un retorno feliz, con ella esperándole con los brazos abiertos. Entonces tuvieron a Julia, la hija adorada y esperada. Aunque César hubiera preferido que fuera un varón.

        No sólo tuvieron que soportar, tan jóvenes e inexpertos como eran, el exilio. En su viaje a Rodas, para aprender la Retórica que preveía que necesitaría en su carrera política, fue raptado por unos piratas, que lo llevaron a su guarida, en una pequeña isla al Oeste de Rodas, de nombre Calcia. Su familia pagó el rescato, pero César no quiso abandonar el Egeo sin ajustar cuentas con los piratas. Y había decidido que mejor antes que después, no fuera que los piratas cambiaran su escondite. Ya liberado, pidió dinero a su tío, Aurelio Cota, miembro del Colegio de Pontífices. Éste habló con su banquero y mandó una fuerte suma de dinero a través de un banquero de Rodas.

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Bajorrelieve de mujer en el tocador con una esclava. Cartago, Tunicia

Egipto Antiguo 175 César y los piratas

(Fuente: Historia de la Humanidad, Tomo 10. Roma Republicana. J. M. Roldán et alia. Arlanza Ediciones, S.A. 2.000)

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        Con ese dinero César reclutó a cincuenta mercenarios. Los piratas eran sólo 25 y tenían una nave, vieja y destartalada, con la que patrullaban el Egeo, sobre todo las inmediaciones de Rodas. Compró también dos naves, gobernadas por marinos de Rodas. Y con sus cincuenta mercenarios en ellas se dirigió a la guarida de los piratas. A la llegada, hecha con todo tipo de precauciones, los piratas no estaban en las chabolas que les servían de refugio. Los esperaron una semana. Al cabo llegaron, sin botín esta vez. Ahogaron su frustración en vino y luego durmieron la borrachera. No pusieron centinelas. Ellos eran los predadores.

        Eso facilitó las cosas y los mercenarios de César pudieron reducirles si apenas bajas. Sólo uno de ellos fue herido de gravedad en la lucha, muriendo poco después, en el viaje de regreso a Mileto. Podían haber ido a Lindus, Cameirus o Lalysus, en Rodas, pero los magistrado de Rodas eran muy poco rigurosos con los piratas. Muchos habitantes de Rodas ejercían la piratería. De modo permanente, algunos; y en épocas de poco trabajo en el campo, la mayoría. Por eso llevaron a sus prisioneros a Mileto, donde las autoridades eran implacables con los piratas capturados. Todo ellos fueron crucificados en las afueras de Mileto, junto a la calzada de Latmos, para escarmiento de vecinos y viajeros. César, calmada su sed de venganza, pudo empezar sus clases de Retórica con Apolonio de Molón en Lindus.

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Moneda con alusión a los idus de Marzo, mes de Marte

Egipto Antiguo 175 César y los piratas

(Fuente: Historia de la Humanidad, Tomo 11. Roma Imperial. María José Hidalgo et alia. Arlanza Ediciones, S.A. 2.000)

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Enlace con el próximo día: Egipto antiguo 176. Sus dos primeras esposas y más cosas.

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        Fernando Conde Torrens es autor de «Simón, opera magna», «El Grupo de Jerusalén», «La Salud» y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En http://sofiaoriginals.com expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano.

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